DDHH-SUDÁFRICA: La xenofobia está que arde

Pequeños comerciantes de esta occidental ciudad sudafricana dan vía libre a su frustración apuntando contra sus competidores extranjeros, entre ellos muchos somalíes. La violencia xenófoba puede aumentar, según expertos.

"Me preocupa que mis hijos sean esclavos. Los extranjeros llegan a Sudáfrica sin nada, pero mañana consiguen efectivo, pasado mañana son dueños de un negocio y al otro día tienen un automóvil. ¿De dónde sacan este dinero?", se preguntan los empresarios nacionales.

Los comerciantes de cuatro comunidades pobres de Ciudad del Cabo —Delft, Masiphumelele, Samora Machel y Gugulethu— mantuvieron reuniones a fines de mayo y principios de junio para discutir cómo librarse de la competencia de los inmigrantes.

Otras reuniones similares se habían celebrado el año pasado en los centrales poblados de Atteridgville y Alexandra, en la provincia de Gauteng, poco antes de que unos 150.000 extranjeros fueran desplazados en mayo por una ola de violencia xenófoba que arrasó el país, con 62 muertes y miles de golpizas o violaciones.

Un desconocido remitió el día 14 cartas a todos los comercios "somalíes" de Gugulethu, a cuyos dueños dio plazo hasta el día 20 para que abandonaran el área.
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El autor de los manuscritos fotocopiados aseguraba responder al Foro Empresarial de Gugulethu. Miembros de la organización tomaron distancia de las cartas, pero otros aprovecharon la ocasión para acusar a los somalíes de tratar deliberadamente de "matar" al comercio local.

"Los somalíes quieren ser los que venden más barato en este pueblo. Si ven que abarato mis mercaderías igual que ellos, buscarán el modo de abaratar los suyos aun más", afirmó una comerciante que no quiso dar su nombre.

"Habrá muchos problemas en este distrito. Si tuviera dinero me habría ido hace tiempo, porque aquí no hay paz. Estos muchachos de Somalia vinieron para crear más problemas", señaló otro, que se identificó únicamente como Boyce.

A los planes para expulsar a los "comerciantes somalíes" se suman los constantes ataques, incluidos asesinatos, de "ciudadanos extranjeros", advirtió Loren Landau, directora de la unidad de Estudios sobre Migraciones Forzadas de la Universidad de Witwatersrand.

"La violencia contra los extranjeros se integra rápidamente a la política de algunos municipios", señaló Landau.

La policía dejó de llevar estadísticas oficiales sobre asesinatos de extranjeros luego de que las autoridades consideraron que la ola xenófoba del año pasado había concluido. Desde entonces, han enmarcado esos delitos en la alta criminalidad de Sudáfrica.

"Se está desarrollando una cultura de impunidad. La policía no actúa ante el asesinato de comerciantes somalíes. Se cree, en general, que nada le sucederá a quien mate a un somalí", dijo el coordinador de la filial en la provincia de Cabo Occidental de la Asociación Somalí de Sudáfrica, Hussein Omar.

En las dos últimas semanas, dos jóvenes comerciantes somalíes murieron incinerados, también fueron asesinados un zimbabwense y un bangladesí, tres empleados de comercios recibieron balazos en Delft y fue incendiado otro "negocio somalí" en los suburbios de Ciudad del Cabo.

Omar investiga la muerte de los dos comerciantes somalíes, Omar Josef y Hazim Amad. Desconocidos incendiaron su negocio a las dos de la mañana, mientras ellos dormían.

La policía local dijo a IPS que ya descartó la xenofobia como móvil. Sin embargo, la investigación todavía está en curso.

Los somalíes que residen en esa comunidad aseguran que el comercio fue rociado con combustible antes de ser incendiado. Pero el investigador, detective Constable Eldoret van der Merwe, sólo manifestó: "En esta etapa de la pesquisa no podemos decir cómo se inició el fuego."

La Campaña Anti-Desalojos de Gugulethu intentó durante tres semanas convencer al Foro Empresarial de no canalizar su malestar hacia los comerciantes somalíes, y que, en cambio, le pidieran al gobierno más apoyo para los pequeños negocios.

Los comerciantes somalíes le reclamaron protección a la policía luego de recibir las cartas amenazantes, dijo Mncedisi Twalo, de la Campaña.

Desde entonces, la policía ha acordado reuniones entre empresarios locales y somalíes, a las que no se permitió el acceso de la prensa.

Omar teme que ciertas acciones de empresarios locales sirvan de catalizador para que otros pobladores vuelquen su frustración sobre los inmigrantes.

Mientras la gente considere legítimo conspirar contra empresarios extranjeros, "la violencia solamente se propagará", dijo Landau.

MIEDO Y ODIO

Los comerciantes no son los únicos extranjeros que están en peligro en Sudáfrica. John Kwigwasa llegó a este país hace ocho años, procedente de la República Democrática del Congo.

Tenía estatus legal de refugiado y no era dueño de ningún negocio, pero lo atacaron siete veces desde 2002. En el último incidente, a fines del mes pasado en Gugulethu, recibió un balazo en la cadera.

Kwigwasa vive desde entonces en el campamento de desplazados de Blue Waters, al que las autoridades quieren clausurar. Por lo tanto, busca un alojamiento alternativo para su familia.

"La ciudad nos está obligando a reintegrarnos, así que decidí buscar trabajo y vivienda en Gugulethu. Estaba con mi amigo Rajab Ramazani cuando un grupo de muchachos nos dijeron: '¿Por qué no se van a su país? Ustedes están quedándose con nuestros trabajos y manejando lindos automóviles'. Uno de ellos me disparó en la cadera", relató.

Los jóvenes se llevaron a Ramazani en un automóvil, en el que permanecieron toda la noche. "A primera hora de la mañana siguiente llevaron a Rajab a una vía de tren. Mientras decidían si matarlo o no, él se escapó y le dispararon en la pierna", dijo Kwigwasa.

Ambos se recuperan de sus heridas lo mejor que pueden en el frío y ventoso campamento de Blue Waters.

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