DD.HH-BALCANES: Tráfico de órganos en tiempos de guerra

La fiscalía para crímenes de guerra de Serbia investiga el caso de cientos de serbios desaparecidos en la entonces provincia autónoma de Kosovo entre 1998 y 1999.

La investigación se inició tras la publicación en la prensa de algunos párrafos del libro publicado por la ex jefa de la fiscalía del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, la suiza Carla del Ponte.

La agencia de noticias independiente Beta publicó extractos del libro "Cázame a mí y a los criminales de guerra", donde Del Ponte revela que a lo largo de sus investigaciones tuvo información de unos 300 serbios secuestrados y asesinados en 1999 por traficantes de órganos.

Se presume que los secuestros fueron obra de albano-kosovares.

"Estamos verificando información de dos camiones que trasladaron presos serbios de Kosovo a Albania en 1999", informó a la prensa el fiscal serbio para crímenes de guerra, Vladimir Vukcevic, al confirmar la apertura de una investigación.
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"La información no oficial sobre el traslado y la posibilidad de que algunos presos fueran asesinados para vender sus órganos a traficantes internacionales procedió de los fiscales del tribunal de La Haya", añadió.

Carla del Ponte fue nueve años y hasta enero de 2008 jefa del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, con sede en La Haya, creado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1993.

A lo largo de su mandato procesó decenas de casos de gran importancia vinculados con las guerras de secesión de la antigua Yugoslavia en la década de los 90, que costaron la vida a más de 100.000 personas.

Una de las tareas más importantes del tribunal fue procesar a los responsables de las fuerzas de seguridad serbias por los crímenes cometidos contra los albano-kosovares entre 1998 y 1999.

Más de 5.000 albaneses y 1.300 serbios siguen desaparecidos a raíz de la guerra que siguió a la lucha entre separatistas albano-kosovares y Belgrado.

La respuesta violenta de Serbia llevó a la intervención de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1999 y forzó a Belgrado a terminar con la represión y retirar sus efectivos de Kosovo, que entonces gozaba de un estatus de autonomía desde los años 60.

Ese mismo año, la ONU asumió el control de la entonces provincia autónoma, tras 11 semanas de bombardeo de la OTAN.

Kosovo declaró su independencia de forma unilateral el pasado 17 de febrero.

El equipo de investigadores del Del Ponte recibió información de que unos 300 serbios habían sido asesinados tras extirparles los órganos luego de haber sido trasladados de Kosovo a la central ciudad albanesa de Burrel, 91 kilómetros al norte de Tirana.

El libro de Del Ponte llegará a las librerías locales este jueves.

La operación fue realizada en una "casa amarilla" en las afueras de la ciudad de Burrel. Los órganos extraídos a los jóvenes fueron trasladados al aeropuerto de Tirana y llevados al extranjero de forma ilegal. Las personas fueron luego asesinadas y enterradas en secreto, según información citada en el libro.

El equipo de Del Ponte encontró la casa en Burrel en 2003 gracias a pistas otorgadas por "periodistas confiables" y por la Misión de la ONU en Kosovo (Minuk).

Se encontraron restos de sangre en la casa, que desde entonces fue pintada de blanco, y suministros médicos como gasas, jeringas usadas, frascos vacíos de medicamentos, entre ellos algunos relajantes musculares.

Aún así, escribió Del Ponte, "decidimos que las pruebas no eran suficientes. Sin cuerpos ni evidencia firme que vincule algún sospechoso con el delito, todas las posibilidades para que el tribunal siguiera con las investigaciones quedaron cerradas".

"Para nosotros es devastador leer esto", dijo a IPS el jefe de la Alianza de Familias de Serbios Desaparecidos en Kosovo, Simo Spasic, que representa a los parientes de unos 1.300 serbios cuyo destino es desconocido.

"Por un lado, liquida nuestras esperanzas de saber lo que ocurrió a nuestros seres queridos. Por otro lado, ¿por qué Del Ponte esperó tanto tiempo para hablar del asunto?", preguntó.

Spasic relató que la Alianza se reunió con ella y con su equipo de investigadores en 2001 para explicarles su causa. En 2004 recibió una llamada de la fiscalía que sentenció: "todas las personas que buscan están muertas".

"Es simplemente eso, pero seguimos en el limbo", apuntó Spasic.

"No tenemos ninguna prueba clara de que las personas desaparecidas estén muertas. No se encontraron cuerpos ni siquiera partes de ellos para probarlo. La mayor causa de dolor para las familias es que recién ahora, Del Ponte menciona haber tenido conocimiento de las torturas, de los asesinatos y de la extracción de órganos", añadió.

"Nuestra última esperanza de conocer el destino de los desaparecidos se nos escurrió de las manos", se lamentó Spasic.

En la capital kosovar de Pristina, los ex rebeldes de origen albanés niegan las afirmaciones de Del Ponte. La ex jefa del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, que es embajadora de Suiza en Argentina, no atendió a la prensa serbia.

El portavoz de la fiscalía de crímenes de guerra Bruno Vekaric indicó que los casos de secuestros y asesinatos de serbios tienen otra dimensión.

"El asunto que menciona Del Ponte en su libro no se trata simplemente de crímenes de guerra", señaló Vekaric a la radio B92 de Belgrado.

"Si sus acusaciones de tráfico de órganos humanos son verdaderas, estamos ante un caso de crimen organizado, esto es una operación trasnacional que no sabe de fronteras. La situación requiere una acción internacional mayor", explicó.

En el caso de las denuncias del secuestro de serbios en Kosovo, de su traslado a Albania y de otros delitos vinculados, es necesario recorrer "un largo camino para pasar de los indicios a las pruebas", informó. "La investigación que vamos a iniciar llevará mucho, mucho tiempo".

La investigación, aclaró el portavoz de la fiscalía, no debe tener un trasfondo político.

Vekaric se refería al escándalo que se generó por la publicación de algunos párrafos del libro de Del Ponte. En una de las protestas organizadas esta semana, los manifestantes llegaron a reclamar al gobierno romper relaciones diplomáticas con Albania.

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