BIRMANIA: Diálogo de sordos con la ONU

Pocos extranjeros conocen la mentalidad de los generales que gobiernan Birmania como Razali Ismail, diplomático malasio que actuó durante cinco años como enviado especial de la ONU con el objetivo de inducir a la dictadura militar a introducir reformas políticas.

"Cuando una habla con el hombre fuerte de allí", el general Than Shwe, "no es un diálogo lo que se tiene. No se puede esperar tal cosa", dijo Razali a IPS entrevistado por teléfono desde Kuala Lumpur, donde se dedica a los negocios tras dejar la carrera diplomática.

Los intentos de enviados extranjeros de discutir la política interna son recibidos con desdén, agregó. Para Than Shwe, todas esas acciones son una intromisión en los asuntos del país.

Los años que pasó a partir de 2000 en tratativas con la dictadura militar birmana convencieron a Razali de que negociar "con un gobierno autoritario es un proceso muy lento".

La líder de la oposición democrática y premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi fue liberada de su arresto domiciliario sólo en 2002, luego de negociaciones de Razali con el régimen. Pero no duró mucho: volvió a ser confinada en su casa en mayo de 2003 y permanece en esa situación hasta hoy.
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Razali renunció a su misión en 2006, ante la imposibilidad de hacer que la junta militar entrara en razones y luego de que se le negara por dos años una visa de entrada a Birmania.

Esta experiencia puede ofrecer algunas pistas a la comunidad internacional y los habitantes de ese país sobre lo que se puede esperar de las negociaciones de estos días entre Than Shwe y el actual enviado especial de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), Ibrahim Gambari.

El diplomático se reunió el martes con el general en la remota capital de Birmania, Naypyidaw, tres días después de llegar en una misión de emergencia para transmitir la preocupación de la comunidad internacional por la represión de "pacíficos manifestantes" prodemocráticos y con el propósito de reanudar un "diálogo constructivo" orientado hacia una reforma política.

El resultado de esa conversación permanece en el misterio.

Un atmósfera de secreto similar cubrió las reuniones que Gambari tuvo el domingo. La más importante fue la que mantuvo con Suu Kyi durante más de una hora en una casa de huéspedes del gobierno en Rangún.

El enviado de la ONU también se entrevistó con funcionarios de menor jerarquía de la dictadura, como el primer ministro interino, teniente general Thein Sein; el ministro de Información, brigadier general Kyaw San y el ministro de Cultura, general Khin Aung Myint.

Esta visita de Gambari a Birmania es su tercera desde mediados de 2006. Tras las dos misiones iniciales, en mayo y noviembre del año pasado, el enviado del organismo mundial se refugió en una vaga jerga diplomática para comunicar lo que había logrado.

Existió, dijo, una "dura negociación" sobre algunos temas políticos problemáticos.

Pero las visitas del año pasado no tuvieron como trasfondo la sangrienta represión contra civiles, en especial monjes budistas, en las calles de Rangún y otras ciudades, para escándalo de la ONU y de numerosos gobiernos del mundo

Cuando Gambari llegó a Birmania el sábado, se especulaba acerca de si los comandantes lo recibirían. Eso no ocurrió el domingo ni el lunes, lo cual aumentó la preocupación. Si no se celebraba la reunión, la conclusión sería evidente: una misión sin significado alguno.

El trío que concentra el poder en Birmania incluye, además de a Than Shwe, a los generales Maung Aye y Soe Win. Este último ganó sus jinetas como experto en guerra psicológica y también es conocido por su política de disparar primero y preguntar después, aplicada contra los rebeldes separatistas de la etnia karen, en el oriente del país.

Than Shwe se convirtió en líder de la junta en 1992. Desde entonces hubo un flujo ininterrumpido de enviados de la ONU que buscaron llamar su atención y se fueron con las manos vacías. Además, se les negó la posibilidad de un futuro acceso.

En esa lista figuran a Yozo Kokota, relator de derechos humanos del foro mundial entre 1992 y 1996, y Álvaro de Soto, enviado especial de 1997 a 1999.

Hubo en total seis enviados de la ONU que buscaron lograr cambios en Birmania. Casi ninguno pudo cumplir su misión en una atmósfera de libertad.

En noviembre de 2003, el diplomático brasileño Paulo Sergio Pinheiro descubrió que los militares habían colocado micrófonos en la habitación que le asignaron para entrevistar a víctimas de violaciones a los derechos humanos.

"Than Shwe encara sus reuniones con los enviados de la ONU como si se tratara de una guerra", dijo a IPS Win Min, profesor birmano de la Universidad Chiang Mai, en el norte de Tailandia.

"Primero envía a los ministros de menor jerarquía, como si fueran las avanzadas de infantería, para descubrir qué quieren los diplomáticos y qué preguntas tendrá que responder cuando se encuentre con ellos", agregó.

Sin embargo, mientras los militares permanezcan en el poder, indicó Razali, "habrá que trabajar con los generales. Uno no puede deshacerse de ellos".

(FIN/IPS/traen-jsp-mj/mmm rdr/ap wd ip hd/07)

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