LÍBANO: El sur ocupado, ahora por bombas de racimo israelíes

Las bombas de racimo constituyen la nueva modalidad israelí de ocupación, según agricultores del sur de Líbano que quedaron sin acceso a sus propias tierras por culpa del millón de explosivos sin detonar que siguen allí desde la guerra del año pasado.

En julio y agosto de 2006, en su guerra contra el islamista Partido de Dios (Hezbolá) libanés, Israel arrojó en el área unos cuatro millones de bombas de racimo y otros proyectiles que destruyeron aldeas, desplazaron a miles de personas y causaron enormes daños económicos.

La cuarta parte de los predios de cultivo en esta zona del país quedaron hasta hoy intransitables por esa causa, según diversas estimaciones. Las pérdidas del sector ganadero se calculan en casi 22 millones de dólares.

"En tres haciendas de la aldea fronteriza de Aita al-Shaab murieron todos los animales, no solo por el bombardeo sino también porque quedaron sin alimentos ni agua tras la huida de los aldeanos ", explicó Saada Allaw, periodista del diario libanés en árabe Assafir.

La mayoría de los pequeños cultivadores del sur, cuya producción está destinada a su propia subsistencia y al comercio local, perdieron más de un tercio de sus ingresos por la presencia de bombas de racimo.
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"Cuando la guerra terminó no se nos permitió ingresar a nuestros campos hasta el despeje de todas las bombas de racimo. Hallaron 75 de ellas aquí", dijo Rima, productora rural del meridional pueblo de Adloun.

"Habitualmente ganamos entre 1.000 y 1.300 dólares anuales por la venta de tomillo fresco. Pero este año nos perdimos la temporada de siembra", lamentó.

Las bombas de racimo son artefactos lanzados desde el aire o mediante artillería tierra-tierra que, a su vez, contienen hasta 650 bombas pequeñas. A menudo, éstas no explotan al hacer impacto.

Diseñadas para usar contra blancos militares, estos explosivos permanecen en la superficie de la tierra o se hunden en ella, lo cual las convierte en virtuales minas terrestres.

Las pequeñas bombas quedan ocultas en los pastizales e incluso en ramas de árboles, o siguen el curso de colinas luego de las lluvias, desplazándose a áreas que ya fueron despejadas de explosivos.

"Destruir la agricultura es una táctica especialmente importante. Esta actividad conecta a las personas con la tierra. La tierra es fuente de sustento, pero es también donde se arraigan los hábitos, las costumbres y la cultura del lugar", explicó Rami Zurayk, profesor de manejo de ecosistemas en la American University de Beirut.

El 12 de julio de 2006, miembros de Hezbolá ingresaron a territorio israelí, donde asesinaron a ocho soldados israelíes y secuestraron a otros dos, que aún permanecen prisioneros.

Al día siguiente, Israel lanzó su respuesta militar contra Hezbolá, que afectó a grandes sectores de la población civil libanesa. En el conflicto, que se extendió 34 días, murieron unos 1.200 libaneses y 160 israelíes, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El uso de bombas de racimo por parte de Israel dio origen a una ola de indignación internacional que tuvo consecuencias políticas.

El Comité de Asignaciones de Estados Unidos resolvió en junio, a propuesta de los senadores del opositor Partido Demócrata Patrick Leahy y Dianne Feinstein, restringir la venta o transferencia de estas armas por parte de este país.

Según el proyecto, esos artefactos deberán tener una proporción de fallos menor a uno por ciento. Los contratos de venta o transferencia tendrán que especificar que estas bombas sólo se usarán contra objetivos militares definidos claramente y de ningún modo en sitios donde haya civiles.

"Las bombas de racimo fueron empleadas en las últimas 72 horas de la operación militares israelí. El gobierno pensaba que ése era el modo de destruir a Hezbolá, pero destruyó, en cambio, aldeas, vidas y recursos para la supervivencia", sostuvo Sarah Leah Whitson, directora para Medio Oriente de la organización de derechos humanos Human Rights Watch.

"Estados Unidos es un importante proveedor de bombas de racimo de Israel", dijo Whitson. Las bombas fueron arrojadas a pesar de un acuerdo entre los dos países "que prohíbe a Israel usar submuniciones de racimo en áreas pobladas por civiles".

Casi 90 por ciento de la economía de Aita al-Shaab se basa sobre el cultivo de tabaco. "Yo vivo de la cosecha de tabaco. Todavía estamos esperando que revisen las bombas de racimo para poder plantar, así que este año no habrá cosecha", dijo una mujer de la zona que solicitó no ser identificada.

Muchos agricultores expresaron su enojo en torno a la falta de compensaciones gubernamentales. La mayoría están endeudados tras perder sus cosechas, y no saben qué ocurrirá si no logran devolver sus préstamos.

Luego de la guerra del año pasado, las autoridades ofrecieron préstamos por millones de dólares a los productores de tabaco, el único cultivo que el gobierno subsidia.

"En la última guerra, el gobierno no ofreció ningún aliento económico a las pequeñas empresas, en especial a las aldeas", señaló el analista político Rafi Madayan. "Debería participar con la ONU en programas de desarrollo en las aldeas, para brindar más asistencia al sector agrícola."

A comienzos de mes, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) anunció un programa de 3,3 millones de dólares para ayudar a los agricultores del sur a mejorar su productividad, concentrado en los sectores hortícola y ganadero.

"Los criadores de ganado que perdieron a sus animales recibirán ayuda para adquirir nuevos. También se tomarán medidas para mejorar la productividad en las áreas afectadas", informó la FAO.

"Durante la ocupación israelí (del sur de Líbano), entre 1982 y 2000, la población no tuvo acceso libre a su propia tierra y buena parte del área fue minada. Los israelíes se niegan aún hoy a entregar mapas de las zonas que minaron", agregó.

En el sur de Líbano vive una parte importante de la población más pobre del país. El recuerdo de la ocupación israelí persiste fuertemente entre los habitantes del área, de predominio chiitas.

Israel ya usaba bombas de racimo en Líbano en los años 80. En esa época, Estados Unidos impuso restricciones a su uso y luego una moratoria a la transferencia de estas armas a Israel, preocupado por las víctimas civiles.

Las bombas de racimo arrojadas hace más de dos decenios continúan afectando a los agricultores. Las bombas de racimo y otros artefactos que no explotaron al ser arrojados mataron al menos a 30 personas e hirieron a 209 desde el cese de hostilidades, el 14 de agosto de 2006.

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