JAPÓN-CHINA: Histórica visita se tiñe de Tíbet

El gobierno de Japón trata de convertir en un éxito rutilante la primera visita del presidente de China, Hu Jintao. Pero la cuestión tibetana conspira contra sus planes.

La gira de cinco días por el archipiélago es la primera visita a Japón de un jefe de Estado chino en 10 años. Ni Hu ni el primer ministro japonés Yasuo Fukuda evitaron referirse a Tíbet este miércoles, en una conferencia de prensa. El presidente chino manifestó su esperanza en que el diálogo reanudado este fin de semana entre representantes de ambas partes sea fructífero.

"Esperamos que los contactos logren resultados positivos", declaró.

De todos modos, advirtió que los simpatizantes del Dalai Lama, líder espiritual de Tíbet, deben "demostrar su sinceridad con acciones y detener las actividades para dividir la patria, dejar de planificar e instigar actividades violentas y para perturbar los Juegos Olímpicos".

Fukuda dijo en la misma ocasión que aplaudía el diálogo entre los representantes de China y los del Dalai Lama, máximo patriarca del budismo lamaísta predominante en Tíbet y en varias provincias del gigante asiático.
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"Tengo altas expectativas en que el diálogo se sostenga pacientemente, que por ese medio la situación mejore y las preocupaciones de la comunidad internacional se despejen", añadió.

La tibieza de esta respuesta a una pregunta de la prensa en nada se pareció al calor de la manifestación de más de 4.000 personas que el martes marchaban por las calles, al mismo tiempo que Hu llegaba a la ciudad, al grito de "libertad para Tíbet" y "no maten a nuestros amigos".

Los manifestantes marcharon junto con monjes budistas, sacerdotes shinto y activistas mongoleses, chinos y taiwaneses, así como representantes del gobierno tibetano en el exilio.

"Estoy satisfecho de que los japoneses muestren mayor interés en Tíbet", dijo en un discurso Pema Gyalpo, quien ha sido un colaborador cercano del Dalai Lama, profesor de la Universidad Toin de Yokohama y experto en asuntos tibetanos.

"Este problema está latente desde hace medio siglo, y no se desvanecerá después de los Juegos Olímpicos", advirtió. "China se abre al diálogo por la presión internacional. Pero creo que es cosmético."

El ministro de Relaciones Exteriores de China, Yang Jiechi, dijo el mes pasado, también en visita a Japón, que su gobierno debía afrontar el hecho de que el problema de Tíbet era internacional.

Fue la primera vez que un funcionario de Beijing dejó de lado la posición oficial según la cual se trata de una disputa interna.

Pero las declaraciones de Fukuda no satisficieron a movimientos protibetanos y de otros territorios de China con actividad disidente como Mongolia y Taiwán, así como organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional.

La red Salvar a Tibet (STN) advirtió que la ronda de diálogo del fin de semana es solo el comienzo. La organización está dedicada a recoger firmas de rechazo a la represión china para entregar al gobierno japonés, la Embajada de China y la Organización de las Naciones Unidas.

"Le informaremos a los líderes que las políticas japonesas hacia Tíbet y China no nos satisfacen", dijo el reverendo Shuei Kobayashi, religioso budista y copresidente del Comité Japonés por Tíbet.

El director de Estudios Asiáticos de la Universidad Temple en Tokio, Jeffrey Kingston, consideró que el actual ciclo de conflictos "ha sido una pesadilla para el gobierno japonés", que "no quiere que los problemas de Tíbet opaquen la visita. Hu y Fukuda necesitan que sea un éxito".

Hu quiere que el mundo reconozca que China es mucho más que las imágenes desde Tibet y que es un país confiable, según Kingston. "Para él, es importante montar un buen show", ironizó.

"China esperaba que los Juegos Olímpicos fueran un acontecimiento feliz que mostrara su mejor cara, pero los medios de comunicación occidentales no se ciñeron a ese guión y su cobertura negativa instaló una nube sobre la celebración", dijo el experto.

Beijing considera que Occidente está exagerando la situación, y muestra sorpresa ante la erupción de manifestaciones antichinas y protibetanas en todo el mundo.

Mientras, la mayoría de los chinos ignoran los problemas en Tíbet, pues los medios de comunicación están bajo un firme control gubernamental, añadió Kingston.

En las próximas horas, Hu se reunirá con parlamentarios japoneses, jugará ping-pong, hablará con estudiantes y visitará templos históricos japoneses.

El jefe de Estado chino se reunirá tres veces con el emperador Akihito, algo muy inusual en visita de este rango.

China es el principal socio comercial de Japón, con más de 236.600 millones de dólares de intercambio. Además, es un importante comprador de alta tecnología japonesa.

Pero los grupos protibetanos ya se preparan nuevas manifestaciones para julio, cuando Hu vuelva a Japón en ocasión de la cumbre del Grupo de los Ocho países más poderosos del mundo que se realizará en Hokkaido.

Pero el gobierno japonés mantendrá la calma. "Tokio no tiene antecedentes de defender los derechos humanos. Esta visita no será la excepción", sostuvo Kingston.

El vínculo bilateral pasó hace no mucho por su peor momento.

El ex primer ministro japonés Junichiro Koizumi insistió a lo largo de su periodo (2001-2006) en realizar visitas regulares al santuario Yasukuni, donde se rinden honores a 2,5 millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial, entre ellos 14 militares acusados de diversos crímenes durante la ocupación a China.

Beijing considera a Yasukuni un símbolo del pasado militarista e imperialista de Tokio.

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