URUGUAY: Políticas nacionales privadas de dimensión ambiental

Es necesario incorporar la perspectiva ambiental a las políticas nacionales en vez de considerarla de modo aislado, plantea el informe «GEO 2008: Evaluación del Estado del Ambiente en Uruguay», presentado este jueves en Montevideo.

Cabo Polonio, sitio turístico sobre el océano Atlántico. Crédito: Informe GEO
Cabo Polonio, sitio turístico sobre el océano Atlántico. Crédito: Informe GEO

Si este país mantiene la situación actual en áreas protegidas, residuos y ordenamiento territorial, se dirige hacia un escenario potencialmente negativo de aquí a 2025, señaló el coordinador del informe, Diego Martino, también autor de varios de los ocho capítulos.

Pero, si se «transversalizan» las perspectivas ambientales en las políticas de los ministerios y reparticiones, en vez de considerarlas aisladamente, «se va a poder anticipar muchos de los impactos, y los costos sociales, ambientales, de salud, van a poder restringirse. Al planificar y tomar en cuenta esos temas, uno ya está quizás proponiendo soluciones antes de comenzar el proyecto», explicó a IPS.

«Si logramos hacer eso de modo efectivo, probablemente podamos revertir el camino hacia ese escenario negativo», agregó.

El Informe GEO constata la mejora económica del país, luego de la crisis de 2002, pero también registra una emigración sostenida, una pobreza persistente, un fuerte aumento del precio de la tierra y una creciente predominancia extranjera en la propiedad agraria, además de una mayor preocupación ciudadana por el ambiente.
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«Ascender como país en la ‘escalera del desarrollo sostenible’ traerá consigo una mejora en los índices de bienestar humano, y requiere un replanteamiento del futuro, en el cual el ‘Uruguay natural’ es una parte necesaria e indispensable de un ‘Uruguay productivo'», establece el texto, redactado entre julio de 2006 y noviembre de 2007.

Unas 70 especies corren peligro de extinción en Uruguay, pero hay poco conocimiento sobre el estado de la biodiversidad.

«Hay que llevar la conservación fuera de las áreas protegidas», ya que las que existen son insuficientes para proteger la biodiversidad, «porque hay mucha presión por los cambios en el uso de la tierra. Pero es importante mejorar la forma en que se produce para aliviar el impacto ambiental. Y para eso es clave la investigación», sostuvo Martino.

«Muchas veces tenemos información sobre el tipo de especie que hay en determinado lugar, pero no sobre cómo una u otra forma de trabajar el campo afecta a las especies. Por ejemplo, cómo impacta en las especies de aves el bajar un poco la carga de ganado de un potrero. O qué pasa si ponemos corredores biológicos dentro de las áreas forestales», planteó.

Las medidas a adoptar podrían acarrear costos económicos materializados en subsidios, «pero también por incentivar las buenas prácticas de producción se puede lograr un cambio», añadió Martino.

Entre los cambios en el uso de la tierra, el informe destaca que entre 1997 y 2005 se produjo un aumento de 3.343 por ciento en la superficie sembrada con soja.

«El impacto fue muy grande. Y eso se dio en poco tiempo, entonces cambió nuevamente el paisaje de Uruguay», dijo a IPS la ingeniera agrónoma María Methol, coautora del estudio.

De todos modos, «los cambios ambientales en general se perciben a más largo plazo», señaló.

Además, «actualmente se siembra en áreas mucho más extensas que años atrás y eso puede llegar a hacer necesario crear corredores (biológicos) o fomentar ciertas prácticas que mantengan el paisaje un poco más diverso», añadió.

Aparte del aumento del área agrícola en los últimos tres o cuatro años —con sus consiguientes riesgos de erosión y de contaminación de recursos hídricos—, en la última década se produjo un crecimiento de la forestación, señaló Methol.

Entre 1990 y 2004, el área de monocultivos forestales aumentó 1.544 por ciento, establece el reporte, si bien las 740.000 hectáreas plantadas constituyen 4,5 por ciento de los suelos agrícolas del país.

El impulso de la forestación y a la consecuente instalación de la industria internacional de la celulosa de papel entrañan el principal conflicto ambiental de Uruguay.

El informe GEO no se pronuncia acerca de ese conflicto, si bien menciona algunos de los impactos de la forestación, con base en los escasos estudios existentes en materia de agua, suelos, biodiversidad, creación de empleo y desarrollo.

El texto expone los dos puntos de vista principales del debate, a cargo de Daniel Martino, de la empresa Carbosur, y del técnico forestal Ricardo Carrere, del no gubernamental Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM, por sus siglas en inglés).

Para Martino, los «escasos impactos negativos» de la forestación pueden mitigarse con una «mejor integración» a las demás actividades agropecuarias, manejo de los cultivos con «turnos de cosecha prolongados, que conllevan menores impactos ambientales negativos y mayor generación de valor económico».

En cambio, Carrere no encuentra ningún aspecto positivo en el modelo de monocultivos forestales, pues exacerba la concentración y extranjerización de la propiedad agraria, afecta el agua, el suelo y la diversidad biológica, crea empleos escasos y precarios y promueve la expulsión de población rural, afirma.

Los efectos de la instalación de la fábrica de celulosa de la empresa finlandesa Botnia, en el occidental departamento de Río Negro, no están contenidos en el informe GEO, dado que la fábrica todavía no estaba en funcionamiento cuando se terminó de escribir el texto.

Pero los antecedentes de la planta, que causó un enfrentamiento sin precedentes con Argentina por instalarse en un río limítrofe, figuran en un recuadro dentro del capítulo «Urbano industrial».

Mónica Gómez, autora del capítulo sobre la zona costera, señaló que ésta concentra 75 por ciento del producto interno bruto (PIB) uruguayo y que entre las presiones más importantes está la afectación de los hábitat.

Gómez destacó que los barcos pesqueros cambian las aguas, acarreando problemas como el de las especies invasoras. Entre ellas, el mejillón dorado (Limnoperna fortunei), de origen asiático, que se adapta a cualquier cambio. Obtura las tomas de agua de centrales hidroeléctricas y desplaza a especies nativas, lo que cambia la biodiversidad acuática.

Además, «la zona costera uruguaya probablemente se verá muy afectada por el cambio climático», pronostica el informe.

«Resultados iniciales de investigación puntualizan una alta vulnerabilidad de los recursos costeros frente a cambios en las precipitaciones, descarga de los tributarios del Río de la Plata, alteraciones de los patrones de vientos y en la localización del anticiclón subtropical del Atlántico Sudoccidental», argumenta.

Para Gerardo Honty, autor del capítulo sobre energía, Uruguay experimenta «tibios inicios» de proyectos de fuentes renovables, que por ahora generan «escasos megavatios».

Además, como las centrales hidroeléctricas datan de una época en que no se preveían estudios de impacto ambiental, no hay datos sobre lo que puede haber ocurrido en esas zonas, dijo.

Precisamente, la carencia de datos cuantitativos fue enfatizada, en términos generales, por los autores del informe. La falta de fiscalización ambiental y el hecho de que por lo menos un tercio de los residuos sólidos no son eliminados de manera adecuada son otros dos problemas expuestos en el estudio.

Tener en cuenta variables ambientales va a permitir ahorrar costos, no al revés, destacó Diego Martino. Es necesario superar la etapa de los diagnósticos para pasar a la de la acción, agregó.

Más de 100 personas participaron del estudio, a cargo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y el Ministerio de Vivienda, Medio Ambiente y Ordenamiento Territorial, con la coordinación técnica del Centro Latinoamericano de Ecología Social (Claes) y el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Los informes GEO (siglas en inglés de Global Environment Outlook, panorama ambiental mundial) recopilan información ya existente, y siguen una metodología que analiza la presión sobre el ambiente, su estado, su impacto y la respuesta. Éste es el primero que se realiza en Uruguay. Como todos los que se hacen en el mundo, surgió a iniciativa del gobierno.

En esta ocasión se pidió expresamente a los autores que hicieran hincapié en el impacto de los cambios ambientales en el bienestar humano.

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