GHANA: Nuevas pautas para las microfinanzas

Cuando falleció su madre, Andrew Poku necesitó ayuda para pagar el funeral. Este maestro ghanés de 35 años acudió a una de las varias compañías de crédito para solicitar un préstamo de 670 dólares.

La falta de regulaciones deja a las personas a merced de los prestamistas. Crédito: Kristin Palitza/IPS
La falta de regulaciones deja a las personas a merced de los prestamistas. Crédito: Kristin Palitza/IPS
"Apelé a una de las varias empresas que tenían carteles por toda la ciudad. Ese fue uno de los más grandes errores de mi vida", dijo a IPS.

Llamó al número que vio en uno de los carteles y se reunió con el hombre de una agencia de crédito para mostrarle sus recibos de sueldo y otros documentos. Se encontraron en un puesto de comidas. Hasta donde sabe hoy Poku, la compañía ni siquiera tenía una oficina propia.

En pocos minutos todo fue resuelto. Poku firmó formularios autorizando al Contador General, donde se procesa su salario de empleado público, que dedujera mensualmente las cuotas del crédito.

El préstamo de Poku fue de 1.000 cedis ghaneses (670 dólares), y debía realizar un pago de 200 cedis cada mes, aunque también podía optar por pagar la suma entera de una sola entrega.
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"Después de cinco meses, me di cuenta de que había devuelto lo que debía pero todavía tenía que pagar más", señaló. Esto se debió a que le impusieron tasas de interés exorbitantes. Tardó 10 meses en pagar todo.

El caso de Poku es común en este país de África occidental, donde no existen leyes para regular las actividades de las compañías de microfinanzas. Como resultado, éstas se han multiplicado por todo el país. Algunas incluso exigen intereses de hasta 400 por ciento.

La única ley en práctica referida a las microfinanzas data de la época colonial, la Ordenanza de Prestamistas de Dinero, que simplemente exige a los financistas individuales registrarse ante la policía, en tanto que las compañías de crédito deben anotarse en el Registro General.

"Todo lo que tienen que hacer esas empresas es inscribirse en el Registro General y luego comenzar a operar", explicó Yvonne Quansah, del Ministerio de Finanzas.

"Luego del registro, no hay marco legal para vigilar la forma en que operan", dijo por su parte a IPS el director asistente del Banco de Ghana, Andrew Boye-Doe.

Pero el Banco acaba de desarrollar nuevas pautas para supervisar las operaciones de los prestamistas y de las compañías de crédito.

Según esas directrices, incluidas en la Ley de Instituciones Financieras No Bancarias, las actividades de los prestamistas y las compañías de microfinanzas son clasificadas en cuatro escalones de acuerdo con el capital que manejan.

Las pautas abarcan a cooperativas de ahorro (llamadas localmente "compañías susu"), prestamistas individuales y organizaciones no gubernamentales financieras, que operan fuera de la supervisión del Banco de Ghana. Se espera que esas pautas entren en vigor dentro de seis meses.

"Las compañías susu que reciben depósitos y hacen ganancias deberán tener un capital mínimo de 67.000 dólares por cada oficina, y la apertura de sucursales será sometida a superiores requisitos de capital", señalan las nuevas directrices. Con esto se busca que tengan los fondos necesarios para respaldar sus operaciones.

Los prestamistas individuales y las empresas de crédito deberán estar bajo un mismo organismo supervisor. No se les exigirá un capital mínimo, pero deberán contribuir a un fondo de seguro que será creado por ese mismo organismo.

Las pautas no mencionan expresamente las altas tasas de interés cobradas por algunos prestamistas, pero las autoridades aseguran que bastarán para poner en orden el sector y por tanto impedirán que se cometan abusos.

"La situación es compleja", dijo Clara Osei-Boateng, investigadora del Congreso de Sindicatos de Ghana, y quien ha estudiado el sector de microfinanzas y sus efectos en los trabajadores informales.

Concluyó que los solicitantes de crédito no eran los únicos que sufrían abusos, son también los prestamistas.

"Hubo casos en los que algunos de los prestatarios decoraron sus casas con artículos que pidieron prestados para poder impresionar a los operadores de crédito, y una vez que obtuvieron los préstamos se desvanecieron en el aire", indicó.

Osei-Boateng dijo que la ausencia de regulaciones es la causa de los problemas en el sector.

"Por ejemplo, el cálculo de las cuotas no está claro", dijo, añadiendo que esto dejaba a las personas a merced de los prestamistas.

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