ISRAEL: Cuesta acostumbrarse al nuevo rostro de Washington

Un misil balístico, el sistema de defensa antimisiles y la transferencia de tecnología nuclear tres asuntos vinculados entre sí que esta semana pusieron de relieve el cambio radical de las prioridades de Estados Unidos en Medio Oriente.

El presidente de Irán, Mahmoud Ahmadineyad, confirmó el miércoles desde la septentrional ciudad iraní de Semnan que la prueba del nuevo misil balístico de mediano alcance había sido un éxito. El Sejil-2 sería capaz de golpear objetivos en Israel, el sur de Europa y bases estadounidenses en Medio Oriente.

El proyectil es un misil de dos fases con un alcance de 2.000 kilómetros, según lo describió la prensa iraní.

Su sistema de propulsión, con combustible sólido, tiene tres ventajas respecto de la generación anterior de misiles Shahab-3: un alcance mayor en 700 kilómetros, que permite un lanzamiento desde el centro del país, menor tiempo de preparación, que lo protege de los contraataques, y un plazo más breve de advertencia a la nación que será atacada.

El presidente iraní no dio ninguna explicación respecto del momento elegido para la prueba balística, pero los analistas sostienen que fue una señal para el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien dará a conocer la nueva estrategia de Estados Unidos para Medio Oriente en un esperado discurso en El Cairo dentro de 15 días.
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Con seguridad tampoco fue coincidencia que el anuncio se hiciera después de conocida la decisión de Estados Unidos de financiar el sistema antimisiles israelí Arrow-3.

El anuncio se hizo en el marco del diálogo estratégico anual entre Estados Unidos e Israel, realizado en el Pentágono, mientras Obama recibía al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu en la Casa Blanca.

El año pasado, Estados Unidos se comprometió a contribuir con la mitad de los 800 millones de dólares que cuesta el proyecto, pero en los últimos meses se temió en círculos israelíes que los recortes presupuestales de Washington en materia de defensa afectaran su financiación.

El tercer hecho que sacudió el ambiente fue la polémica decisión de Obama de transferir conocimientos nucleares a Emiratos Árabes Unidos, lo que lo convertiría en el primer país árabe en dotarse de esa tecnología.

Estados Unidos considera a ese país como uno de sus aliados árabes moderados.

El objetivo del acuerdo es que Emiratos construya una planta de energía, no una bomba, pero es sabido que una vez que un país usa la tecnología con fines civiles es fácil darle un uso militar.

El mismo argumento emplean los aliados de Estados Unidos en la región, Israel y varios países árabes, cuando advierten que Irán en los próximos años podría dotarse del arma nuclear. Hasta donde se sabe, el Estado judío es el único país de Medio Oriente que posee una bomba atómica.

El asesor de Netanyahu en materia de seguridad, Uzi Arad, refutó las críticas acerca de que la reunión con Obama presagia un verdadero enfrentamiento entre ambos países.

"Los que sólo quieren ver una confrontación con Estados Unidos por la cuestión palestina ignoran todo lo que compartimos en relación con la necesidad de contener a Irán", declaró Arad a Radio Israel el mismo miércoles.

La forma en que Estados Unidos maneje las aspiraciones nucleares de Irán es un asunto clave para el gobierno de Netanyahu.

Obama le asegura a Israel que tendrá en cuenta la seguridad de su territorio. Pero el Estado judío parece obviar la trascendencia que tiene el cambio de prioridades de Estados Unidos en Medio Oriente al minimizar las diferencias que lo separan en relación con el proceso de paz.

Varios presidentes estadounidenses han tratado de dejar una huella efectiva en una posible solución al conflicto palestino-israelí.

Pero cuando el nuevo presidente estadounidense aconseja al primer ministro israelí que "aproveche la oportunidad histórica", lo que Israel no termina de entender es que la declaración significa algo más: "No te entrometas con el intento de Estados Unidos de reafirmarse y legitimar su nuevo papel en la región".

Obama urgió a Netanyahu a resolver el asunto espinoso de los asentamientos judíos en los territorios palestinos ocupados, pero su insistencia fue mucho más lejos de lo habitual al advertir que "son un obstáculo para la paz".

"Queremos que se termine la construcción de asentamientos y toda actividad que tenga que ver con en ellos, eso reclama el presidente", insistió la secretaria de Estado (canciller), Hillary Rodham Clinton, en la cadena de noticias panárabe Al-Jazeera, tras la reunión de ambos gobernantes en la Casa Blanca.

El enfoque duro de Estados Unidos ante el incumplimiento de los compromisos israelíes no podría ser más claro.

De repente, Israel debe hacer frente no sólo a fórmulas agotadas sobre cómo crear un mejor clima de paz, sino a un verdadero plan de Estados Unidos.

Aun así, al regresar a Israel, Netanyahu no se mostró muy preocupado e insistió en que no sólo este país debe hacer su parte para crear las condiciones de paz, sino también los palestinos y el mundo árabe en general.

Esa actitud puede deberse a la necesidad de contener a sus aliados ultranacionalistas en su coalición, pero no puede disimular lo que se muestra como una postura nueva de Estados Unidos en relación con la importancia de la paz para los intereses estratégicos de Washington.

Lo novedoso de la postura de Obama es que considera que la solución de dos estados es lo mejor para árabes e israelíes, pero también para "los intereses estratégicos de Estados Unidos", como ha dicho varias veces el enviado especial de Washington para Medio Oriente, George Mitchell.

La propuesta del presidente estadounidense de crear un Estado palestino "en cuatro años", como se espera que anuncie en El Cairo, no sólo tiene que ver con la cruda realidad del terreno.

Obama trata de lograr la paz entre árabes y palestinos, pero también aspira a conseguir un cambio radical en la actitud de Medio Oriente hacia Estados Unidos.

El presidente estadounidense, sin duda, ansía poner fin al conflicto palestino-israelí.

Pero su objetivo inmediato, cambiar el papel de Estados Unidos en la región, incluso respecto de Irán, no lo va a conseguir sólo con la paz, sino con el proceso mismo que lleve a la resolución del conflicto.

Eso es para Obama "la oportunidad histórica".

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