BOSNIA-HERZEGOVINA: La difícil paz interior

Bosnia-Herzegovina, república balcánica que vivió hace 15 años una violenta guerra civil, ha hecho muy poco por la reconciliación entre sus etnias, más allá de esporádicas iniciativas de la sociedad civil.

Actualmente, el país se divide en dos entidades confederadas: la República Serbia de Bosnia (Republika Srpska) y la Federación Croato-Musulmana.

Ese sistema institucional es el resultado de la guerra civil que tuvo lugar entre 1992 y 1995 entre serbios, croatas y bosnios musulmanes, en la que murieron alrededor de 100.000 personas y que formó parte de los conflictos secesionistas de la antigua federación de Yugoslavia.

Aunque habían vivido en armonía durante décadas, los políticos han descubierto la utilidad de las diferencias étnicas para atraer votos. Los imperativos étnicos han dominado la actividad estatal desde el fin de la guerra.

Una encuesta de 2003 indicaba que 37 por ciento de los consultados nunca o rara vez tenían contacto con integrantes de otras etnias, mientras que 75 por ciento no confiaban en personas que no pertenecieran a su etnia
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La mayoría de los ciudadanos bosnios no aceptaría que un miembro de su familia se casara con alguien de otra comunidad.

Los partidos políticos son liderados por las mismas elites religiosas, políticas e intelectuales que estuvieron comprometidas en la guerra, y representan estrictamente las divisiones étnicas existentes, registrándose pocos votos cruzados.

"Es difícil vivir en un país con historias y verdades diferentes. Hay cierta mezcla, pero todavía somos una sociedad escindida, mucho más que en el pasado", dijo a IPS Emir Kovacevic, coordinador del Consejo Interreligioso de Bosnia-Herzegovina, una organización que promueve el debate entre las comunidades de creyentes nacionales.

"Muchas personas no consideran necesaria una reconciliación, y la gente reacciona a las discusiones de modo muy exaltado", agregó.

Las iniciativas de la sociedad civil son poco populares, y sus actores, a menudo divididos según criterios étnicos, responden más a los donantes internacionales y a sus prioridades que a las necesidades del país.

"La reconciliación será un largo proceso, pero todavía no comenzó un esfuerzo serio; los proyectos no tienen ningún impacto en la sociedad. El gobierno debería iniciar el camino, y entonces deberían participar otros sectores, entre ellos las comunidades religiosas", sostuvo Kovacevic.

Hoy en día, las ideas de tolerancia religiosa son consideradas ingenuas e idealistas, y los líderes religiosos a menudo juegan un papel que alienta las divisiones.

Aunque constitucionalmente Bosnia-Herzegovina es un Estado laico, las comunidades musulmana, ortodoxa cristiana y católica todavía ejercen una fuerte influencia en la política, apoyando a los candidatos que las representan.

"Uno ve líderes religiosos promoviendo a algunos partidos políticos. Hay partidos que brindan apoyo financiero a las comunidades religiosas", dijo Kovacevic.

Persiste, además la espinosa cuestión de los criminales de guerra, "a quienes los líderes religiosos no condenan claramente ni de quienes se distancian. En algunas celebraciones se exhiben afiches de criminales de guerra. Es una enorme decepción para el país, que daña a las comunidades religiosas".

Aunque la mayoría de los partidos señalan los crímenes de guerra cometidos por otros mientras ocultan los propios, se han dado algunos pasos alentadores. En 2004, Dragan Cavic, ex presidente de la República Serbia de Bosnia (2002-2006), reconoció crímenes de guerra cometidos por la minoría serbia en Srebrenica.

Esa oriental localidad bosnia vivió la masacre de 8.000 niños y hombres musulmanes el 11 de julio de 1995.

Las divisiones se sienten en todas las esferas del país. Las designaciones en las instituciones estatales a menudo se guían por consideraciones étnicas, y prácticamente no hay coaliciones partidarias interétnicas.

Los medios de comunicación, divididos estrictamente según parámetros étnicos, de bajo nivel profesional y controlados por el poder político, también han alimentado la división entre comunidades.

La educación refleja esas mismas fracturas: hay 14 ministerios distintos para abordar un sistema educativo que continúa reproduciendo mitos nacionalistas.

La exclusión se manifiesta en la elección de los libros de estudio en las escuelas, y afecta particularmente al pueblo roma (gitano). Sólo 15 por ciento de los menores de esta etnia asisten a los establecimientos escolares.

"Tenemos un problema serio con las escuelas: hay una estricta división de los escolares. Si en el aula está representada la sociedad, eso es una buena educación. Pero a menudo hay dos escuelas bajo un mismo techo, cada una con su propio idioma, historia y cultura", describió Kovacevic.

Durante la guerra, la mayoría de los serbo-bosnios y croatas bosnios querían escindirse de Bosnia, pero hoy ningún grupo étnico comparte ese objetivo.

La mayoría de los bosnios musulmanes prefieren un Estado unitario con un fuerte gobierno central, mientras los serbios tienden a no identificarse con el Estado de Bosnia-Herzegovina y presionan para una mayor autonomía.

Los bosnios musulmanes tienden a considerar ilegítima a la Republika Srpska. El jefe de la comunidad islámica, Mustafa Ceric, llegó a exigir que Bosnia se convirtiera en una nación-Estado sólo para la mayoría bosnia musulmana.

Por otro lado, la declaración unilateral de independencia de la ex provincia autónoma serbia de Kosovo, el 17 de febrero de 2008, provocó alboroto en la Republika Srpska, cuyo primer ministro Milorad Dodik sugirió hacer un referendo sobre la independencia de esa entidad.

Con todo, han disminuido las marchas de nacionalistas radicales y sus ataques a repatriados, iglesias y mezquitas.

La violencia interétnica se canaliza especialmente a través de los partidos de fútbol.

Muchos refugiados retornaron, y la proporción de gente que teme una nueva guerra se redujo de 40 por ciento en 2000 a 23 por ciento en 2006.

Prácticamente todos los refugiados de guerra han concluido sus demandas para la restitución de sus propiedades, aunque en muchos casos las autoridades locales obstaculizan su devolución real.

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