La shariá camina por las calles libias

La anunciada introducción de la ley islámica en la Libia posterior a Muammar Gadafi suscita todo tipo de interrogantes en la población de este país. Las mujeres, los ateos y la comunidad amazig (bereber) encabezan las críticas.

El rezo de los viernes en la Plaza de los Mártires Crédito: Karlos Zurutuza/IPS
El rezo de los viernes en la Plaza de los Mártires Crédito: Karlos Zurutuza/IPS
"La shariá (ley islámica) implica que vivamos el día a día de acuerdo a la ley de Dios, y eso es lo más natural para un musulmán", explicó Ibrahim Mashdoub, imán de la mezquita de al Garamaldi, en pleno casco antiguo de Trípoli.

A pesar de tan categórica afirmación, este líder religioso vaciló cuando las preguntas de IPS se volvieron más específicas: ¿Deberán cubrirse la cabeza las mujeres? ¿Podrán conducir? ¿Se cortará las manos a quien robe?

"Ese es uno de los problemas con la shariá: todo el mundo habla de ella, pero nadie sabe en qué consistirá realmente", se quejó Wail Mohammad, un joven tripolitano, desde una cafetería de moda a escasos 50 metros de la mezquita.

Muchos jóvenes como Mohammad difícilmente pueden ocultar su disgusto ante el relevante papel que tendría la religión en Libia a corto plazo.
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El Consejo Nacional de Transición (CNT), que guerreó desde febrero contra el régimen de Gadafi (1969-2011), asesinado el 20 de octubre, anunció tres días después que este país se regiría en el futuro por la shariá.

"¿Qué shariá vamos a escoger? ¿La de Pakistán? ¿La de Indonesia? ¿Acaso la de Irán?", se preguntó Mohammad, extraductor de inglés hoy sin trabajo.

Otros ya han hecho su elección.

Es el caso del jeque Omar Mujtar, que ejerce como máxima autoridad militar en el antiguo bastión gadafista de Bani Walid, 150 kilómetros al sureste de Trípoli.

"Todos los libios queremos una shariá como en Qatar, o en Emiratos Árabes Unidos. Eso nos dará la cohesión que el país necesita", dijo a IPS este mando militar y tribal, casi parafraseando lo que han dicho los líderes del CNT en las últimas semanas.

Sea como fuere, la shariá de Qatar –donde las mujeres pueden conducir vehículos y el consumo de alcohol tiene cierta tolerancia– parece lograr cierta aceptación.

Pero son muchas las voces que se oponen a que la futura Constitución eche raíces en el Corán.

"Desde el mismo CNT se empeñan en criminalizar a los que no somos religiosos", se quejó Abdulah Zlitani, un conocido abogado de Trípoli. "Se está lanzando un mensaje que intenta convencer a la gente de que una carta magna no islámica abolirá por ley el culto religioso y promoverá la prostitución. Es una locura", sentenció Zlitani desde su despacho en el barrio de Gargaresh, en el suroeste de la capital.

Y no son, ni mucho menos, los ateos o los agnósticos como Zlitani los únicos que abogan por una separación entre Estado y religión.

Fathi Buzajar es musulmán y preside del Congreso Amazig de Libia, una entidad que lucha por los derechos de la principal minoría de Libia, que constituye alrededor de 10 por ciento de la población.

"Separar política y religión es fundamental para poder construir un estado democrático, pero el nuevo gobierno libio parece haber descartado ya por completo dicha vía", dijo Buzajar a IPS en su residencia de Trípoli.

El líder amazig denunció asimismo que el último borrador del texto constitucional no reconoce a su pueblo ni su lengua, algo que él no se esperaba después de la brutal asimilación que Gadafi ejerció sobre los bereberes.

"No solo no somos árabes, sino que además profesamos una corriente muy moderada del Islam, la ibadí, cuyos imanes fueron casi todos ejecutados por Gadafi, por constituir nuestro culto otro símbolo identitario", sostuvo Buzajar.

Este intelectual amazig considera que la "ideología arabista-islamista importada desde el Golfo es una de las causantes históricas de la desdicha de Libia".

Renglones "prohibidos"

Probablemente sean las mujeres las que más razones tengan para temer la aún no definida, pero casi inevitable shariá.

Muchas empiezan a preguntarse incluso si habrán de "compartir" a sus maridos, tras las polémicas declaraciones del presidente del CNT, Mustafá Abdul Jalil, sobre la legalización de la poligamia.

"Abdul Jalil no para de repetir que Libia adoptará la shariá", se quejó la joven Asma Hassan, activa defensora de los derechos civiles en Trípoli. El presidente del CNT lo hizo por última vez el 12 de este mes ante la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton.

"Pero lo cierto es que esa es una decisión que ha de tomar el pueblo libio, de forma consensuada y democrática", añadió Hassan.

Que haya tantas versiones de la shariá obedece a las múltiples interpretaciones de textos y tradiciones, advirtió. Y puso un ejemplo.

"Lo que dice literalmente el Corán es que te puedes casar con dos, tres y hasta cuatro mujeres, pero a continuación añade que 'no estaría bien'. Parece que la mayoría aquí ha decidido prescindir del segundo renglón", protestó Hassan, quien lleva puesto el velo "más por discreción que por convicción".

Se materializan así otras preocupaciones sobre cuánto del pasado gadafista seguirá vivo en el futuro libio.

Al gran número de miembros del régimen de Gadafi en la actual administración se suma el papel que el Islam jugaría en la "nueva" Libia. No en vano "Dios, Muammar y Libia" era uno de los lemas más coreados en las cuatro décadas del coronel en el poder.

Aquella Libia era ya un estado islámico en el que el Islam se practicaba de forma rigurosa. No fue por puro azar que Gadafi llamó Libro Verde (el color del Islam) al volumen de lectura obligatoria que recogía su ideología.

Miedo al caos

Las elecciones constituyentes del 23 de octubre en la vecina Túnez –primer país en destapar la caja de Pandora de las revoluciones en el norte de África– pueden ser un termómetro y a la vez un catalizador de lo que ocurra en Libia. Con un 40 por ciento de los votos, la coalición islamista moderada Ennahda se hizo con el triunfo en los primeros comicios celebrados tras las revueltas.

"Probablemente, el Islam moderado sea la única posibilidad que hay en Libia de 'civilización' frente al caos", dijo a IPS el escritor y analista político Santiago Alba Rico, afincado en Túnez hace 12 años.

"Una democracia islámica en Libia sería un avance mucho más 'progresista' que la dictadura de Gadafi, y la salida más realista a la posibilidad de un enfrentamiento entre milicias", añadió Alba Rico, en referencia al desorden que reina hoy en un país donde esas facciones armadas imponen su ley.

"Se adopte o no la shariá –añadió el intelectual madrileño–, lo más deseable es que eso lo decida el pueblo libio en las urnas".

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