MAS RETROCESOS QUE PROGRESOS EN RELACIÓN AL ARMAMENTISMO NUCLEAR

Uno de los problemas más urgentes del mundo actual es el peligro que corre la humanidad debido a las armas nucleares. La inesperada prueba atómica efectuada por Corea del Norte el 25 de mayo y el lanzamiento de una serie de misiles de corto alcance es el último y aterrador aviso al respecto.

Veinte años después del fin de la Guerra Fría las potencias nucleares todavía almacenan miles de armas y el mundo emcara la real posibilidad de una nueva carrera armamentista.

Todo lo alcanzado hasta ahora en materia de desarme nuclear son los acuerdos firmados a fines de los años 80 y a principios de los 90: el tratado sobre las Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) de 1987, que eliminó dos clases de misiles nucleares, y el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) de 1991, que logró los mayores recortes de armas atómicas jamás conseguidos. Miles de armas nucleares tácticas fueron destruidas en cumplimiento del acuerdo estadounidense-soviético.

Posteriormente, el ritmo de la reducción de armas atómicas se hizo más lento y los mecanismos de control se debilitaron. El Tratado de Prohibición Completa de Pruebas Nucleares (CTBT) no ha entrado en vigor. Las cantidades de armas nucleares poseídas por Rusia y por Estados Unidos todavía superan ampliamente a las de las otras potencias nucleares, lo que hace más difícil conducir a estas últimas hacia el proceso de desarme.

El régimen de no proliferación nuclear está en peligro. Pese a que las dos principales potencias nucleares tienen la mayor responsabilidad por esta situación, Estados Unidos procedió a abrogar el tratado sobre la limitación de Misiles Antibalísticos (ABM), no ratificó el CTBT y se rehusó a concluir con Rusia un tratado legalmente vinculante sobre armas estratégicas.

Sólo recientemente hemos visto indicaciones de que las principales potencias atómicas comprenden que la actual situación es insostenible. Los presidentes de Estados Unidos y Rusia han acordado concluir antes de fines de este año un tratado de reducción verificable de armas estratégicas y han reafirmado el compromiso de sus respectivos países de cumplir sus obligaciones con el tratado de no proliferación. Su declaración conjunta exhorta a dar una serie de otros pasos para reducir los peligros nucleares, incluyendo la ratificación del CTBT por parte de Estados Unidos.

Esos son pasos positivos. Pero los problemas y peligros superan ampliamente a los logros. La causa fundamental es la errónea evaluación de los hechos que condujeron al fin de la Guerra Fría: Estados Unidos y otros países vieron esos acontecimientos como una victoria para Occidente y creyeron tener luz verde para la ejecución de políticas unilaterales. Por consiguiente, en lugar de crear una nueva arquitectura para la seguridad internacional basada en una verdadera cooperación, la única superpotencia restante intentó imponer en el mundo un liderazgo monopólico, mientras que las instituciones heredadas de la Guerra Fría del tipo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no fueron reformadas.

La humanidad debe estar en guardia ante una nueva carrera armamentista. La prioridad sigue siendo la financiación de programas militares y los presupuestos de “defensa” siguen aumentando y exceden ampliamente los requerimientos razonables en materia de seguridad, como también sucede con el comercio de armas. Los gastos militares de Estados Unidos son casi tan altos como los del resto del mundo. El desacato tanto frente a la ley internacional como a los medios pacíficos para la solución de conflictos, a las Naciones Unidas y a su Consejo de Seguridad es proclamado como un tipo de política a seguir.

Como resultado de ello, hemos sido testigos de una guerra en Europa –en Yugoslavia-, algo que previamente parecía inconcebible, de un deterioro duradero en Medio Oriente, de la guerra en Iraq, de una gravísima situación en Afganistán y de una creciente y alarmante crisis de la no proliferación nuclear. La causa principal de esto último es el fracaso de los miembros del club nuclear en cumplir con sus obligaciones frente al Tratado de No proliferación sobre la reducción de las armas nucleares. Y mientras este incumplimiento se mantenga existirá el riesgo de que otros países puedan adquirir armas nucleares.

En un análisis final podemos afirmar que el peligro nuclear sólo puede eliminado mediante la abolición de las armas nucleares. Pero, a menos que abordemos la necesidad de desmilitarizar las relaciones internacionales, reduzcamos los presupuestos militares, pongamos fin a la creación de nuevos tipos de armas y evitemos la utilización con fines armamentistas del espacio exterior, toda conversación sobre un mundo libre de armas nucleares será sólo una retórica vacía.

Pienso que después del discurso del presidente estadounidense, Barack Obama, del 5 de abril pasado existe una perspectiva real de que Estados Unidos ratifique el CTBT. Éste sería un progreso, particularmente en combinación con un nuevo tratado de reducción de armas estratégicas entre Estados Unidos y Rusia.

Además, pienso que las otras potencias nucleares tienen que declarar una congelación de sus arsenales atómicos y aceptar la participación en negociaciones sobre su reducción. Si los poseedores de las mayores existencias de armas nucleares se embarcan en verdaderas reducciones otros no serán capaces de hacer lo contrario ni de ocultar sus arsenales frente al control internacional.

Estos son pasos indispensables si queremos que se imponga la confianza sin la cual no será posible alcanzar la seguridad común. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mijail Gorbachov, líder de la Unión Soviética en el período 1985-1991 y Premio Nobel de la Paz en 1990.

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