DDHH-IRÁN: El exilio como política de Estado

El régimen iraní tiene una política no declarada pero persistente para manejar a la oposición: alentar el exilio voluntario de académicos, artistas y activistas políticos.

Esa política sigue un patrón establecido desde bastante antes de la Revolución Islámica que en 1979, bajo el liderazgo del ayatolá Ruollah Jomeini, derrocó al prooccidental shah Mohammad Reza Pahlevi.

"Los opositores tienen la posibilidad de exiliarse y minimizarle al régimen el costo de tener tantos presos de conciencia", dijo a IPS un político reformista de Teherán, que pidió reserva de su identidad.

"Antes de 1979, el Shah dijo abiertamente a los disidentes que se fueran si no querían acatar sus reglas. Los detractores podían elegir el exilio, la cárcel o la muerte", explicó.

El activista político preso y ex líder estudiantil Abdollah Momeni es una de las figuras opositoras que el régimen iraní querría fuera del país.

Su esposa declaró que Momeni se las ingenió para decirle que en los interrogatorios no dejan de preguntarle por qué no optó por irse, según el sitio de Internet Advar News, dirigido por estudiantes iraníes.

Momeni permanece incomunicado desde hace dos meses, cuando fue detenido en una ola de arrestos de estudiantes. Pudo intercambiar algunas palabras con su esposa mientras agentes de seguridad lo condujeron a su casa para revisar sus documentos y pertenencias.

La mujer informó a Advar News que Momeni estaba demasiado flaco y tenía moretones por todo el cuerpo.

La detención de disidentes, estudiantes, defensores de los derechos femeninos y laborales, periodistas y académicos motivó en los últimos meses protestas de organizaciones de derechos humanos internacionales como Human Rights Watch, Amnistía Internacional y Reporteros sin Fronteras, además de la Unión Europea.

Otros conocidos presos políticos, como el sindicalista Mansour Osanlou, los académicos Haleh Esfandiari y Kian Tajbakhsh y el periodista kurdo Sadegh Kaboudvand, están acusados de atentar contra la seguridad nacional.

Si un tribunal los halla culpables podrían sufrir duras condenas, incluida la pena de muerte.

Dos activistas fueron sentenciadas hace dos meses a prisión y azotes por participar en manifestaciones pacíficas y dos periodistas kurdos fueron ejecutados en la horca.

Por otra parte, el inconformismo con la ideología islamista priva a muchos del derecho a la educación o al ingreso al personal del Estado.

El gobierno de mano dura del presidente Mahmoud Ahmadinejad impidió el ingreso de muchos estudiantes a la universidad y reinstauró la investigación de antecedentes ideológicos en oficinas estatales.

"Un ex compañero de clase aprobó su examen de ingreso a la universidad el año pasado, pero no fue admitido. Funcionarios de investigación de antecedentes ideológicos del Ministerio de Educación le dijeron que no tenía posibilidades de estudiar en Irán", relató una joven estudiante de Teherán que pidió reserva de su identidad.

"No pudo seguir estudiando, simplemente porque no fue considerado ideológicamente apto para obtener un título de tercer grado ni para ser funcionario público", protestó.

"También aumentó la presión sobre profesores universitarios tras las detenciones y confesiones televisadas de académicos como Esfandiari y Tajbakhsh. Varios de ellos recibieron la orden de informar a las autoridades de todos sus viajes al extranjero, incluida su participación en seminarios y conferencias", apuntó.

"Varios profesores, incluidos tres destacados reformistas, acaban de ser expulsados de universidades estatales. Es una señal para todos: quédense callados o perderán sus empleos", añadió.

La represión se extiende a otros sectores como el artístico.

Toda obra de arte debe someterse a una evaluación ideológica antes de ser publicada, exhibida o presentada.

Para muchos artistas es fácil abandonar el país y trabajar en el extranjero.

El laureado director de cine Mohsen Makhmalbaf prefirió exIliarse hace unos años que protestar contra las restricciones que le imponían.

"Hace unos años hubieran negado pasaportes o permisos de salida a los detractores por temor a que hicieran propaganda contra el régimen en el exterior. Pero ahora eso ya no les preocupa", sostuvo el político reformista de Teherán.

"Quieren aislar al país del mundo exterior, cómo sea, y gobernar sin oposición interna. Pero los disidentes obtienen últimamente permiso para abandonar el país, incluso con juicios pendientes o inmediatamente después de salir de prisión", explicó.

"Mientras el periodista y escritor Akbar Ganji estuvo en prisión hizo huelga de hambre y casi se muere. Aparecía todo el tiempo en los noticieros nacionales e internacionales. Lo dejaron salir del país al salir de la cárcel, en marzo de 2006", recordó.

"Lo mismo le sucedió al intelectual Ramin Jahanbeglou cuando salió de la cárcel", añadió el político.

La política de alentar el exilio disidente quedó en evidencia con el caso de un ex dirigente estudiantil que huyó del país durante una breve salida de prisión concedida para asistir al funeral de su hermano, también líder estudiantil, que murió realizando huelga de hambre mientras estaba detenido.

"Al parecer, sus custodias recibieron la orden de mirar para otro lado y dejarlo partir. Al permitir que estas personas huyan, el régimen se aparta de la sociedad civil", indicó el político.

"Pero también, ahora que se fueron, es más fácil para el régimen acusarlos de servir a los intereses extranjeros", concluyó.

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