SALUD-SRI LANKA: Temor ante vacuna contra la rubeola

La hija adolescente de Sudarma Senevirathana está a una edad en que ya puede recibir la vacuna contra la rubeola, que los funcionarios de salud pública de Sri Lanka administran gratuitamente en las escuelas.

Pero Senevirathana se niega a someter a su hija de 12 años a la inyección. "Puede dársela cuanto esté más cerca de casarse. No quiero poner en riesgo su vida", dijo esta mujer de Kurunegala, unos 100 kilómetros al este de Colombo.

La vacuna de la rubeola se administra a niñas de entre 12 y 13 años, periodo en que según los expertos el sistema inmunológico está más fuerte para combatir cualquier infección de esta enfermedad.

La inmunización busca impedir que cuando sean madres pierdan sus hijos o estos tengan defectos de nacimiento provocados por el virus de la rubeola, que dispara la enfermedad homónima, también llamada sarampión alemán.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el síndrome de rubeola congénita es una de las principales causas de severos defectos de nacimiento. Una mujer que contrajo el virus al principio de su embarazo tiene 90 por ciento de posibilidades de transmitírselo al feto. A consecuencia, el feto o bien muere o contrae el síndrome.
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Éste causa defectos oculares, cardiacos y cerebrales.

Entre marzo y septiembre, la vacuna de la rubeola causó la muerte de dos niñas de la misma edad que la hija de Senevirathana.

Una de ellas falleció en marzo en el meridional pueblo de Matara, y la otra en septiembre en Wariyapola, cerca de la casa de Senevirathana. Las dos recibieron la inyección durante los programas de inmunización de sus escuelas.

Antes de este año, la vacunación contra la rubeola se practicaba en el marco de un programa estándar de salud pública, similar a cualquiera de los que integran las campañas de inmunización del gobierno, que han sido mayoritariamente exitosas. Pero las dos muertes debilitaron la confianza pública en estos procedimientos que de otro modo serían de rutina.

El primer fallecimiento generó una serie de investigaciones. Funcionarios de la OMS visitaron la escuela, ubicada 160 kilómetros al sur de Colombo. La organización concluyó que la vacuna cumplía con los estándares requeridos.

Funcionarios de salud pública reanudaron la inmunización en base al proyecto de la OMS. Seis meses después se reportó otra muerte, de la que también se culpó a la vacuna contra la rubeola. Desde entonces, su administración se interrumpió indefinidamente.

Un informe presentado por la Unidad de Epidemiología del Ministerio de Salud confirmó que el fallecimiento de marzo fue causado por la vacuna.

"La muerte de una niña tras (la administración de la) vacuna de la rubeola en el distrito de Matara fue identificada como una reacción" a ésta, señaló la Unidad en su Boletín Epidemiológico de abril-junio.

"Cuando falleció la primera niña hubo una investigación. Luego se dio la misma vacuna. Ahora hay una segunda muerte. Puede ser que haya dos muertes en 5.000 inyecciones, pero de todos modos son dos vidas", dijo Senevirathana.

Esta serie de acontecimientos no hizo nada para aliviar las profundas preocupaciones de padres y madres como Senevirathana. Por el contrario, sólo las intensificó.

Senevirathana dijo que sólo reconsiderará permitir que su hija sea inoculada si se importa una nueva vacuna.

Muchos otros padres han manifestado su fuerte oposición a que sus hijos sean vacunados contra la rubeola desde que se reportaron las dos muertes, dijeron directores de las escuelas.

Poco después de hacerse pública la muerte de marzo, las autoridades de Vihara Maha Devi Vidayala, una importante escuela para niñas de la capital, decidieron buscar la aprobación de los padres antes de administrar la vacuna a sus estudiantes. Pero ni un solo padre accedió a la vacunación, por lo que los vacunadores se fueron por donde vinieron, relató el director del centro educativo, Irangani Konnara.

Casi todas las escuelas han adoptado la política de administrar la vacuna solamente por aprobación escrita de los padres. Algunas han llegado a pedirles que estén presentes cuando se da la inyección a sus hijos.

Sheshala Hasnini, la niña de 12 años de Matara que falleció el 19 de marzo, fue vacunada pese a que una carta de sus padres objetaba el procedimiento, dijeron sus familiares a IPS ese mes.

Cinco días después de su muerte, se abandonó un programa público de inmunización contra la tuberculosis en una escuela de Dickwella, a unos 10 kilómetros de Matara, tras protestas de los padres.

Esto muestra que la confianza pública en los programas de inmunización del gobierno se vio severamente comprometida por los dos trágicos incidentes disparados por la vacunación.

Las autoridades escolares dicen que la confianza pública en la inmunización contra la rubeola en particular ahora está en un punto muy bajo.

En entrevistas con IPS, condenaron la falta de información sobre la vacuna, y específicamente sus beneficios, así como sus potenciales peligros. Los beneficios de la vacuna quedaron ensombrecidos por las dos muertes.

Palitha Mahipala, subdirector de salud pública en el Ministerio de Salud, se negó a hacer declaraciones sobre los últimos incidentes que involucraron a la controvertida vacuna, quedando pendiente el resultado de la investigación en curso.

Antes Mahipala dijo a la prensa que las señales de defectos de nacimiento relacionados con la rubeola a comienzos de los años 90 habían impulsado la decisión del gobierno de administrar esa vacuna en 1996.

Desde entonces, la incidencia del síndrome de rubeola congénita decayó de modo constante, señaló el Ministerio de Salud. Desde 2007, no se reportó ni un solo caso en Sri Lanka, lo que llevó al público a considerar que la vacuna era útil, hasta que se produjeron los dos fallecimientos.

"No deberíamos debilitar de ningún modo este exitoso programa debido a la controversia", dijo Mahipala, agregando que Sri Lanka tiene uno de los mejores programas públicos de inmunización en Asia.

Cada año se administran decenas de miles de vacunas contra la rubeola, según informes compilados por el Ministerio de Salud. Un total de 300.000 dosis de este antídoto, inoculadas en marzo, fueron importadas de un fabricante indio, y desde octubre de 2008 —cuando ocurrió la primera muerte— se usaron 250.000 dosis.

Senevirathana y muchos otros padres y madres reclaman que el gobierno confirme la seguridad de la vacuna antes de permitir su uso. Sólo entonces recuperarán la confianza en ese medicamento, dijeron.

"Sólo lo reconsideraré cuando sepamos con seguridad que las vacunas que causaron las muertes (de las dos niñas) han sido suspendidas de modo permanente y que una nueva" se está usando en su lugar, afirmó.

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