ESTADOS UNIDOS-IRAQ: De espaldas a sus legisladores

Preocupa a los parlamentarios iraquíes no haber sido incluidos en las negociaciones para un acuerdo estratégico entre Bagdad y Washington que sentaría las bases de la futura relación bilateral.

Esto coincidió con el hecho de que el Congreso legislativo de Estados Unidos fue incapaz de añadir una disposición para restringir la autoridad del presidente George W. Bush en la firma de acuerdos de ese tipo, en un proyecto de ley que aumenta el presupuesto para las guerras en Afganistán e Iraq.

"Hasta ahora no nos han informado en detalle del contenido de las conversaciones", dijo a IPS por teléfono desde Bagdad Abdulkhaliq Zangana, del bloque Alianza del Kurdistán, del Consejo de Representantes, que tiene 53 de los 275 legisladores.

"No hay forma de que el gobierno iraquí haga un acuerdo de ese tipo sin el consentimiento del parlamento", subrayó.

Hay un consenso general entre los legisladores respecto de un acuerdo que regule "las futuras relaciones entre los dos países", añadió, pero de tal forma que estén contemplados los intereses mutuos.
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Desde hace meses, los gobiernos de Estados Unidos e Iraq negocian el texto de dos acuerdos pues en diciembre termina el mandato de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) bajo el cual operan los efectivos estadounidenses en ese país de Medio Oriente.

Uno de ellos se conoce como Acuerdo del Estatus de las Fuerzas, que daría una base legal a la presencia de soldados estadounidenses en Iraq. El otro, llamado Acuerdo Marco Estratégico, crearía un plan de relaciones bilaterales más amplias entre ambos países en materia política, económica y cultural.

Como primer paso, el presidente Bush y el primer ministro iraquí Nouri al-Maliki firmaron en noviembre de 2007 un acuerdo conocido como Declaración de Principios por la que Estados Unidos se compromete a defender a Iraq ante una "agresión extranjera" y "amenazas externas e internas".

"Por supuesto, hay mucho miedo dentro y fuera del parlamento por el contenido de esos acuerdos, pues tratan de asuntos estratégicos, importantes y a largo plazo para Iraq", añadió Zangana, quien reclamó un papel más significativo para el plenario en dicho proceso.

La preocupación de los legisladores iraquíes coincide con la presión sobre la Casa Blanca para que el presidente estadounidense no firme ningún acuerdo con Bagdad que verse sobre asuntos de seguridad y defensa sin la aprobación del Congreso.

Sin embargo, el Senado estadounidense no logró el miércoles incluir una disposición que restrinja el poder de Bush para firmar cualquier acuerdo de ese tipo.

El explícito tono agresivo del acuerdo entre Bush y Maliki para proteger a Iraq de una amenaza exterior despertó temores de que Washington lo utilice como cobertura para atacar a Irán, país acusado varias veces por civiles y militares estadounidenses de desestabilizar el territorio iraquí.

En una inesperada medida que puede avivar las tensiones, el ejército estadounidense instaló una base cerca de la frontera con Irán, sin consentimiento de las autoridades iraquíes, que motivó protestas de Teherán, informó un canal de televisión iraní en inglés a fines de abril.

Al acercarse la fecha límite de julio para aprobar los acuerdos, los líderes religiosos de Iraq expresan cada vez más su disconformidad.

El máximo líder religioso chiita en Iraq, el ayatolá Ali Sistani, se unió a las voces críticas al declarar el sábado que no iba a permitir que ese país firmara ningún acuerdo con "los ocupantes estadounidenses" mientras estuviera vivo, informó un noticiero de televisión.

Otro clérigo, Sayyed Kazem Haeri, desaprobó los acuerdos y declaró que éstos "legitimarían" la presencia de efectivos estadounidenses en Iraq.

Por su parte, el embajador iraquí en Washington, Samir al-Sumaidaie, rechazó la idea de que los polémicos convenios convertirían a Iraq en una "virtual colonia de Estados Unidos" o serían una "forma de establecer bases permanentes" en ese país devastado por la guerra.

Muchos legisladores estadounidenses consideran a los acuerdos como tratados, que requieren aprobación del Senado según la Constitución de Estados Unidos. Pero la Casa Blanca rechaza ese argumento y señala que son acuerdos del Poder Ejecutivo y están dentro de los poderes del presidente.

El movimiento contrario a los acuerdos en el Congreso está encabezado principalmente por legisladores del opositor Partido Demócrata, quienes temen que el futuro marco político respecto de Iraq deje las manos atadas al próximo presidente estadounidense, que ellos esperan salga de sus filas.

"El Congreso definitivamente no aprobará un acuerdo que signifique un compromiso militar tan amplio de Estados Unidos como prevé la Declaración de Principios", señaló Kate Gould, del Comité de Amigos de la Legislación Nacional, grupo de presión cuáquero.

También describió la iniciativa de los legisladores demócratas como una "continuación de la lucha por el poder" entre la Casa Blanca, en manos del Partido Republicano, y el Congreso, dominado por el Partido Demócrata.

"Bush está determinado, en forma excepcional, a no consultar al Congreso en asuntos por los cuales ha sido históricamente consultado", añadió.

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