UN NUEVO ORDEN AGRÍCOLA MUNDIAL PARA ERRADICAR EL HAMBRE

El Foro Mundial sobre Cereales, que se realizó en San Petersburgo el 6 y el 7 de junio, forma parte de una serie de reuniones de alto nivel dedicadas este año a la agricultura y la alimentación. Estos eventos -que incluyen la reunión de ministros de agricultura del G8, celebrada en Treviso (Italia) el pasado mes de abril, y la conferencia sobre Cómo alimentar al planeta en 2050, promovida por la FAO que tendrá lugar el próximo octubre en Roma-, nos recuerdan el gran impulso que se está dando a la resolución de cuestiones destacadas de inseguridad alimentaria y al establecimiento de un nuevo orden agrícola que pueda finalmente garantizar que todos los habitantes del planeta tengan comida suficiente.

A pesar del rápido incremento de la población, que se espera alcance los 9.000 millones en 2050 no obstante el avance del cambio climático, que amenaza a los recursos hídricos y del suelo en muchas partes del mundo, este planeta tiene la capacidad de producir alimentos suficientes para todos sus habitantes.

Y sin embargo, el hambre está aumentando: casi mil millones de personas -una de cada seis- sufren esta plaga. Esta cifra significa cerca de 160 millones más que en 1990-92, el período en el que se basó la Cumbre Mundial sobre la Alimentación para establecer su objetivo de reducir la cifra de hambrientos a la mitad. Se trata de un incremento cercano al 20 por ciento.

La mayor parte de este incremento se debe al alza de los precios alimentarios, que aumentaron casi un 60 por ciento entre 2006 y 2008, mientras los precios de los cereales se doblaron. Al mismo tiempo, la actual crisis económica mundial contribuye también de forma significativa a una mayor pobreza y hambre en todo el mundo. Cálculos preliminares indican que más de 100 millones de personas podrían verse arrastradas hacia el hambre como consecuencia de la crisis económica y financiera.

Estas convulsiones tienen lugar en un marco mundial muy diferente al de hace tan solo unos años. Hemos pasado de décadas de alimentos baratos a un período de precios altos y volátiles. Algo que también es significativo para la agricultura es el surgimiento de importantes nuevos actores, incluida Rusia, la cual ha pasado de ser un gran importador de granos a producir tanto trigo como Estados Unidos, convirtiéndose en el cuarto exportador de cereales a nivel mundial.

Todo ello hace aún más importante que actuemos ahora para reforzar nuestra seguridad alimentaria colectiva. O nos arriesgamos a una nueva crisis alimentaria en el futuro, potencialmente más dramática.

Los cereales suponen el alimento básico para gran parte de la población mundial, y por ello son fundamentales en cualquier reforma de la producción y del sistema comercial de alimentos a nivel global. Ahí radica la importancia de la reunión de San Petersburgo, la cual consideró algunos de los temas a continuación.

Es necesario poner en marcha o reforzar medidas para reducir los efectos negativos de las fluctuaciones en el suministro de cereales. Y para prevenir el impacto provocado por el alza repentino de los precios puede resultar muy útil una combinación de estrategias de gestión de riesgos, mejores herramientas financieras, mecanismos de reacción temprana y una ayuda alimentaria más eficaz en situaciones de crisis.

También hace falta revisar el papel de las reservas de alimentos -que cayeron a niveles históricamente bajos- para ayudar a estabilizar los precios y proporcionar un colchón frente a las malas cosechas. La lección que hemos aprendido es que debemos evaluar cuidadosamente la importancia de las reservas y cómo tienen que ser administradas en el contexto de la seguridad alimentaria a nivel nacional y mundial.

De forma similar, son necesarias reglas comerciales más eficaces y equitativas que estimulen mayores intercambios a nivel mundial, al tiempo que se pone fin a las políticas que distorsionan el comercio. Los subsidios a la producción en los países ricos distorsionan y desincentivan el mercado, desanimando a muchos países en desarrollo a invertir en su propia agricultura. Las restricciones a la exportación y los aranceles pueden ser una solución a nivel local, pero contribuyen a la escalada de precios en los mercados mundiales.

En este contexto, es esencial que concluyan con éxito las negociaciones comerciales mundiales de la Ronda de Doha. Sin este resultado, continuarán muchas de las distorsiones y desequilibrios del pasado, sentando las bases para futuras crisis. Para garantizar la seguridad alimentaria, es importante que los campesinos, tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados tengan ingresos comparables a los que obtienen los trabajadores de los sectores secundario y terciario en sus respectivos países, utilizando medidas de apoyo que eviten las distorsiones.

Impulsar la inversión en agricultura en los países en desarrollo ­como pedía la Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial que organizó la FAO en Roma hace un año-, es clave para alcanzar una seguridad alimentaria sostenible en el mundo.

Quiero ser optimista y creo que el impulso hacia el cambio que vivimos actualmente conducirá pronto a acciones concretas y eficaces que conviertan al hambre en algo del pasado. Están en juego la paz y la seguridad en el mundo. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Jacques Diouf es el Director General de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO).

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