SALUD-MOZAMBIQUE: Salvando madres

En la noroccidental provincia mozambiqueña de Niassa, una médica inglesa trabaja denodadamente con las propias comunidades locales para reducir la mortalidad materna.

Peg Cumberland, delgada pero llena de energía, ejerce su profesión en Mozambique desde hace 13 años. Llegó a la región de Niassa en 2004, cuando se enteró de que la comunidad necesitaba asistencia.

Desde entonces ha capacitado a unos 400 habitantes de este sudoriental país sudafricano en materia de atención a la salud. De esa cantidad, apenas ocho son personal pago. El resto son voluntarios.

"Durante los primeros dos años no tuve una casa. Simplemente llevaba mi mochila y viajaba a pie por las comunidades, quedándome en las casas de los lugareños y empleando mucho tiempo para hablar con los líderes tradicionales", relató Cumberland.

"Empecé por determinar qué era lo que la gente quería que ocurriera y cómo podíamos trabajar juntos, pero dejé en claro que, primero, yo no suministro medicamentos, que tenemos que obtenerlos del gobierno. Y segundo, que no puedo pagarles" a quienes colaboran, explicó.
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Cada año mueren más de 500.000 mujeres durante el embarazo y el parto en todo el mundo. Esta cifra ha disminuido menos de uno por ciento anual desde 1990.

Alrededor de 99 por ciento de estas mujeres viven en países en desarrollo, y aproximadamente la mitad en África subsahariana.

En 2000, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) definió ocho Objetivos de Desarrollo para el Milenio. Posiblemente, uno de los más ambiciosos —y el que avanza menos— sea el que aspira a reducir en tres cuartas partes la mortalidad materna para 2015, en relación a los registros de 1990.

Esto requiere una disminución de 5,5 por ciento cada año, lo que podría alcanzarse fácilmente si todos los nacimientos fueran asistidos por parteras y trabajadores de la salud calificados, enfermeros o médicos.

Sin embargo, en el mundo en desarrollo apenas 59 por ciento de los partos son asistidos por profesionales.

Las mujeres de comunidades rurales pobres son las que corren más riesgos. Al haber mucha distancia entre sus hogares y los centros de salud, la mayoría de las que padecen complicaciones durante el alumbramiento fallecen antes de conseguir ayuda.

Cumberland y su equipo trabajan con 43 comunidades a lo largo de 143 kilómetros de costa lacustre, y en las montañas a unas tres o cuatro horas de caminata desde el lago.

"A la mayoría de las comunidades solamente se puede llegar a pie o en bote. A algunas de ellas, en el sur, se puede acceder ocasionalmente en automóvil", dijo la médica.

ATENCIÓN TEMPRANA

Unas 25 personas caminaron durante dos días para congregarse en la única sala utilizada para la capacitación en el noroccidental pueblito de Cobue. Allí se desarrollan las clases impartidas por Cumberland.

"Antes que el proyecto comenzara, la gente caminaba muchos kilómetros, a veces durante hasta tres días. Pero ahora, a raíz de los puestos (centros de salud ubicados en puntos apartados y administrados principalmente por voluntarios), eso ya no es necesario", dijo Pedro Engalamau, uno de los participantes.

Desde que Cumberland empezó a educar a parteras tradicionales y a voluntarios en las comunidades sobre cómo identificar problemas en forma temprana y remitir a las mujeres a los puestos o a clínicas, se produjo una disminución significativa de las muertes maternas en la región.

"Para obtener estadísticas sobre mortalidad materna se necesita una enorme cantidad de datos. Y no los tenemos, así que no creo que podamos demostrar esa reducción estadísticamente. Pero a modo de anécdota, según lo que dicen las comunidades, se produjo una gran reducción, y en lo que va del año no hemos tenido muertes maternas", dijo Cumberland.

MORIR SIN SABER POR QUÉ

En el pasado, la falta de educación en áreas alejadas hacía que la mayoría de la población recurriera a sanadores tradicionales.

"Antes que comenzara el proyecto, la gente se moría sin saber por qué", dijo Jordan Baltazarsambau, voluntario en el proyecto de Cumberland.

Su propia cuñada falleció. "La primera vez que dio a luz tuvo que ser sometida a una cesárea, y la segunda vez que quedó embarazada no estaba segura de necesitar ir al hospital, así que acudió a un curandero tradicional que le dijo que estaría bien", dijo.

"Pero cuando llegó el momento del parto, hubo problemas graves y ella murió. Ahora, las parteras saben derivar un caso como ése", añadió.

Según la creencia tradicional, el alumbramiento se complica cuando la mujer está en conflicto con alguien de la comunidad. Y para que su trabajo de parto avance, esa persona tiene que presentarse a su lado, enjuagarse la boca con agua y luego escupirla sobre el abdomen de la mujer.

"Así que necesitamos contactar a la persona, que tiene que venir aquí y hacer el ritual en la clínica, para que podamos respetar la tradición mientras brindamos los cuidados obstétricos adecuados", dijo Cumberland.

La violación de los derechos de las mujeres, a las que se las considera a veces personas de segunda clase, es otra causa de mortalidad materna en el Sur en desarrollo, aunque Cumberland no consideró esto el principal problema.

"Lo que se necesita realmente es un acceso razonable a los servicios de salud. También necesitamos un nivel bastante alto de estos, para practicar cesáreas y transfusiones, pero pienso que estamos muy lejos de poder hacerlo en el área. Así que es mucho lo que depende de mejorar la infraestructura básica", dijo.

El hospital más cercano donde están disponibles estos servicios se encuentra en la isla de Likoma.

"Es difícil lograr que transfieran a una paciente a la isla. Eso puede insumir dos o tres días de viaje. Y en canoa no es más rápido", señaló Cumberland.

"Lo que enlentece esa transferencia no es que los hombres obstruyan el paso de las mujeres, sino que lo obstruyan las mujeres mayores, en base a las creencias tradicionales", agregó.

UNA HISTORIA EXITOSA

Sin embargo, pese al limitado acceso a los recursos, una población dispersa y un financiamiento mínimo en la región, proyectos como el de Cumberland deberían considerarse exitosos.

Esta médica y su equipo están logrando avances, no sólo en la reducción de la mortalidad materna en Mozambique, sino también en la lucha contra el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) y el paludismo en el área.

Proyectos como éste, junto con los logros del gobierno en materia de infraestructura y recursos, pueden terminar garantizando que la mayoría de los partos sean atendidos por trabajadores calificados, volviendo mucho más alcanzable el Objetivo del Milenio sobre mortalidad materna.

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