TAILANDIA: De nuevo a las calles

Toda esperanza de paz política en Tailandia se hizo añicos tras las últimas jornadas de protesta callejera. La línea de quiebre se extiende por todos los sectores sociales de esta nación de Asia sudoriental.

Los disturbios desatados en Bangkok el 26 de marzo se habían propagado a 10 provincias para el lunes.

Algo similar sucedió en 2008, cuando un movimiento monárquico, de derecha y conservador salió a las calles para manifestarse contra el gobierno electo en las urnas.

Aquel gobierno estaba aliado con el derrocado ex primer ministro Thaksin Shinawatra (2001-2006), hoy en el exilio para evitar el arresto por supuestos actos de corrupción.

A los manifestantes del año pasado se les llamó los "camisetas amarillas", por el color de su vestimenta en las protestas, que duraron meses. Se retiraron de las calles luego del colapso del gobierno pro-Thaksin, tras un controvertido fallo judicial emitido en diciembre.
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Esto ocurrió luego que la Alianza Popular para la Democracia (APD) tomó el principal aeropuerto internacional del país durante casi una semana, en una exhibición de fuerza por el cual Tailandia pareció ingobernable.

Pero en la actual versión de las protestas, los actores son diferentes. Quienes salieron ahora a las calles son manifestantes contra el gobierno, pero aliados de Thaksin.

El blanco de su indignación es el gobierno de coalición liderado por el primer ministro Abhisit Vejjajiva, en el poder desde mediados de diciembre.

Vejjajiva se encaramó en el poder gracias al apoyo de las influyentes fuerzas armadas y a grandes ofrecimientos de efectivo a parlamentarios para que fortalecieran su coalición.

Los manifestantes, llamados los "camisetas rojas" por el color con el que van vestidos a los actos, acusan al gobierno de Abhisit de llegar al poder a través de "medios ilegales", y quieren que renuncie y se convoque a elecciones.

Pero esos pedidos fueron rechazados por Abhisit, el 27 primer ministro de Tailandia desde que el país se convirtió en una monarquía constitucional, en 1932.

Este patricio nacido en Gran Bretaña y educado en Oxford también optó por evitar enfrentarse con la oposición en las calles. Por eso, permanece lejos de la Casa de Gobierno, donde se encuentra la oficina del primer ministro.

Thaksin ha explotado la presencia de miles de camisetas rojas fuera de la Casa de Gobierno, y les dirige allí discursos nocturnos desde una ubicación no revelada.

En una transmisión de vídeo, pidió a sus partidarios que se levanten y combatan a la coalición gobernante liderada por el Partido Demócrata. Otra noche dijo: "Seguiremos luchando hasta que recuperemos la democracia."

Pero el discurso del ex primer ministro el día 27 confirmó que, además del Partido Demócrata, había otros contra los que apuntaba la actual campaña.

Thaksin acusó a dos asesores del reverenciado monarca del país de estar involucrados en el golpe militar de septiembre de 2006 que lo desalojó del poder.

En Bangkok se considera que, al nombrar en su discurso a los generales Prem Tinsulanonda y Surayud Chulanont, Thaksin realizó un ataque sin precedentes al Comité Asesor del monarca, cuerpo que, según la ley y la tradición, debería estar encima de los conflictos políticos.

"Las apuestas son las más altas. Mencionar a los generales significa que el juego cambia. Ésta es la primera vez que son arrastrados a la política tan abiertamente", dijo Thitinan Pongsudhirak, cientista político de la Universidad de Chulalongkorn en Bangkok.

"Todo el orden del sistema es desafiado en múltiples frentes. Al intensificar esa retórica se puede esperar más inestabilidad", declaró a IPS.

El partido político de Thaksin, Thai Rak Thai, ganó dos elecciones parlamentarias consecutivas desde 2001, y tuvo una gran cantidad de seguidores entre los pobres rurales y urbanos.

Los militares que montaron el 18 golpe de Estado en el país reemplazaron a Thaksin con Surayud como primer ministro.

"Se verán más ataques como éste con la aspiración de informar a la gente sobre las historias de fondo que hubo detrás de la política tailandesa desde el golpe", dijo a IPS Jakrapob Penkair, líder de los camisetas rojas.

Además, "ahora la aristocracia es un objetivo", agregó.

"Planeamos una larga campaña. Queremos que el pueblo esté bien equipado con este conocimiento", señaló Jakrapob, cuya organización es apoyada por agricultores, miembros de la clase trabajadora urbana y un sector de la clase media.

"Los partidarios de los camisetas rojas sienten que están contra una oligarquía, y la única manera de que puedan responder es exigiendo una democracia que funcione, incluyendo elecciones" para un nuevo gobierno, dijo Worapol Promigabutur, sociólogo en la Universidad Thammasat de Bangkok.

"La oligarquía no puede parar esta dinámica política, sólo retrasarla", añadió.

"La mayoría de ellos aprendieron y ahora creen en la ideología democrática. Éste es un paso progresista en el crecimiento de Tailandia como democracia", señaló en una entrevista.

Pero luego de tres meses de silencio, la APD emitió una advertencia, pidiendo al gobierno de Abhisit que silencie a Thaksin.

En ese sentido, le exigió al gobierno que proteja a la monarquía, a su Consejo Asesor y a los tribunales de justicia bloqueando los programas de llamadas con conexión de vídeo del derrocado primer ministro Thaksin Shinawatra.

También reclamó la cancelación del pasaporte y su extradición, informó este martes el periódico The Nation, que se publica en inglés.

Algunos analistas temen que las protestas continuadas de los camisetas rojas puedan alentar a los monárquicos de camiseta amarilla a volver a las calles, reeditando las batallas callejeras del año pasado.

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