ECONOMÍA-EEUU: Hay vida después de la tala

La noroccidental ciudad estadounidense de Forks, en estado de Washington, se alimentó, literalmente, de los árboles que la rodean. Pero su sector maderero cerró las puertas hace mucho.

Forks se encuentra en la esquina noroeste de la península Olympic, a cuatro horas de viaje en automóvil de Seattle, la principal ciudad del estado. Está encajada en medio de una de las pocas selvas templadas del mundo, cerca de la costa del océano Pacífico.

Ya parecen lejanos los días en que interminables filas de camiones de 16 ruedas copaban la ciudad, repletos de troncos. Muchos recuerdan la cantidad de millonarios que solían colmar el edificio del Bank of America.

Pero Forks languidece hoy en un limbo económico, mientras procura diversificar su economía y construirse una identidad nueva. Comparte esa situación con muchas comunidades costeras de Washington, que dependían de la extracción de recursos naturales y están alejadas del corredor urbano del estado.

"Antes de la decadencia, había aquí muchas oportunidades, mucha riqueza, gente que se arriesgaba, familias que se afincaban, negocios que se fundaban. Era un escenario vital y floreciente", dijo John Calhoun, director del no gubernamental Centro de Recursos Naturales de Olympic.
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A los años 70 y 80, décadas de auge, les sucedió un estrepitoso frenazo. Los motivos fueron legales: el cárabo manchado (Strix occidentales), cierto tipo de búho, fue incluido en la lista de animales protegidos de la Ley de Especies en Peligro, vigente desde 1990.

Eso obligó a disponer restricciones a la tala en tierras públicas, para impedir la destrucción del hábitat natural del ave.

Después de Oregon, Washington es el segundo productor de madera de coníferas de Estados Unidos, con 13 por ciento de la producción nacional, según la no gubernamental Asociación de Protección Forestal del estado.

Los cambios modificaron la composición del mercado de trabajo en Forks. Los empleos se concentran en el hospital municipal, el distrito escolar y el Centro Carcelario de la Bahía de Clallam, más de 80 kilómetros al norte de la ciudad.

El turismo produce ingresos adicionales en el verano boreal, cuando los visitantes colman las cabañas de alquiler y las habitaciones de los hoteles desperdigados por la ciudad. Las principales atracciones: las playas prístinas y la pesca de salmón.

"La transición se habrá completado en 20 años", dijo Al Vaughan, del Departamento de Recursos Naturales en Forks. "Creo que la forestación será una fuente primaria de ingresos, y que eso requerirá la instalación de una industria ligera."

Vaughan cree que la producción local de bienes de demanda mundial es la clave. "Debemos hallar el modo de ingresar en los mercados asiáticos. Y no hablo de troncos", dijo, dando un golpe seco sobre su escritorio: "Hablo de fabricar cosas como ésta."

Mientras, Calhoun considera que el futuro de Forks es la producción de biocombustibles a partir de astillas y hojarasca.

Las biorrefinerías "elaborarán muchos productos valiosos, desde combustible para el transporte a químicos, y otros más baratos como papel", explicó. "Tratamos de demostrar que los bosques y sus recursos son importantes para la nación y para solucionar problemas como el cambio climático y la dependencia energética."

Para buena parte del público, la explotación de los bosques es un medio para obtener madera, pero de los árboles salen muchas otras cosas, como resinas, ceras, aguarrás, vitaminas, pelotas de ping pong, aspirinas, levadura, perfumes, filtros de cigarrillo y alfombras, según la compañía forestal Rayonier.

"La manera fácil de obtener dinero aquí era la tala", recordó Vaughan. "Pero vivimos lejos de todo, y el costo del transporte era un problema. Me hubiera gustado que se hubiera instalado alguna industria ligera aquí, pero eso nunca sucedió."

Ciento noventa y tres kilómetros al sur de Forks, en las ciudades gemelas de Hoquiam y Aberdeen, el desempleo se acerca a 10 por ciento de la fuerza de trabajo, cinco puntos porcentuales más que el promedio del estado, hoy caracterizado por una fuerte industria de equipos y programas informáticos..

Desde que se aplicaron las restricciones a la otrora intensa actividad maderera en estas localidades, el empleo en la industria se precipitó. Hoy, las principales fuentes de trabajo son el sector de servicios y el Estado.

Forks tiene dificultades para atraer inversiones. La ciudad carece de puerto propio, pues se encuentra a 24 kilómetros de la costa, y está lejos de los grandes centros urbanos de Washington.

"Al fin y al cabo, somos una comunidad dependiente de los recursos naturales", dijo Calhoun. "Son nuestra ventaja competitiva básica. Nuestra forma de aprovecharla no será talar árboles añejos y embarcarlos a Japón."

"Si queremos sostener comunidades humanas saludables, debemos conservar el ambiente natural, manejarlo de manera sustentable", concluyó.

La estrategia de diversificación es muy diferente en Forks que en Hoquiam y Aberdeen, en el condado de Grays Harbor, pues este distrito cuenta con una base industrial mucho mayor. Además, no sólo produce bienes madereros: también tiene plantas de procesamiento de pescado y otros alimentos y una industria naviera.

El Concejo de Desarrollo Económico de Grays Harbor procura atraer a empresas dedicadas a la innovación tecnológica para aprovechar los recursos locales.

"Tenemos un potencial sin explotar para consolidar industrias familiares sólidas", dijo Roger MIlliman, miembro del Concejo. Pero la falta de capital es un gran impedimento para la diversificación.

Las dos ciudades tratan, como medida para atraer inversiones, de mejorar su infraestructura. Hoquiam adoptó la consigna de "ciudad más amigable", lo que atrajo a la empresa energética Imperium Renewables, que instaló allí la mayor refinería de biocombustibles de Estados Unidos.

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