«Está mal pujar como en subasta la cifra de muertos en Bosnia-Herzegovina»

Este año se cumple el 15 aniversario del fin de la guerra en Bosnia-Herzegovina, que configuró al país en dos entidades según la identidad étnica de sus habitantes, algo que a todas luces no ayuda a la reconciliación, dice Mirsad Tokaca.

Mirsad Tokaca Crédito: Vesna Peric Zimonjic/IPS
Mirsad Tokaca Crédito: Vesna Peric Zimonjic/IPS
Este país está formado por la República Srpska y la Federación Croata Musulmana.

La guerra termió con los acuerdos de paz de Daytona, en 1995. La capital había permanecido 44 meses sitiada por las fuerzas serbio-bosnias y 8.000 hombres y jóvenes musulmanes fueron asesinados cuando éstas capturaron la localidad Srebrenica, protegida por las Naciones Unidas.

Mirsad Tokaca fundó el Centro de Investigación y Documentación hace 12 años con ayuda de los países escandinavos, entre otros, en Sarajevo. La institución trata de determinar con precisión la cantidad de víctimas de la guerra entre 1992 y 1995.

Hasta ahora confirmó el fallecimiento de 97.207 personas, mediante 21 criterios de datos, incluyendo el nombre, el lugar de la muerte y las circunstancias. La cifra causó indignación entre nacionalistas y políticos bosnios musulmanes.
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Los serbio-bosnios, los croatas y, en especial, los bosnios musulmanes, insisten en que las víctimas llegan a las 400.000 personas, disputándose la simpatía y la ansiada asistencia internacional procedente de Europa y de Estados Unidos, pero también de la rica región de Medio Oriente y de las grandes naciones islámicas.

El "Libro bosnio de la muerte", publicado por el Centro en 2007, pero que se sigue presentando en distintas partes del país, señala que 60 por ciento de las personas fallecidas eran civiles y 40 por ciento soldados.

Los bosnios musulmanes representaron 83 por ciento de los civiles muertos y 50 por ciento de los uniformados. Los serbios, 10 y 36 por ciento, respectivamente, y los croatas cinco por ciento en ambas categorías. El resto fueron gitanos, judíos y otros.

La infraestructura de este país quedó destruida y dos millones de los 4,3 millones de habitantes debieron abandonar sus hogares. No se sabe cuántas personas viven ahora en Bosnia-Herzegovina ni la cantidad exacta de las fallecidas.

Tocaka recibió amenazas de muerte por su trabajo. El investigador conversó con IPS sobre su intención de romper el monopolio de la verdad para lograr una efectiva reconciliación.

IPS: ¿Cómo se le ocurrió crear el Centro de Investigación y Documentación?

MIRSAD TOKACA: Trabajé en comisiones estatales para crímenes de guerra desde 1992 y llegué a la conclusión de que lidiar con el pasado es un proceso largo. Se necesita tiempo por la naturaleza de la guerra, su gravedad, la profundidad de las heridas y las consecuencias traumáticas.

Además, la tarea debe despolitizarse al máximo, si no totalmente, democratizarse y desmonopolizarse.

IPS: ¿Por qué?

MT: Me basé en la experiencia que vivimos en la desaparecida Yugoslavia. Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la investigación de lo ocurrido fue un proceso ideológico, profundamente politizado y donde la verdad era derecho exclusivo del régimen comunista.

El objetivo no era ayudar a las víctimas, sino promover la actividad heroica del régimen.

IPS: ¿Por qué es importante el nuevo enfoque?

MT: Todo intento de construir un mito en torno a las víctimas de cada etnia y ponerlas al servicio de objetivos políticos es otro delito que se comete contra ellas.

La construcción de la memoria de una sociedad debe basarse sobre hechos reales. Teníamos una situación un tanto perversa y, con el paso de los años, las víctimas aumentaron a 300.000 o 400.000 personas.

Quisimos conservar vivo su recuerdo, crear una lista con nombres y reconstruir los hechos para lidiar realmente con lo ocurrido. Sólo se puede mirar al futuro cuando se deja atrás el pasado con la verdad.

IPS: ¿Cómo se puede lograr la reconciliación en Bosnia-Herzegovina y en la región?

MT: Es un proceso largo que abarca a varias generaciones. No es como dicen los funcionarios internacionales "siéntense, conversen y piensen en el futuro, lo lograrán en uno o dos años". Es absurdo y hasta arrogante.

Se necesita el estado de derecho, el juicio a los responsables y la educación de quienes no participaron en la violencia. Fueron funcionarios en su nombre.

Por eso lanzamos el proyecto "Relatos positivos", que recaba historias de solidaridad y ayuda mutua entre las tres comunidades, para romper el estereotipo de que fue una guerra interétnica. Después de todo, la población no es diferente, nos vemos iguales, nos vestimos de la misma forma, tenemos la misma herencia y las mismas costumbres.

IPS: Uno de los asuntos delicados es el censo, que Sarajevo sigue tratando de evitar, aun 15 años después de terminada la guerra. ¿Es por temor a que caiga la idea de un país multiétnico porque los bosnios musulmanes son casi mayoría en la capital?

MT: Siempre estuve a favor del censo porque podrían verse las verdaderas consecuencias de la limpieza étnica.

Los bosnios musulmanes, que representaban dos tercios de la población del este —ahora la República Srpska—, son menos de seis por ciento. Lo mismo ocurre con los serbios de Sarajevo.

IPS: La gente de este país está dividida por su origen étnico y todo parece estar vinculado con la representación y la proporción de cada comunidad. ¿Es una buena solución para Bosnia-Herzegovina?

MT: No me gusta estar restringido por mi origen étnico. Creo en el derecho de cada persona a gozar de los derechos humanos, seguridad, empleo que merece cada ciudadano.

Me gustaría que Bosnia-Herzegovina pertenezca a los ciudadanos que residen en su territorio, lo que es difícil de lograr en las circunstancias actuales.

Es lo que dejaron los acuerdos de Daytona, primero perteneces a tu etnia, no eres ciudadano. Los jóvenes se oponen, se sienten limitados, tienen una crisis de identidad, su comunidad no les basta.

IPS: Usted recibió amenazas de muerte por no tener una postura nacionalista. ¿Qué siente al respecto?

Cuando vives en una ciudad sitiada como Sarajevo, y afrontas la muerte a diario, comienzas a pensar de otra manera. No piensas en la muerte, sino en tus objetivos. No tengo miedo.

Está mal subastar la cantidad de muertos, que fue lo que ocurrió aquí.

A los que lo hacen les digo: "Imaginen un estadio de fútbol con 100.000 personas que no están, que murieron. Eso debe bastar para ponerse sobrio, ver el cuadro real y dejar de reclamar quién da más".

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