AGRICULTURA-KENIA: Invernaderos contra el efecto invernadero

Ruth Muriuki llega siempre al mercado de Gakoromone, en Meru, Provincia Oriental de Kenia, conduciendo su camioneta repleta de tomates y repollos que pudo cultivar pese a la escasez de lluvias. Se vale de un invernadero que adquirió con microcréditos.

"Un paquete de 10 tomates, que hace tres meses costaban 40 chelines (50 centavos de dólar), ahora valen el doble. Pero no tenemos alternativa", dijo David Njogu, vendedor de verduras en este mercado al aire libre.

Muriuki ofrece un repollo grande a 1,50 dólares, cuando hace tres meses costaba 50 centavos de dólar.

Los precios de los productos hortícolas se dispararon en los últimos tres meses en Kenia, debido a que las lluvias que se esperaban entre octubre y diciembre del año pasado fueron escasas y la producción se vio afectada.

Ahora varios agricultores optan por cultivar en invernaderos para quedar a merced de los efectos del cambio climático, y cuentan con apoyo financiero de instituciones de microcréditos.
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En los invernaderos, cuyas paredes y techo generalmente son de vidrio o plástico transparente, la temperatura y la humedad pueden ser controladas, lo que permite a los granjeros cultivar todo el año.

Sarah Chebet, de las colinas de Nandi, en la Provincia de Rift Valley, describió su experiencia de dos años con este nuevo sistema como "un sueño hecho realidad".

"Compré mi invernadero con un crédito ofrecido por una institución local de microfinanzas. En los últimos dos años pude comprar una máquina de molienda, instalé un puesto de venta y adquirí dos vacas lecheras y 400 kilos de maíz, que intento vender una vez que los precios aumenten", dijo esta mujer de 28 años, con un hijo a cargo.

En un solo invernadero recolecta un promedio de cuatro cajones de tomates por semana, que le generan unos 100 dólares de ingresos.

Las colinas de Nandi constituyen una de las regiones secas del país.

"Nuestro niño todavía es pequeño, y por eso estoy invirtiendo en este negocio, para poder estabilizar mi nivel de ingresos antes de que él comience la escuela", explicó Chebet. Su esposo está a cargo de otros proyectos agrícolas en su tierra de dos hectáreas.

La compañía Amiran Kenya Ltd. Vendió más de 2.300 invernaderos en todo el país en los últimos dos años, informó su encargado de proyectos, Silas Tuewi. "La mayoría fueron comprados a través de instituciones de microcrédito dirigidas a mujeres, jóvenes y centros educativos", señaló.

"Casi la mitad de los invernaderos son propiedad de mujeres", apuntó.

Amiran es una de las mayores firmas hortícolas en Kenia, y se especializa en la construcción de invernaderos. Pero algunos granjeros apelan a constructores independientes.

"Para alcanzar a la mayor cantidad de productores posible, firmamos un acuerdo con tres instituciones bancarias: el Fondo Financiero para Mujeres Kenianas, el Banco Equidad y el Banco Cooperativo de Kenia", señaló Tuewi.

Por su parte, la Compañía de Seguros CIC ofrece cobertura para invernaderos construidos por profesionales, en caso de que se incendien, se vean dañados por vientos fuertes o sean destruidos por algún otro desastre natural.

"Descubrí que los invernaderos y la irrigación son la forma de avanzar, porque la agricultura dependiente de la lluvia me ha hecho fracasar muchas, muchas veces, sobre todo en el pasado reciente. Las lluvias ya no son confiables", dijo Muriuki, de 64 años y con siete hijos.

En la zona de Meru, las "lluvias siempre llegan el 15 de marzo de cada año. No había duda de esto. Pero en los últimos años, la situación ha cambiado. No hay garantía de que llueva el 15 de marzo, como ocurría cuando yo era joven", contó.

En su pequeña porción de tierra, de menos de una hectárea en la aldea de Karimagachiije, Muriuki produce al menos una tonelada de verduras cada semana en su invernadero.

Ella vende sus productos en diferentes mercados en la Provincia Oriental y en la Provincia Central, ganando lo suficiente como para pagarles la educación a sus dos hijas menores. "Es mi primera oportunidad de pagar las cuotas de la universidad. Antes de que comenzara este proyecto, era solo responsabilidad de mi esposo", indicó.

Pero, al igual que Chebet, ella no tenía recursos suficientes para iniciar por sí sola su proyecto hortícola. "Hace tres años, acudí al Fondo Financiero para Mujeres Kenianas y pedí prestado 300.000 (3.750 dólares)", contó Muriuki.

El Fondo está dedicado especialmente a conceder créditos a las mujeres kenianas. Los préstamos se extienden principalmente a grupos de ayuda mutua, donde cada miembro es garantía del otro.

Hasta ahora, las instituciones de microfinanzas han apoyado a cerca de 500.000 mujeres de bajos ingresos para llevar adelante diversos emprendimientos de pequeña escala, no todos relacionados con la agricultura.

"En mi invernadero utilizo un sistema de irrigación por goteo en el que el agua es liberada a través de caños estratégicamente enterrados en el suelo, con una apertura al pie de cada planta. Esto maximiza el uso de la poca agua disponible, pues no permite que se desaproveche ni que se filtre", explicó.

El costo promedio de la construcción de un invernadero en Kenia es de entre 1.250 y 3.125 dólares, dependiendo de dónde se compren los materiales, la calidad de estos y el tamaño de la estructura.

"Nunca, en toda mi vida, pude reunir el dinero que necesitaba para un proyecto así. Pero gracias a las instituciones de microfinanzas, que se centran en los intereses de las mujeres, me convertí en una empresaria independiente en mi vejez", dijo Muriuki.

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