EGIPTO: El destino de Mubarak en manos del ejército

El presidente de Egipto, Hosni Mubarak, permanecerá en el cargo el tiempo que los generales del ejército juzguen necesario para sus propios intereses.

"La única garantía de permanencia que ha tenido Mubarak hasta ahora es el respaldo del ejército", aseguró Okasha, analista del Centro de Estudios Estratégicos y Políticos Al-Ahram. "Si le quitan el apoyo, se le acaba todo", sostuvo.

El ejército es un pilar central del Estado desde que el movimiento de Oficiales Libres derrocó a la monarquía en 1952. Los cuatro presidentes desde la revolución tienen antecedentes castrenses, así como muchos gobernadores, administradores locales y directores de entes públicos.

Con casi medio millón de hombres, el ejército es una de las instituciones más poderosas de Egipto. Pero es un error considerarlo simplemente como un vasto complejo de defensa, pues tiene raíces profundas en la población activa y la economía nacional, en las obras públicas, en empresas y en la producción de todo, desde armas hasta teteras.

El ejército mantiene su apoyo a Mubarak, pese a que es reacio a reprimir las manifestaciones contra el gobierno para no manchar su imagen, cuidadosamente guardada, de protector del pueblo, según numerosos expertos.
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No hay dudas de que los generales sopesan sus opciones para decidir qué les conviene para sus intereses políticos y económicos.

"Mubarak probó que el ejército está de su lado y perdió algo de credibilidad en la calle", dijo Okasha a IPS. "Pero puede llegar a cambiar de lado si es lo que le conviene", apuntó.

El presidente tiene a su favor ciertos antecedentes militares adornados. Se entrenó como piloto de combate y fue comandante de la Fuerza Aérea en las guerras de 1967 y 1973 contra Israel.

En cambio, los posibles candidatos —el ex director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, Mohammad ElBaradei, el secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, y el líder del partido El-Ghad, Ayman Nour— son civiles con formación legal.

Por su parte, la Hermandad Musulmana, la mayor organización política de oposición, es aborrecida por los altos mandos.

"La institución militar tiene una cultura especial, sólo respeta a alguien que haya salido de sus filas", explicó Okasha. "El presidente también es el comandante en jefe y es difícil que acepte a un civil", añadió.

La falta de linaje castrense del hijo del presidente, Gamal Mubarak, de 47 años, era considerada uno de los mayores obstáculos para que haga una carrera política.

En uno de los cables diplomáticos divulgados a fines de 2010 por Wikileaks, un analista señaló que oficiales le habían dicho que el "ejército no apoya a Gamal y que ellos tomarán el poder si Mubarak muere siendo presidente".

El ministro de Defensa, Mohammad Hussein Tantawi, de 75 años, a quien oficiales jóvenes llaman el "perrito faldero de Mubarak", estaría enfermo y no tendría intenciones de ser presidente.

La embajada de Estados Unidos en El Cairo hizo en marzo de 2008 una evaluación directa de las capacidades de Tantawi antes de su visita a ese país.

"Los interlocutores de Washington deben prepararse para ver a un anciano Tantawi resistente al cambio", señaló el entonces embajador Francis J. Ricchiardone. "Él y Mubarak están concentrados en la estabilidad del régimen y en mantener el status quo hasta el final de sus días. Simplemente no tienen energía, inclinación ni visión para hacer algo diferente", añadió.

Los manifestantes trataron de ganarse a los militares. Trataron a los soldados con deferencia, les tiraron botellas de agua, alimentos y pastelitos.

"El ejército y el pueblo están unidos", cantaron los manifestantes cuando Tantawi apareció brevemente en la plaza de Tahrir la semana pasada.

Pero la gente, y los líderes de la oposición que se plegaron a la revuelta, reconocen la necesidad de preservar el prestigio y el poder militar tras la partida de Mubarak.

ElBaradei, por ejemplo, propuso que el presidente dimita y que se creé un consejo interino de tres hombres, uno de ellos militar, para que gobierne hasta las elecciones.

Las diferencias entre la cúpula militar y allegados al gobernante Partido Nacional Democrático (PND) pueden favorecer a los manifestantes.

Cuando se retiran, los generales suelen recibir grandes extensiones de tierras y cargos directivos en empresas de construcción, de energía, agrícolas y turísticas. Pero el meteórico ascenso del círculo de magnates neoliberales vinculados con Gamal Mubarak les hizo competencia y generó resentimientos en los altos mandos.

La caída del régimen puede servir para poner fin a las políticas económicas liberales y a la privatización que amenazan los intereses económicos del ejército.

Pero ¿para qué cambiarán de lado si el partido de gobierno está en decadencia y los fiscales persiguen a los magnates corruptos? La pérdida de poder del PND casi con seguridad lleve a una ampliación del peso político y económico del ejército.

Los altos mandos estarían dispuestos a reemplazar al atribulado Mubarak por el no tan asediado vicepresidente Omar Suleiman, ex general, jefe de inteligencia y allegado al presidente.

Suleiman asumió un papel más significativo el 29 de enero, cuando lo nombraron segundo en la jerarquía, en tanto Mubarak prácticamente desapareció de la escena pública.

Diplomáticos estadounidenses consideran a Suleiman como un pragmático con "visión e influencia", pero también conocen su lado oscuro, incluido su papel clave en el programa de entregas extraordinarias de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Lo más importante para el ejército es que la continua existencia del régimen con Suleiman le garantiza los 1.300 millones de dólares, al año, otorgados por Estados Unidos por concepto de asistencia militar. La ayuda está sujeta al mantenimiento de la paz con Israel.

El presidente estadounidense Barack Obama dio su visto bueno para un gobierno de transición encabezado por Suleiman. Los generales egipcios saben que las transiciones se eternizan y que las elecciones se amañan.

El ejército consolida su poder en silencio mientras siguen las negociaciones entre el régimen y la oposición.

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