CAMBIO CLIMÁTICO: El G-8 y el arte de no comprometerse

El resultado de un foro organizado en el marco de la cumbre del Grupo de los Ocho (G-8) países más poderosos no augura nada bueno para la conferencia de las Naciones Unidas que debería alcanzar en diciembre un acuerdo internacional sobre cambio climático en la ciudad de Copenhague.

La cumbre de tres días del G-8 termina este viernes en la central ciudad italiana de L’Aquila.

La declaración final del Foro de las Mayores Economías sobre Energía y Clima, divulgada el jueves, fue puro texto, sin cifras. Tampoco tenía promesas ni requisitos para nadie sobre cantidad de emisiones de gases invernadero permitidas ni sobre plazos. En cuanto la discusión se torna cuantitativa toda posibilidad de acuerdo queda truncada.

El Foro es una de las instancias más representativas de la comunidad internacional. Participaron los integrantes del G-8 —Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia—, las cinco potencias emergentes —Brasil, China, India, México y Sudáfrica—, y Australia, Corea del Sur, Indonesia y la Unión Europea (UE).

Son los actores más decisivos que nunca pueden ponerse de acuerdo en ninguna de las negociaciones sobre cambio climático. Y ésta no fue la excepción.
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Las naciones industrializadas presionaron para identificar objetivos concretos discutidos en cumbres anteriores, a saber, que los países en desarrollo se fijen metas cuantitativas para reducir sus emisiones de gases invernadero para 2050 o que se comprometan a tomar las medidas necesarias para evitar que la temperatura global del planeta suba más de dos grados este siglo.

Las naciones en desarrollo plantearon objetivos para 2020. Primero, arguyeron, los países industrializados deben comprometerse, y llevar a cabo, la reducción de 40 por ciento de sus emisiones para ese año, en relación con las cantidades registradas en 1990. Estados Unidos prometió una disminución de 17 por ciento, pero respecto de sus volúmenes de contaminación de 2005.

En la mesa de negociaciones, esas posiciones están tan alejadas como el polo Sur y el Norte. Es evidente que el clima está cambando bastante más que las posturas sobre el cambio climático.

El no acuerdo brilló en la declaración final del Foro de las Mayores Economías. Lo máximo que reconoce el documento son algunos principios para sostener las negociaciones, o para sostener el fracaso de las mismas.

Para contener el cambio climático debe "respetarse el desarrollo social y económico de las naciones en desarrollo", reza la declaración.

También se aseguró que los países industrializados mantuvieran su adhesión al principio de responsabilidades compartidas pero diferenciadas, lo que presagia largas discusiones sobre la precisión de los términos para no comprometerse con objetivos concretos.

Las diferencias en el Foro, que se trasladarán a la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, se concentraron sobre el grado en que deben diferenciarse esas responsabilidades. La distancia entre las posiciones fue enorme, cuando no falta mucho para la reunión de diciembre.

El acuerdo versó sobre "acciones nacionales de mitigación adecuadas" que puedan ser "medidas de forma viable, difundidas y verificadas". Quién sabe qué es adecuado para cada país. Si se quedan cortos, no importa. Tampoco hay una sola palabra sobre qué pasa en ese caso.

Las naciones en desarrollo "tomarán acciones sin demora que incidirán en las emisiones y representarán una desviación significativa a mediano plazo de lo hecho hasta ahora en materia de desarrollo sostenible, con respaldo financiero, tecnológico y para la creación de capacidades", señala el documento.

El punto más alto de la contaminación debe presentarse "lo antes posible", añade, y reconoce que el "plazo para que las naciones en desarrollo alcancen su máximo demorará más teniendo en cuenta que el desarrollo social y económico y la erradicación de la pobreza son las prioridades para esos países".

Los 17 actores "reconocen la visión científica" de que el aumento de temperatura debe ser menor a dos grados e "identificarán un objetivo global" para "reducir las emisiones en el mundo para 2050".

El mundo espera sin mucha expectativa.

El argumento de que los gases invernadero que agravan el recalentamiento planetario y causan el cambio climático proceden sobre todo de los países industriales y por tanto ellos deben pagar por sus pecados, tiene su lógica. Y también tiene lógica que un acuerdo internacional no puede obligar a miles de millones de personas a seguir siendo pobres porque las ricas no hicieron lo que tenían que hacer cuando debían hacerlo.

Pero un buen argumento no basta para conseguir buenos resultados.

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