UNIÓN EUROPEA: Tras la globalización de la democracia

La Unión Europea (UE) es una potencia, el mayor mercado importador y la que aporta más ayuda al desarrollo, lo cual la impulsa a liderar una globalización democrática, en paz y con justicia social, según Enrique Barón Crespo, integrante de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo.

Al comenzar el diálogo con IPS sobre el papel de la UE en el mundo, dijo que se debe tener presente que este bloque "es la primera potencia económica y comercial, que una sola persona representa a 27 países en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de su Ronda de Doha y, lo más significativo, que se ha dotado de una moneda única, el euro, que ya es una de las dos grandes monedas de reserva".

Por todo ello, añadió, "juega y debe jugar un papel de primer orden en el apoyo a una globalización democrática, prestando especial atención al desarrollo de los países del Sur, desarrollo indispensable para que esa globalización se concrete en paz y justicia social".

Barón Crespo, actual jefe de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo, fue presidente de ese cuerpo legislativo de 1989 a 1992 y ministro de Transporte, Turismo y Comunicaciones de España entre 1982 y 1985, en el primer gobierno de Felipe González, además de diputado y profesor de economía.

También presidió el Grupo Socialista Europeo y la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo (2000-2004)

IPS: —¿Puede, realmente, la UE ser una alternativa a la hegemonía de Estados Unidos en el mundo?

Enrique Barón Crespo: —La UE tiene que ser la locomotora económica mundial en el próximo futuro. Estados Unidos se acerca al fin del ciclo y Japón tardará tiempo en superar realmente su crisis. El euro es una divisa consagrada y forma parte de las reservas de la mayor parte de los bancos centrales. La UE aporta más de 40 por ciento del presupuesto de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), más de las dos terceras partes de las fuerzas internacionales de pacificación e interposición y está firmemente comprometida en que se cumplan los Objetivos de Desarrollo para el Milenio (aprobados en el foro mundial en 2000).

—El mundo sigue amenazado por guerras y conflictos bélicos, ¿qué hace o debe hacer la UE ante esta situación?

—La UE es el primer intento de una democracia supranacional en la historia, formada por estados-naciones y casi continental. Con este proceso terminó la historia de guerras civiles continuas, se logró la paz y se creó un motor de prosperidad, el gran valor de esta región. Tengamos presente que el bloque es pionero en la construcción de un mundo democrático global.

—Bien, pero cerca de sus fronteras, en Israel e Irán, se plantea el tema de la proliferación de armas de destrucción masiva…

—En la UE, sólo dos estados tienen armas nucleares a las que asignan un valor disuasorio, Francia y Gran Bretaña, (también) miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Otros estados tienen capacidad para producirlas, como Alemania, Italia y España, pero no se han planteado lanzarse a desarrollar su propio armamento nuclear. La filosofía que prevalece en Europa es mantener y desarrollar todos los pactos contra la proliferación, porque no hay ninguna razón para instalar sistemas balísticos y nucleares en el centro del continente. No existe una amenaza.

—¿O sea que no hay problemas?

—Sí, los hay. Ucrania tiene más armamento nuclear que Francia. Una situación desastrosa es lo que ocurre con el basurero de submarinos rusos. La UE ha financiado planes para evitar cargas nucleares en el mercado negro. Pero el problema más grave se plantea en Asia, donde existiendo ya dos potencias nucleares como Paquistán e India, un día sí y otro también aparece Irán pugnando por ser la tercera.

—Ante eso, ¿qué postura debe adoptar el bloque?

—Fortalecer la unidad frente a intentos bilaterales, así como apoyar y favorecer procesos de utilización de la energía nuclear pacíficamente.

—Se dice que Israel posee armas atómicas. ¿Cómo toma la UE ese asunto?

—La postura de Israel contrasta con la pacificación. Para la UE es un problema de primera atención, con un tema complicado como los planteados por Israel y Palestina. Lo básico es reconocer los dos estados y apoyar a la Autoridad Nacional Palestina. La UE es el mayor interlocutor económico con Israel, ha conseguido que se den los pasos más importantes como (los acuerdos de 1993 de) Oslo y el Cuarteto (la instancia de mediación internacional que el bloque integra con Estados Unidos, Rusia y la ONU). Ahora hay que trabajar para reducir la carrera de armamentos convencionales y en su momento poner el tema nuclear sobre la mesa.

—En el plano económico. ¿Se seguirá con los subsidios a las exportaciones europeas, que dañan a los países del Sur?

—Desde la Ronda de Doha (en la OMC), a la que seguí muy de cerca, se está negociando, y la UE se comprometió a eliminar los subsidios a la exportación. Eso está avanzando con la reforma de la Política Agraria Común, sobre la base de que los demás también lo hagan y en especial Estados Unidos, Canadá y Australia.

—¿Hay grandes diferencias entre las posiciones de Europa y Estados Unidos?

—Lo principal, hoy, es que Estados Unidos acepte reducir sus subsidios, pero en vez de eso el presidente George W Bush los subió por razones electorales.

—La UE no apoyó la invasión de Iraq. ¿Puede hacer algo para que no vuelva a ocurrir algo similar en otro país o región?

—Lo primero es no apoyar ese tipo de acciones. Pero hay que tener presente que desde el final de la Segunda Guerra Mundial no hubo una invasión tipo imperial que se haya aceptado. Eso forma parte del mundo de la descolonización. Estados Unidos se tuvo que retirar de Vietnam fracasando. En Iraq tiene que reconsiderar su posición. Pero no olvidemos que también nosotros cometimos errores, como en la segunda guerra del Golfo, pero hoy está claro que el sistema de aventuras imperiales está condenado al fracaso.

—Para concluir, ¿usted considera a la democracia como un producto europeo exportable?

—De ninguna manera. Debemos profundizar la democracia en nuestro continente y apoyarla en el resto del mundo, pero no olvidemos que el primer gran debate sobre la dignidad de la persona y el carácter inalienable de los derechos humanos se inició en América. Allí, unos hombres valerosos, como (fray Toribio de Benavente) Motolinía y (fray Bartolomé de) las Casas, se opusieron a las conquistas, las encomiendas y demás formas de esclavización. Su teorización por (Vindicación de) Vitoria y (Francisco) Suárez permitió la creación del derecho de gentes. Y a fines del siglo XVIII fue un doble foco el que prendió en América y en Europa para convertir esta justa causa en la base legitimadora de la convivencia política.

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