DDHH-BULGARIA: Fuerte oposición a comunidad gay

Los ataques contra participantes de la primera marcha del orgullo gay que se realizó en Bulgaria revelan la amplia oposición que enfrenta ese movimiento en ese país europeo.

La marcha, realizada el sábado en Sofía, la capital, coincidió con otras similares que también tenían lugar por primera vez: en Nueva Delhi y Brno, la segunda ciudad por número de habitantes en República Checa. Había una prevista en La Habana, pero fue cancelada.

En la marcha de Sofía participaron entre 150 y 200 personas.

En 2005 hubo un intento de organizar una "semana nacional gay" en la ciudad búlgara de Varna, en la costa del mar Negro, pero las autoridades comunales se negaron a otorgar el permiso necesario.

Este año, la municipalidad de Sofía se mostró llamativamente abierta a la idea de la marcha del orgullo gay. "El alcalde estuvo bajo fuerte presión política, religiosa y social para que la cancelara", dijo Aksinia Gencheva, directora ejecutiva de BGO Gemini, la principal organización que lucha por los derechos de las minorías sexuales en Bulgaria, y una de las organizadoras de la marcha.
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Bajo la presión de críticos y defensores de la marcha, las autoridades de la ciudad cambiaron la ruta en dos ocasiones. Inicialmente se iba a realizar en el boulevard Vitosha, la principal calle comercial de Sofía, pero luego se optó por un parque alejado de la zona céntrica. Finalmente se dejó de lado ese lugar cuando activistas de Gemini argumentaron que sería peligroso.

Los participantes hicieron un llamado a realizar una manifestación pacífica y optaron por mensajes inclusivos. Una de las pancartas decía "Ten cuidado a quién odias, podría ser alguien que ames".

Pero eso no detuvo al grupo de violentos reunidos para atacar a los manifestantes: 88 personas fueron arrestadas por arrojarles petardos, piedras y hasta bombas molotov.

Los episodios de violencia se produjeron a pesar de la fuerte presencia policial, que prácticamente igualaba al número de participantes.

Inmediatamente antes del comienzo de la marcha, el líder del partido ultraderechista Unión Nacional Búlgara, Boyan Rasate, declaró a la prensa que estaba dispuesto a realizar "cualquier cosa" con tal de impedirla.

Rasate llevó con él a su hija de cinco años de edad. Algunos testigos declararon que la niña quedó sola y confundida cuando su padre fue arrestado algo más tarde, durante el transcurso de la marcha.

La Unión Nacional Búlgara cobró notoriedad en 2007, cuando formó una pequeña "guardia nacional", vestida con camisas marrones y símbolos específicos. Proclamó que protegería a los ciudadanos de la "amenaza de los gitanos".

Este año, el grupo organizó una "semana de la intolerancia", poco antes de la marcha del orgullo gay, bajo la consigna "Sea normal, sea intolerante". El grupo organizó seminarios sobre cómo impedir que las "ideas homosexuales" se difundan por la sociedad.

Líderes religiosos se hicieron eco de las preocupaciones de la agrupación ultraderechista.

La máxima autoridad de la Iglesia Ortodoxa Búlgara, el patriarca Maksim, de 93 años, escribió una carta al alcalde de Sofía pidiendo que prohibiera "esta vergonzosa e indigna marcha" y lo instó a "no participar en los frutos de la oscuridad, sino contrarrestarlos".

Asimismo, la Oficina del Gran Mufti envió una nota a los medios de prensa denunciando la homosexualidad y "las acciones de los homosexuales, especialmente cuando tratan impertinentemente de cambiar la opinión pública y los valores morales, religiosos y tradicionales de la sociedad búlgara a través de acciones como las marchas gay".

Alrededor de 6,5 millones de los ocho millones de búlgaros son cristianos ortodoxos y cerca de un millón profesan la fe musulmana. Ambas religiones consideran la homosexualidad un pecado.

En Bulgaria, la homosexualidad dejó de ser considerada delito recién en 2002. Algunos progresos se han realizado desde entonces en el reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales.

"Bulgaria cuenta ahora con una de las legislaciones antidiscriminatorias más completa y progresista de Europa", dijo Gencheva a IPS. "Pero el problema es la falta de voluntad política para aplicarla", agregó.

Gencheva afirmó que quienes atacaron a los participantes de la marcha eran "grupos nazis, 'skinheads' (cabezas rapadas), nacionalistas e hinchas de fútbol violentos", pero considera que nos son los únicos intolerantes frente a las minorías sexuales. "Parte de nuestra mentalidad es decir que no discriminamos a los gays, pero que no queremos verlos marchar", señaló.

Aunque la mayoría de los búlgaros no arrojaron piedras a los manifestantes, insisten en tomar distancia de la comunidad gay.

"Estaba pasando por el lugar con mi nieta y decidí mirar qué estaba sucediendo. No apruebo ese tipo de marchas. Creo que es un mal ejemplo para los niños", declaró a un medio de prensa local Mariana Kostova.

Pero los activistas advierten que la pasividad de muchos búlgaros y su escepticismo sobre los derechos de las minorías sexuales dejan espacios para que los discursos de odio se propaguen.

"La marcha del orgullo gay fue un éxito, si consideramos que seguir vivos es un éxito y tomando en cuenta las grandes amenazas contra nosotros antes de la manifestación", dijo Gencheva.

"Pero, en lo personal, esto no termina con la marcha, porque ahora todos nosotros, yo y mi familia, vivimos en un país donde algunos ciudadanos arrojan bombas molotov a otros, que sólo estaban caminando por una calle. La ola de odio está en aumento", aseguró.

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