EEUU-IRÁN: De la diplomacia a los misiles

La estrategia de Estados Unidos hacia Irán, aún marcada por la incertidumbre, parece tomar un rumbo de choque con la expansión de su sistema antimisiles en el Golfo Pérsico o Arábigo, tras advertir a Teherán de las «consecuencias» que puede acarrearle seguir produciendo combustible nuclear.

El general David Patraeus, comandante de las fuerzas militares de Estados Unidos en Medio Oriente y Asia Meridional, declaró esta semana que su país reforzó los sistemas balísticos de tierra y mar en el Golfo y el Mediterráneo en reacción a lo que la superpotencia considera como la creciente amenaza de Irán.

Las severas declaraciones contra Irán del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en un discurso pronunciado ante ambas cámaras del Congreso legislativo de su país el 27 de enero, y el fortalecimiento de los sistemas antimisiles en Medio Oriente, se conocieron tras el fracaso de las negociaciones para que Irán ceda en su política nuclear.

Esta situación seguramente aumentará la tensión entre Irán y sus vecinos, por un lado, y entre Teherán y Washington, por el otro.

Estados Unidos instaló modernos sistemas Patriot, capaces de derribar misiles de mediano alcance, en cuatro países del Golfo: Kuwait, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Qatar y Bahrein. Irán criticó duramente la medida y acusó a Occidente de buscar la "división e inseguridad" de la región.

La medida generó interrogantes acerca de los motivos que tuvo Estados Unidos para ampliar y renovar sus sistemas de antimisiles en la zona.

"Es difícil decir si es un paso de preparación para la acción militar o esencialmente parte de la política de Estados Unidos de aislar más a Irán de los estados regionales y de hecho venderles más armas" a estos, dijo a IPS Nader Entessar, experto en Irán y presidente del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Alabama.

"Pero cada vez que se sube la apuesta así, las consecuencias son imprevisibles, aún si la intención no es necesariamente llegar a un enfrentamiento militar", dijo Entessar.

Aunque muchos en la región y en Occidente califican a Irán de "amenaza", Teherán tiene uno de los gastos militares más bajos en comparación con otros países del Golfo, como Arabia Saudita y EAU, que en los últimos dos años gastaron 25.000 millones de dólares en armas.

No obstante, Irán llevó a cabo varias pruebas misilísticas en el pasado y posee misiles que pueden llegar hasta Israel o Europa oriental.

Pero cuando se habla de la ‘amenaza iraní’, la pregunta que surge es qué tipo de amenaza representa en realidad Irán para los países de la región.

"No creo que los países del Golfo consideren en general a Irán como una amenaza militar convencional", opinó Chas Freeman, ex embajador de Washington en Arabia Saudita y ex subsecretario de Defensa para asuntos de seguridad internacional.

"La preocupación en torno a Irán tiene que ver con el prestigio político iraní", agregó.

El general Patraeus ha declarado que en la actualidad EAU, con una población de 4,5 millones, tiene la capacidad militar de anular a la fuerza aérea de Irán, con una población de 70 millones.

El prestigio político de Irán surge de sus extensos vínculos con estados y actores no estatales en la región, en particular con Líbano, Iraq y los territorios palestinos.

Más de 30 años después de la Revolución Islámica (1979) que llevó a musulmanes chiitas al poder, Irán mantiene sólidas relaciones en Medio Oriente principalmente con grupos chiitas, pero también con sunitas, como los palestinos Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) y la Yihad Islámica.

Eso preocupa profundamente a las potencias árabes sunitas de la región, como Arabia Saudita, Jordania y Egipto, pero también a Estados Unidos e Israel.

Ahora las potencias tradicionales del mundo árabe agregaron a su larga lista de quejas contra Irán lo que sostienen es el respaldo iraní a los combatientes chiitas huthi de Yemen.

Irán y Estados Unidos comparten una historia de relaciones turbulentas, especialmente desde que la Revolución Islámica derrocó en 1979 al sha Mohammed Reza Pahlavi, un fuerte aliado de Washington en la región.

La ocupación de la embajada de Estados Unidos en Teherán por estudiantes revolucionarios y la ayuda que Washington proporcionó a Sadam Hussein durante la guerra entre Iraq e Irán (1980-1988) sólo agravó la tensión entre los dos países tras la revolución.

Las autoridades iraníes han negado sistemáticamente que representen una amenaza para la región y con frecuencia acusan a Estados Unidos e Israel de vilipendiar a Irán ante sus países vecinos y el resto del mundo.

A pesar del pronunciamiento público de preocupación con respecto a las actitudes y políticas de Irán en la región, la República Islámica no tiene antecedentes de agresión contra sus vecinos. La única guerra que libró tras la revolución, con Iraq, fue iniciada por Saddam Hussein, con respaldo de Occidente.

"Irán no tiene problemas con sus vecinos y nunca ha tenido la intención de agredir a país alguno", declaró el martes el presidente del parlamento de ese país, Ali Larijani, en una reunión con el príncipe heredero de Qatar, jeque Tamin bin Hamad Al Thani.

"La teoría de política exterior del imán (Ruolá) Jomeini se basaba en la unión islámica, fortaleciendo la unidad y cooperación entre los países musulmanes, y esa es la estrategia de la República Islámica de Irán en el mundo islámico", aseguró Larijani, en referencia al líder de la revolución de 1979.

No obstante, el acontecer nacional en Irán parece haber limitado seriamente la capacidad del gobierno del presidente Mahmoud Ahmadinejad para llevar a cabo iniciativas reales. Tras las elecciones presidenciales del 12 de junio, el país experimentó multitudinarias manifestaciones contra el presunto fraude electoral.

Mientras Washington dice que no descarta ninguna opción, algunos analistas sostienen que un ataque militar sería sumamente costoso y por lo tanto improbable en un futuro inmediato.

"Aunque Washington se muestre desafiante, la amenaza de (que la economía estadounidense pueda) caer nuevamente en la recesión deja algo en claro. En lo que tiene que ver con Irán, no todas las opciones están disponibles", escribieron Henry Barkey y Uri Dadush en la publicación de política exterior The National Interest.

Toda ofensiva contra Irán dispararía los precios del petróleo posiblemente hasta los 150 dólares por barril, lo cual provocaría otra recesión de la economía internacional, afirman Barkey y Dadush, investigadores del Carnegie Endowment for International Peace (Fondo Carnegie para la Paz Internacional), con sede en Washington.

Irán reaccionaría fomentando el ataque de sus aliados libaneses y palestinos, Hezbolá (Partido de Dios) y Hamás, contra Israel, agregan. Por último, un ataque contra la República Islámica brindaría al "asediado régimen de Teherán la oportunidad de unir" a su pueblo descontento contra la agresión externa.

Mientras Irán y las potencias occidentales no lleguen a un acuerdo sobre el controvertido programa nuclear de aquél, la incertidumbre sobre cómo manejar a Teherán seguirá imperando.

Estados Unidos presiona con energía para que la comunidad internacional aplique sanciones económicas a Irán pero se enfrenta a la dura resistencia de China, que mantiene lucrativos negocios con Teherán, especialmente en el sector del petróleo y el gas.

La negativa de Irán a las condiciones propuestas por los países occidentales, aduciendo que no son justas, hizo que un decepcionado Estados Unidos adopte un tono cada vez más agresivo y un rumbo de acción que algunos sostienen recuerda a la presidencia de línea dura de George W. Bush (2001-2009).

"Volvimos a lo que intentaba hacer el gobierno de Bush, una vez más a la idea de lograr el cambio de régimen" en Irán, dijo el experto en Irán Entessar.

"De vuelta a la supremacía de los neoconservadores en el gobierno y fuera de él, que presionan a Obama. Y eso no augura nada bueno, a mi juicio, para algún tipo de avance decisivo en el futuro", comentó.

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