Superhéroes luchan contra «el mundo insano»

Luchan contra un mundo insano sin más poderes que los de la improvisación teatral. Se trata de una propuesta de intervención urbana de una universidad de esta ciudad brasileña que trabaja a partir de la figura del antihéroe.

Al grito de "Contra el mundo insano, héroes de lo cotidiano", el extraño grupo de cinco superhéroes irrumpe en una concurrida plaza y llama la atención de quienes la atraviesan apresurados. Sus alas no les ayudan a volar y sus antifaces no les otorgan una visión infrarroja, ni mucho menos.

Solo pretenden "investigar y cuestionar" al héroe cotidiano, libre de la contaminación de clichés como el del superhéroe estadounidense de las historietas, explicó a IPS Tania Alice, directora de la Escuela de Teatro de la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro (Unirío) y coreógrafa.

El colectivo ha ganado el premio nacional Funarte para las Artes Escénicas de Calle y sus planteamientos surgen en sus performances por la ciudad o mientras realizan pequeños actos heroicos cotidianos. Entre ellos, limpiar una estatua de algún héroe histórico o subir a una "favela" (barriada pobre) en uno de los cerros de Río para plantear a sus habitantes cuales son sus preocupaciones cotidianas.

En lo que Alice llama una "interferencia poética y política", el colectivo Héroes de lo Cotidiano pretende que la sociedad reencuentre o defina sus propios héroes.

"¿Que es un héroe para ti?", "¿qué hay que hacer para convertirse en un héroe?", "¿ya has tenido alguna actitud heroica?", "¿reconocerías un héroe en tu día a día?", preguntan los superhéroes a quien tiene un minuto disponible para responderles.

Las respuestas en sí suponen un paréntesis de reflexión en medio del ajetreo cotidiano. "Un héroe es alguien que ayuda a quien no tiene", respondió una mujer. "Que ayuda no sólo con dinero sino con una palabra", agregó un hombre que está a su lado.

"¿Quiénes son los villanos? Pues los políticos corruptos", respondió sin dudar otro que disfruta la plaza durante el descanso para almorzar.

"La maldad está en todas partes. Sólo se la puede combatir con la unión, que es lo que falta", comentó un vendedor ambulante.

Uno de los integrantes del colectivo, Gilson Motta, explica que la idea es despertar preguntas para que las personas busquen, identifiquen y superen por sí mismos los problemas sociales.

"Aunque llegamos como superhéroes no somos superiores a nadie ni tenemos poderes para solucionar problemas de nadie", enfatizó a IPS el actor y profesor universitario.

"No queremos hacer teatro para ver como las personas reaccionan. Lo bueno es que estamos construyendo algo juntos con ellos", acotó la directora, vestida como todos con un traje de malla colorida y ajustada, y una capa tornasolada.

La búsqueda del mal es parte de esa construcción colectiva.

Según estos superhéroes, muchos consideran que el mal está personificado en los políticos. "Pero también hay políticos buenos", dijo Motta, antes de argumentar que es parte de su labor despertar la conciencia política de las personas demostrándoles que la actividad no es mala en sí misma.

Actualmente, todo es tan complejo que cuesta identificar al villano, plantea Alice.

"¿Son las grandes corporaciones multinacionales?", ¿los que controlan el agro negocio?", "¿los que no educan?, se preguntó. "El mundo real no es como el de las historietas donde se combate a un villano que se sabe muy bien quién es. El mal es tan difuso que está en cada uno de nosotros", se lamentó Alice, nacida en Francia y quien estudió allí Letras y Artes.

Las intervenciones urbanas buscan también rescatar la memoria de la ciudad. Con baldes, agua y jabón limpian una estatua del Pedro I, emperador de Brasil desde su independencia en 1822 hasta su abdicación en 1831, mientras preguntan a la gente qué hizo para convertirse en una estatua.

"Alguien que se convierte en una estatua es porque hizo algo importante en la vida", aportó un transeúnte, intrigado por la limpieza. "No todos los que se convierten en estatua son héroes", acotó otro.

La idea de lavar estatuas, explica Motta, es "jugar un poco con la idea de limpiar la imagen de alguien" que no es precisamente un héroe.

Las reacciones del público son diversas. Desde los que ignoran a los superhéroes, incluso cuando se tienden al lado de un mendigo que duerme a la intemperie, hasta los que miran todo curiosamente, preguntan y participan.

Para llamar la atención, los superhéroes callejeros representan a los famosos superhéroes, corren y se esconden por su improvisado escenario, saltan o, simplemente, promueven la meditación colectiva.

Motta dice que no es raro que alguien les grite "vayan a trabajar vagos", pero también hay otros que se sientan a meditar con ellos. Incluso, un empleado de limpieza urbana se unió a ellos, porque consideró que realizaban "una crítica social".

Con verdaderos actos heroicos y pequeñas intervenciones solidarias en medio de una ciudad inundada ayudan a despertar la conciencia sobre los problemas ecológicos, y al infiltrase en un desfile militar cuando se conmemora la Independencia, descubren con la gente héroes más cercanos que los históricos.

"Lo que ellos realizan es una inversión de valores. Con el arte quieren mostrarnos alguna cosa", interpretó uno del espontaneo público callejero.

Llega el momento de la desaparición y lo hacen en forma tan inusitada como al llegar.

Alice, Motta y los otros tres superhéroes juntan las manos y gritan de nuevo la consigna: "Contra el mundo insano, héroes de lo cotidiano", y se alejan dando traspiés, haciendo vuelos fallidos de gallinas y tropezándose con las capas que no vuelan.

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