SRI LANKA: Noruega sin apuro

Se aguarda con gran expectativa que Noruega reanude su papel clave de mediador entre el gobierno del presidente de Sri Lanka, Mahinda Rajapakse, y los insurgentes Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE, por sus siglas en inglés), pero al parecer Oslo no tiene ningún apuro.

El portavoz de la embajada de Noruega en Colombo, Erik Nurenberg, dijo el martes a IPS que no estaba prevista ninguna visita del enviado especial de paz, Johann Hansen Bauer, en lo inmediato al norte y este de la isla, bajo control tamil, como se había anunciado.

"No existen tales planes. Son meras especulaciones", afirmó Nurenberg.

Fuentes diplomáticas indicaron que la visita podría tener lugar en los próximos meses si mejoran las condiciones en el terreno, pero los Tigres señalaron que primero el gobierno debía esforzarse por generar confianza.

"El gobierno debe primero ganar la confianza de la población del norte y este de la isla antes de pensar en negociar", dijo el portavoz militar del LTTE, Rasiah Illanthariyan.

Fracasaron varios intentos de Noruega y otros países, como Japón, por reanudar el diálogo. Incluso el embajador Hans Bratskkar, en Colombo, tuvo que cancelar dos viajes previstos para la sede política de los Tigres en la localidad de Kilinochchi, en la provincia Norte, porque el gobierno no pudo garantizar la seguridad.

La última iniciativa de Colombo para que regresen los noruegos a la mesa de negociaciones fue lanzada tras varios meses de combates, que dejaron cientos de muertos e hizo retroceder al país a los peores días del conflicto étnico, que desde hace dos décadas asola a esta nación asiática.

Sri Lanka tiene alrededor de 20 millones de habitantes, de los cuales 74 por ciento pertenecen a la etnia cingalesa, la mayoría budista, y 18 por ciento a la etnia tamil, proveniente del sur de India, que practica el hinduismo.

Soldados fuertemente armados patrullan las ciudades y hay puestos de control en todos los puntos de ingreso a la capital. El único aeropuerto de país reinició sus operaciones nocturnas a principios de este mes tras dos meses de interrupción por las incursiones aéreas de los Tigres tamiles.

La violencia recrudece desde diciembre de 2005 y, según el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, fueron afectados tres millones de ciudadanos, hay 500.000 desplazados y más de 4.000 muertos.

Las nuevas víctimas se suman a las más de 65.000 personas que murieron desde que en la década de los 80 comenzó el conflicto étnico.

La tregua de febrero de 2002, impulsada por la escandinava Misión de Supervisión del Alto el Fuego (SLMM, por sus siglas en inglés), quedó hecha trizas.

Las conversaciones pactadas para agosto del año pasado fracasaron incluso antes de que los bandos enfrentados se reunieran en una sala de conferencias de Ginebra.

En las últimas dos semanas disminuyeron los combates, pero eso no es garantía de que no recrudezcan pronto.

"No hay ambiente para negociar en este momento", señaló Illanthariyan.

Según la SLMM, prevalecen las tensiones tanto en el norte de la isla como en el este.

"Desde hace semanas se escuchan a diario disparos de artillería, de diversos grados, cerca de la localidad de Poonaryn" en la provincia Norte, reza el último informe de situación elaborado por la misión de paz.

Tras una batalla marítima a mediados de junio, el gobierno informó que sus fuerzas habían matado a 40 combatientes de los Tigres tamiles y capturado un gran barco suyo a la altura de la septentrional península de Jaffna, bastión de la etnia tamil.

A partir de agosto se agudizó la violencia entre las fuerzas gubernamentales y cuadros del LTTE, cuando comenzaron los enfrentamientos frontales.

El 11 de agosto la península de Jaffna quedó aislada al cerrarse la carretera que la conecta con el resto de la isla.

En ese contexto, la invitación cursada por el gobierno para que los noruegos visiten la sede política de los Tigres es inoportuna, según observadores.

"Está fuera de lugar dada la situación actual. No parece haber un cambio de actitud en ninguno de los bandos", señaló Jehan Perera, director ejecutivo del Consejo Nacional de Paz, una organización independiente con sede en Colombo.

"La situación en el terreno no sugiere que haya cambios. Sólo fueron declaraciones" de intenciones, indicó.

Otros analistas consideran que los enfrentamientos armados deben cesar para habilitar las negociaciones.

"Sin duda tienen que cesar las hostilidades para que haya mejoras en el terreno y esperanzas de que avance el diálogo", señaló el portavoz de la SLMM, Tofinnuir Omrasson.

Aunque, admitió, que es más fácil decir que hacer. "La realidad puede ser diferente, pero aún hay lugar para la esperanza", añadió.

Los Tigres dijeron que sentían que los últimos acercamientos del gobierno obedecieron a presiones de la comunidad internacional.

En un encuentro de donantes realizado en Oslo la semana pasada, en el que participaron representantes de Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Noruega, se decidió presionar a Colombo para que los noruegos pudieran visitar la sede de los Tigres.

Sri Lanka ocupó un lugar destacado en la última reunión del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acerca de la protección de civiles en conflictos armados, en el que los delegados urgieron a ese órgano medidas más enérgicas al respecto.

"Hombres, mujeres y niños siguen siendo objetivos deliberados de las partes combatientes y entidades terroristas en Darfur, Afganistán, el norte de Uganda, Líbano, Somalia y Sri Lanka, entre otras áreas", reza una declaración del Consejo.

El último informe del centro académico International Crisis Group, con sede en Bruselas, calificó la respuesta de la comunidad internacional acerca de los abusos de derechos humanos cometidos en Sri Lanka de "inconexa, deslucida y lenta".

Según los Tigres, ese tipo de presión es la que impulsa al gobierno, que carece de un deseo genuino de terminar con la violencia.

"El gobierno dice estar listo para conversar motivado por la presión ejercida por la comunidad internacional. No lo hace por voluntad propia. Todos saben lo que hizo Colombo la última vez que ambos bandos se reunieron en Ginebra", sostuvo Illanthariyan.

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