BIRMANIA: La dictadura no respeta ni a Buda

En un intento desesperado para mantenerse en el poder, la dictadura de Birmania pisoteó este miércoles la tradición religiosa de este país, al reprimir con ferocidad a monjes opositores en una fecha en que la mayoría budista colma las pagodas.

Los militares no mostraron compasión al reprimir a monjes budistas desarmados, quienes habían estado cantando durante días el "metta sutta", una oración que alude a la bondad, y reclamaban el retorno de la democracia durante protestas callejeras.

Los monjes fueron atacados durante todo el día por policías antimotines en esta ciudad, la capital comercial del país. Muchos fueron golpeados y, según diversas versiones, entre uno y cinco murieron a causa de las heridas. Más de 100 fueron arrestados.

Frente al templo budista más sagrado, la pagoda Shwedagon, un grupo de monjes comenzaron a marchar por la calle antes de que comenzara la violencia.

Cuando fueron bloqueados por la policía antimotines respondieron con un gesto pacífico: se pusieron de rodillas y pidieron permiso para entrar a la pagoda. "Tenemos órdenes de disparar", dijo uno de los policías.
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Numerosos civiles que habían acudido al lugar para apoyar a los monjes en un nuevo día de protestas comenzaron a entonar consignas contra los militares. "El entrenamiento que les dan no es para matar gente", cantó con ira un grupo de mujeres.

El ánimo de los monjes no era diferente. Había desaparecido la imagen de resistencia pacífica que miles de ellos mostraron al liderar a los civiles en las manifestaciones callejeras que reunieron esta semana a más de 100.000 personas, una cifra que no se había alcanzado en los últimos 20 años.

"No nos preocupan las fuerzas de seguridad. Vamos a seguir con nuestra marcha", dijo a IPS un joven monje, con voz desafiante.

Hacia la noche, la junta militar parecía lista para tomar medidas más estrictas. El toque de queda impuesto el día anterior se extendió para mantener a la gente en sus casas desde el anochecer hasta el amanecer.

"No creo que este gobierno se preocupe por la presión internacional. Ellos saben que cuentan con el apoyo de los países no occidentales", señaló un periodista de esta ciudad.

No es sorprendente que miembros del gobierno elegido democráticamente, hoy en el exilio, prevean un recrudecimiento de la violencia, dados los ataques contra símbolos sagrados como los monjes budistas.

"Esto ha provocado la ira de muchas personas", dijo a IPS en Bangkok Sann Aung, ministro del gobierno nacional de coalición de Birmania en el exilio.

"Los ataques contra los monjes y este derramamiento de sangre es algo serio. Los militares no serán perdonados por cruzar esa línea sagrada. Colocaron claramente la fuerza por encima de su religión", agregó.

La suerte de los monjes arrestados también indignará a la población, según ex prisioneros políticos birmanos que informan sobre la situación de los derechos humanos en su país desde la ciudad de Mae Sot, en el norte de Tailandia.

"Podrían ser torturados antes de que los envíen a la prisión de Insein en Rangún", dijo a IPS Bo Kyi, uno de los líderes de la Asociación de Asistencia a los Prisioneros Políticos.

La clara división entre la junta y los religiosos se produce poco después de que los monjes decidieran excomulgar a los militares y sus seguidores, en respuesta al ataque por fuerzas del gobierno a un grupo de clérigos que protestaban a principios de septiembre.

Declararon que hasta tanto la junta pida disculpas, no aceptarán alimentos de los militares ni compartirán las oraciones con ellos y los partidarios del régimen.

La Comisión Asiática de Derechos Humanos, con sede en Hong Kong, difundió una carta que un monje envió al "hombre fuerte" de Birmania, el general Than Shwe.

"Los titulares originales del poder, el pueblo, han sido hechos víctimas inocentes, cada vez más reprimidos y empobrecidos", escribió U Thangara Linkara, abad del monasterio de Dhamma Yeiktha.

"General, si usted realmente quiere resolver las dificultades actuales, devuelva rápidamente el poder a quien le pertenece, al pueblo", agregó.

Esa es la posición de la mayoría de los monjes, quienes asumieron el liderazgo en las marchas que se transformaron en una revuelta popular.

Los religiosos declararon que se identificaban con el pueblo. Muchos se han empobrecido a causa de la situación económica. La chispa que generó las protestas fue la decisión de la junta de aumentar el precio del combustible 500 por ciento en agosto.

Las manifestaciones son las más nutridas desde 1988, cuando una revuelta popular que reclamaba democracia fue brutalmente aplastada por los militares. Unas 3.000 personas fueron asesinadas entonces.

Los militares, que están en el poder desde hace 45 años, no muestran signos de arrepentimiento por esa brutal represión.

Según el ministro de Culto, general Tura Myint Maung, la raíz del problema se encuentra en la acción de agitadores "celosos del desarrollo nacional y la estabilidad". Las protestas, agregó, son "sistemáticamente manipuladas desde el exterior".

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