INDIA-PAKISTÁN: La paz sobrevive

Pakistán avanza hacia la democratización en medio de la incertidumbre política. La insurgencia armada persiste en la frontera con Afganistán. El vínculo con Estados Unidos se tensiona. Pero el proceso de paz con India sobrevive, casi milagrosamente.

De todos modos, sus impulsores, de uno y otro lado, necesitan algo más que un buen acuerdo para hacerlo sustentable.

Las tendencias de largo plazo muestran a Pakistán en una evolución hacia una democracia plena y sólida. Varios elementos pueden descarrilarse en el corto plazo, como el proceso de restitución de jueces despedidos por el dictador Pervez Musharraf y la continuidad de la frágil coalición del gobierno entre partidos otrora rivales.

Tres grupos de factores determinarán el resultado de la puja de fuerzas entre los partidarios de la democracia participativa y los elementos conservadores que se han aprovechado del persistente dominio de la política nacional en manos de las fuerzas armadas.

El primero es el de los movimientos políticos internos, determinados por el ahora minoritario grupo de Musharraf y por los integrantes de la coalición de gobierno: el Partido del Pueblo (PPP) de la asesinada ex primera ministra Benazir Bhutto y la Liga Musulmana (LMP) del ex primer ministro Nawaz Sharif.
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También incide en ese mapa el movimiento que encabezan miles de abogados por la restitución de los jueces, y que tiene su expresión en la impresionante marcha de protesta de 640 kilómetros entre Multan e Islamabad.

El segundo grupo de factores está determinado por la compleja relación entre Musharraf, el ejército y el gobierno de George W. Bush, en especial luego de la masacre de 11 soldados pakistaníes el 10 de este mes en un ataque estadounidense con misiles en la frontera con Afganistán.

El gobierno de Pakistán condenó la operación y lo calificó de agresión descarnada.

El tercer grupo de factores está formado por la estrategia de los partidos en respuesta a la opinión pública, la cual ha surgido, a través de las encuestas, como una fuerza novedosa en la política nacional. Y ahora exige una democratización plena y una gobernanza responsable.

La incertidumbre política ha determinado, a cuatro meses de las elecciones nacionales, la falta de un gobierno estable. La mayoría de las promesas del PPP y de la LMP siguen sin cumplir. La LMP retiró sus ministros del gabinete en protesta por la negativa del PPP a restablecer los jueces rápidamente.

Aunque todavía no se sabe si la LMP regresará al consejo de ministros, los dos partidos mantienen su alianza.

La fragilidad de la coalición "no fue una sorpresa", dada "la disparidad de las bases sociales y geográficas, de los antecedentes de sus dirigentes y de las prioridades" de ambos partidos, dijo a IPS el cientista político Rasul Bakshsh Rais. "La cuestión central es si pueden mantenerse juntos hasta que Musharraf haya completado su demasiado postergada retirada y el rol del ejército se debilite lo suficiente como para posibilitar un gobierno democrático, constitucional y firme", agregó.

Pero el líder del PPP y viudo de Benazir Bhutto, Asif Ali Zardari, carece del coraje para enfrentarse con Musharraf y soporta una intensa presión de Estados Unidos para que se le permita al general mantenerse en la presidencia y se mantenga a los jueces destituidos fuera de sus puestos.

Washington está convencido, a falta de un consejo más sagaz, de que Musharraf es su mejor aliado en su guerra contra la organización islamista Talibán, que dominó Afganistán entre 1996 y 2001, y contra la red extremista Al Qaeda.

Pero tampoco está claro si el ejército protegerá al dictador en un enfrentamiento con el gobierno civil.

Zardari está, tal vez, demasiado involucrado en casos de corrupción como para aceptar que se vuelva a discutir el decreto "de reconciliación nacional", que cerró los casos judiciales y por el cual Musharraf se aseguró la impunidad a sí mismo.

El analista M. B. Naqvi cree que el decreto se reconsiderará en caso de que el destituido presidente de la Corte Suprema de Justicia Iftikhar Chaudhri vuelve a su puesto.

"Zardari se adueñó del PPP luego del asesinato de su esposa. No es independiente y es vulnerable a las presiones, especialmente de Estados Unidos", afirmó Naqvi.

Mientras, el ex primer ministro Sharif considera a Musharraf un "usurpador" y defiende la independencia del Poder Judicial, lo cual combina con el desencanto de la ciudadanía con el régimen militar. Por lo tanto, se aseguró apoyo desde tiendas tan lejanas de su ideología como parte del PPP, liberales e izquierdistas.

La posición de Sharif está a tono con el humor dominante en Pakistán, según las encuestas: a favor de la democratización plena y en contra del autoritarismo. El movimiento de abogados expresa este fenómeno y le ha inyectado una enorme energía.

Las tendencias sociales lo acompañan: una explosión de los medios de comunicación, que canalizan un debate libre y maduro, la extensión de la educación y la autoafirmación de ciertos grupos sociales, como las capas medias rurales y urbanas, según Rais.

"Estos estratos desconfían instintivamente del ejército por sus malos manejos de la economía y por la corrupción, y demandan mayor responsabilidad y gobernanza", afirmó.

Las aspiraciones populares consolidan las esperanzas de una buena relación con India. En la política pakistaní, la hostilidad hacia India ha estado ausente.

De hecho, el gobierno civil habla de "gran reconciliación" y se ha comprometido a mantenerse en el camino de la paz con su vecina, originalmente abierto por Musharraf hace cuatro años.

Ambos países se convirtieron en 1998 en potencias armamentistas nucleares declaradas, al probar sus respectivas bombas. Además, estuvieron enfrentados en varias guerras y numerosas escaramuzas desde la independencia de ambos en 1947.

El sentimiento pacificador se arraiga en grandes tendencias sociales. "Un cambio generacional de mando está en curso, de la elite burocrático-militar centrada en la relación con India a otra nacida en el periodo independiente", dijo el cientista político Mohammad Waseem.

"La conciencia de la vieja elite se formó por la oposición entre la 'India hindú' y el 'Pakistán musulmán', por la noción del 'choque de culturas' y por los recuerdos amargos de la partición" de la península Índica con la independencia en 1947, agregó Waseem.

"La nueva generación, que ha madurado en el pasado reciente, no necesita definirse en oposición a India. Está libre de la carga de un pasado violento y de las masacres en masa de la partición. No asocia la supervivencia de Pakistán con la hostilidad hacia India", afirmó.

India, incluso, podría ayudar en el proceso de democratización y desmilitarización de Pakistán con gestos generosos como la liberalización unilateral de la importación de productos pakistaníes y facilitando el régimen de visas.

El proceso se profundizará con las deliberaciones entre representantes de ambos gobiernos que se realizarán en Nueva Delhi en junio. Si tienen éxito, el primer ministro indio Manmohan Singh visitará Pakistán en breve.

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