CULTURA-SERBIA: Cimientos con raíces rusas

La “tradicional amistad entre Rusia y Serbia”, tan mencionada en ámbitos políticos, se refiere al apoyo dado por Moscú a Belgrado en torno al conflicto de Kosovo. Pero sus vínculos estrechos son más profundos y datan de hace 90 años.

Entonces, Serbia era refugio para miles de rusos que huían del régimen comunista en su país.

En aquel entonces, el llamado Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos era fuertemente anticomunista, y dejó de tener vínculos con Moscú tras la revolución bolchevique de 1917.

Unos 35.000 rusos llegaron por barco o por tren. Ambas naciones comparten la misma religión, cristiana ortodoxa. El idioma tampoco fue un problema para los recién llegados porque el serbio y el ruso comparten raíz eslava.

La mayoría de los inmigrantes eran profesionales de clase media que enriquecieron al país con aportes de medicina moderna, fina arquitectura y capacidades técnicas inexistentes en Serbia, tal cual demuestra la Casa Rusa, una gran mansión en el centro de Belgrado construida entonces.
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El edificio se abrió el 9 de abril de 1933 con el nombre del emperador Nikolai II, el último zar de Rusia, y este año celebra su 75 aniversario. Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se llamó Casa Soviética, y tras la disolución de la Unión Soviética en 1991 adoptó su nombre actual.

"En los años 30, en la mansión funcionó una biblioteca rusa, un centro de educación a secundaria, una asociación de pintores rusos en Serbia y un pequeño museo dedicado al ejército zarista y al propio Nikolai II", explicó a IPS la subdirectora de la mansión, Valentina Kutrina.

"Hoy tratamos de informar a la sociedad serbia acerca de la Rusia moderna, sus logros y de interesantes acontecimientos que ocurren allí", añadió.

Muchos serbios desconocen las contribuciones hechas a su cultura por los rusos.

El arquitecto ruso Nikolai Krasnov fue quien diseñó el estilo clásico de las sedes del Ministerio de Relaciones Exteriores y del gobierno nacional en los años 30. Esas construcciones son consideradas como orgullo de Belgrado.

Muy cerca de allí, el estilo neoclásico del Cuartel General del Ejército también fue concebido por Krasnov.

También fueron diseñadores rusos los responsables de las deslumbrantes decoraciones de la iglesia del Patriarcado de Serbia y del famoso sótano del Palacio Blanco, residencia de la dinastía Karadjordjevic que gobernó el país por última vez de 1918 a 1945, entre las dos guerras mundiales.

El Palacio Blanco fue abierto al público en 2002, después de que los actuales representantes de la dinastía obtuvieran permiso para regresar al país, tras la caída del régimen de Slobodan Milosevic (1946-2006), quien gobernó de 1989 a 2000.

Este año se recuerda a los serbios sus vínculos con Rusia.

En los años 30, un cuarto de los profesores de la Universidad de Belgrado eran rusos. En las facultades de Medicina y Agricultura la proporción llegaba a la mitad.

"Entre los inmigrantes rusos también hubo bailarines y cantantes profesionales, cuyo trabajo sentó las bases para la ópera y el ballet de Belgrado", señaló Andrei Gardenin, campeón de esgrima en representación de la desintegrada Yugoslavia.

Pero el sabor ruso no fue duradero. Tras la Segunda Guerra Mundial, muchos abandonaron el país con la llegada de los comunistas al poder.

Los rusos que se quedaron tuvieron problemas porque el ex jefe de Estado Josip Broz Tito decidió romper filas con la Unión Soviética y los acusó de ser espías soviéticos.

"En esa época hubo grandes olas de emigración, pero esta vez de Serbia", recordó Gardenin.

"Hoy no hay más de 500 rusos en Belgrado pues muchos terminamos integrándonos mediante el casamiento con serbios. Nuestros hijos se consideran serbios".

Ahora sólo quedan los apellidos para recordar la inmigración rusa. Algunos de los más conocidos en Serbia son Cernisevski, Kolesnikov, Krasnov, Kolubajev, Orlov, Stukalo, Uspenski o Ivanjicki, Visacki, Sekicki.

Por ejemplo, la conocida pintora serbia contemporánea Olja Ivanjicki es de origen ruso.

Para muchos habitantes de Belgrado, el único testimonio de la inmigración rusa a su país es la pequeña sede de la Iglesia Ortodoxa Rusa de la Santa Trinidad, construida en el parque Tasmajdan en 1925.

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