ISRAEL-PALESTINA: Muro ideológico difícil de derribar

El canciller del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas), Mahmoud Zahar, elogió el «tono de bienvenida» empleado por el ex presidente estadounidense Jimmy Carter (1977-1981) para integrar a esa organización a la mesa de negociaciones de paz en la región.

El comentario fue hecho en una columna publicada por The Washington Post. Pero en la página siguiente, el periódico estadounidense responde con un artículo titulado "Zahar es un terrorista".

"Una cosa es comunicar pragmáticamente", arguye, pero "otra cosa es dar reconocimiento y autoridad política, pública e incondicional, a un líder u organización que aboga por el terrorismo, el asesinato en masa o la extinción de otro Estado".

Hamas, que no reconoce al Estado judío, triunfó en las elecciones legislativas de enero de 2006 y tomó por las armas el control de Gaza en junio de 2007.

Al término del polémico viaje de Carter por Medio Oriente a fines de la semana pasada para reunirse con líderes de Siria y de Hamas y evaluar su disposición a negociar, parece que su intento de diálogo avanzó, al menos en palabras, más que la fallida iniciativa de Annapolis, promovida por el gobierno de George W. Bush.
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Washington auspició conversaciones de paz en esa ciudad del oriental estado estadounidense de Maryland entre el primer ministro de Israel, Ehud Olmert, y el líder de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, en noviembre de 2007, donde ambas partes se comprometieron a alcanzar un acuerdo a fines de este año.

También prometieron que todos los temas, incluido Jerusalén, las fronteras, los asentamientos y el destino de los palestinos refugiados, estarían en la mesa de negociaciones.

Que Carter haya avanzado un poco más que la cumbre de Annapolis, por desgracia, no significa gran cosa. ¿Qué es lo que falta al plan de Bush?

"Hay una sensación general, compartida casi por unanimidad, de que no hay avances significativos en las conversaciones de paz", señaló Carter en un discurso pronunciado ante el Consejo Israelí de Relaciones Exteriores, de Jerusalén.

"De hecho, desde Annapolis, las propuestas de paz retrocedieron", apuntó.

"El problema no es que yo me reúna con Hamas y Siria, sino que Israel y Estados Unidos se niegan a dialogar con ellos, que deben estar involucrados en el proceso", subrayó.

El muro ideológico erigido por el gobierno de Bush contra "terroristas" de toda cepa se agrietó en los últimos meses, cuando el presidente estadounidense "se acerca a la línea de meta", como él mismo dice, para concretar un acuerdo de paz decisivo entre israelíes y palestinos para fines de su mandato en enero de 2009.

Le guste, o no, el "legado" de Annapolis es moldeado por un partido islamista que se considera dejado por fuera de las negociaciones de paz sin justificación alguna.

Tras el triunfo electoral de Hamas, considerado una organización terrorista por Washington, el movimiento fue boicoteado por la comunidad internacional por no cumplir las condiciones fijadas por el Cuarteto, instancia de negociación internacional conformada por la Organización de las Naciones Unidas, la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia.

Entre los requisitos estaba reconocer el derecho de existencia de Israel, el cese de la violencia y la participación en los acuerdos de paz firmados por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

Cada paso dado por Estados Unidos, Israel y Abbas —del partido laico Fatah que gobierna desde Cisjordania— para avanzar en lo resuelto en Annapolis choca contra reacciones violentas de Hamas, cuya carta aboga por la destrucción del Estado judío.

Desde que el movimiento islamista se arrogó el control Gaza, el Estado judío reforzó la restricción del flujo de bienes desde y hacia ese territorio, donde 1,5 millones de palestinos padecen una crisis humanitaria.

También cortó el suministro de electricidad, en un intento por detener los ataques con cohetes. Israel provee a Gaza la mayor parte de su energía.

Desde El Cairo, Carter describió el bloqueo israelí contra Gaza como una atrocidad colectiva contra sus habitantes. "Es una abominación que continúe", señaló la semana pasada.

La crisis parece haber consolidado el apoyo de la población palestina a Hamas.

Una abrumadora mayoría de palestinos respalda el ataque en marzo contra un seminario judío de Jerusalén en el que murieron ocho jóvenes, según una encuesta divulgada a fines de ese mes por el centro de estudios Palestinian Centre for Policy and Survey Research.

La investigación también reveló un apoyo sin precedentes al lanzamiento de misiles desde Gaza contra ciudades israelíes fronterizas.

La yeshivá (centro de estudios de la Torá) Mercaz Harav, fundada hace 84 años, es una base ideológica del movimiento de colonos.

Entre las razones que justifican el apoyo dado por la población palestina a Hamas, el estudio mencionó la última respuesta militar de Israel contra Gaza, que dejó casi 130 personas muertas, el bloqueo, que desató una crisis humanitaria en el territorio, y la anunciada ampliación de varios asentamientos en Cisjordania.

A pesar del enfado de Estados Unidos e Israel por el encuentro de Carter con Hamas, los objetivos del ex presidente estadounidense parecen estar en consonancia con la opinión mayoritaria de los israelíes.

Un estudio realizado por la Universidad de Tel Aviv indicó que 64 por ciento de los encuestados considera que el gobierno debe mantener conversaciones con Hamas para lograr un cese del fuego y la liberación del soldado israelí cautivo Gilad Shalit.

Menos de 28 por ciento de los entrevistados se oponen, señala el estudio divulgado por el periódico israelí Haaretz en febrero.

Voces favorables a alguna forma de negociación se escuchan desde los más inverosímiles sectores.

El ex jefe del Mossad, servicio de inteligencia de Israel, Efrain Halevy sacudió a los políticos a principios de este año al afirmar que Israel debe tener conversaciones con Hamas sencillamente porque es un interés estratégico del Estado judío reconocer "la realidad en el terreno".

En la víspera del encuentro de Carter con Khaled Meshal, líder del movimiento islámico radicado en Damasco, el ministro de Industria, Comercio y Empleo de Israel, Eli Yishai, quien dirige el partido ortodoxo Shas, señaló estar dispuesto a reunirse con Hamas para discutir el intercambio de prisioneros a fin de conseguir la liberación de Shalit.

Los líderes del partido Shas, que contribuye a formar la mayoría parlamentaria del primer ministro, están a favor del movimiento de colonos y amenazaron varias veces con abandonar el gobierno de Ehud Olmert a raíz de diferencias respecto de las conversaciones de paz palestino-israelíes.

Siendo realistas, parece que todo esfuerzo de mediación con Hamas debe centrarse en la necesidad de un inmediato cese del fuego en Gaza para detener los ataques con misiles y levantar el asedio a ese territorio.

Pero al término de las reuniones de Carter, el conflicto sigue su curso.

El ministro de Vivienda de Israel, Ze'ev Boim, anunció un plan para construir unas 100 casas en dos asentamientos de Cisjordania, lo que le valió críticas de funcionarios palestinos que aspiran que esos territorios formen parte de un futuro Estado palestino.

En Gaza, atacantes suicidas palestinos dejaron el sábado tres vehículos cargados de explosivos en un cruce fronterizo. Dos de ellos detonaron.

En el atentado resultaron heridos 13 soldado israelíes y murieron los tres atacantes.

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