TÍBET: China harta de críticas occidentales

China reafirmó la reivindicación de su soberanía sobre Tíbet aislando militarmente esa región del Himalaya, ante las críticas de gobiernos occidentales que reclaman una amplia autonomía para el territorio.

"Es imposible para un país occidental no interactuar con China. Pero también es imposible para Occidente cooperar con nosotros a menos que defina un objetivo y una postura imparcial hacia Tíbet", indicó esta semana el Diario del Pueblo, portavoz del gobernante Partido Comunista, en un editorial.

El canciller chino Yang Jiechi urgió a los gobiernos extranjeros a "no permitir que el líder espiritual tibetano Dalai Lama visite sus países y a no permitir que use sus territorios para separarlo de China".

Prohibir la visita del Dalai Lama debería ser una "norma básica de relaciones internacionales" de cualquier país "interesado en preservar sus vínculos con China", dijo el fin de semana a la prensa.

Pero China está lejos de ganar el debate histórico sobre quién tiene derecho a decidir el destino de los tibetanos, según Barry Sautman, politólogo de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong.
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"Los chinos ganaron el debate en la interna, con excepción de algunos tibetanos", señaló. "Pero su enfoque de reforzar la seguridad en Tíbet en el marco de las duras críticas de la comunidad internacional muestra que se sienten asediados".

"La posición china sobre Tíbet es blanco permanente de críticas de Occidente, a las que rechaza automáticamente", apuntó.

El 50 aniversario del fallido levantamiento popular del pueblo tibetano contra el gobierno chino esta semana motivó el aislamiento de algunas zonas de esa región. Beijing realizó su mayor despliegue de fuerza desde que efectivos del régimen comunista llegaron por primera vez a ese territorio del Himalaya en 1950.

"Tenemos que construir una Gran Muralla para luchar contra el separatismo y salvaguardar la unidad de la patria", dijo el presidente chino Hu Jintao a los delegados tibetanos en el Congreso Nacional del Pueblo, órgano legislativo que celebra su sesión anual en la capital.

En los meses anteriores al aniversario del martes, Beijing lanzó una dura campaña propagandística tendiente a conseguir apoyo para sus políticas de fuerte inversión y férreo control político sobre el Tíbet.

El Palacio Cultural de las Nacionalidades inauguró el 24 de febrero una muestra con las "reformas democráticas" implementadas por China en Tíbet. La cadena nacional de televisión difundió un documental de tres partes que muestra la evolución de la región de una "autocracia a una democracia", según el Diario del Pueblo.

"Espero que la gente venga a aprender sobre la verdadera situación del Tíbet, su horrible pasado y los grandes cambios ocurridos desde entonces", señaló el gobernador de esa región autónoma, Qiangba Puncog.

En sintonía con el argumento de Beijing de que Tíbet fue liberado de un brutal régimen feudal, legisladores tibetanos pro-chinos declararon feriado el 28 de marzo, aniversario de la disolución del antiguo gobierno tibetano, y lo llamaron "Día de Emancipación del Siervo".

Beijing insiste en que Tíbet forma pare del la civilización china desde el siglo XII, cuando sus gobernantes asumieron su administración mediante enviados imperiales que supervisaban el entonces alejado territorio montañoso.

Pero el gobierno tibetano en el exilio lo niega, y sostiene que el territorio sólo fue anexado en 1951, cuando el Dalai Lama y el entonces presidente chino Mao Zedong (1893-1976), quien gobernó de 1949 hasta su muerte, firmaron un acuerdo de 17 puntos, el cual oficializó la autoridad de Beijing.

El régimen comunista creó una región autónoma en el centro del histórico territorio tibetano y el resto quedó dividido en diferentes provincias. El acuerdo exoneró a Tíbet de implementar las políticas de colectivización y de uniformidad cultural impulsadas en el resto del país.

Pero lo tibetanos residentes en las actuales provincias de Sichuan, Qinghai, Gansu y Yunnan protestaron contra la destrucción de sus monasterios y la apropiación de sus tierras.

En 1959, la revuelta se extendió a Tíbet, donde los duros combates llevaron a un gran derramamiento de sangre y al exilio del Dalai Lama en India. El actual gobierno en el exilio sostiene que murieron 87.000 personas entre marzo y octubre de ese año.

Con motivo del 49 aniversario del levantamiento, las violentas protestas se extendieron de Lhasa a otras regiones de China donde viven tibetanos.

El martes, al conmemorar el fallido levantamiento, el Dalai Lama acusó a China de haber creado un "infierno" en su patria tras la campaña represiva que siguió a su huida a India.

La represión "causó tanto sufrimiento y penurias a los tibetanos que literalmente vivieron un infierno", señaló en un discurso televisado desde el septentrional pueblo indio de Dharamsala, sede del gobierno en el exilio.

Miles de monjas y monjes budistas tibetanos y descendientes de exiliadas con el Dalai Lama se congregaron el martes en Dharamsala en apoyo al acto, que terminó en una vigilia a la luz de la vela.

"Aun hoy, los tibetanos de la región autónoma viven con miedo y las autoridades china desconfían de ellos. Su religión, cultura, lengua e identidad están por extinguirse", alertó el Dalai Lama.

Beijing alega que el líder espiritual tibetano pretende crear un "Gran Tíbet", pese a sus reiteradas declaraciones de que sólo aspira a una "autonomía significativa" para su patria.

"¿Acaso Alemania, Francia u otros países aceptarían perder un cuarto de su territorio?", preguntó el canciller Yang Jiechi.

Beijing está molesto con la Unión Europea por la reunión del presidente francés Nicolas Sarkozy con el Dalai Lama en diciembre. Además, las relaciones de China con Alemania se tensaron el año pasado tras la audiencia que concedió la canciller (jefa de gobierno) Angela Merkel al el líder tibetano en el otoño boreal de 2007.

Las advertencias de Yang a otros países acerca de que las relaciones amistosas con China dependen de su rechazo a la causa del Dalai Lama no lograron acallar las críticas contra las duras políticas de Beijing en Tíbet.

Estados Unidos urgió a China el martes a reconsiderar su política porque habían creado tensiones y causado un "impacto dañino" a la cultura y la religión de ese territorio del Himalaya.

En un comunicado por el aniversario del levantamiento, el Departamento de Estado (cancillería) de ese país expresó su "profunda preocupación por la situación de los derechos humanos en las zonas tibetanas" y pidió conversaciones entre Beijing y el Dalai Lama.

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