NEPAL: Las intrigas del rey

Hace cuatro meses, todos en Nepal miraban hacia el trono en busca de una solución a la crisis política. Pero en la actualidad, el rey Gyanendra es sólo una sombra —aunque persistente— sobre el frágil proceso de paz a cargo del gobierno y la insurgencia maoísta.

El 1 de febrero de 2005, Gyanendra encabezó un golpe de Estado y se atribuyó todo el poder político. En abril del año siguiente resignó el gobierno —pero no la corona—, obligado por un enérgico movimiento popular que duró 19 días.

El parlamento lo despojó por completo de todas sus facultades, más allá de las ceremoniales. La mayoría de los nepaleses creen que Gyanendra será el último rey de Nepal, antes de la consagración de la república en esta nación de Asia meridional.

El rey es hoy una figura extraña en la capital, y teme ser convocado por una comisión que investiga la violenta represión de las manifestaciones populares de abril. ¿Qué hará ahora?

Algunos prevén que se suicidará. "¿Cómo es posible que alguien a quien se consideró la encarnación del dios Vishnu vive con la humillación de que tal vez deba pagar impuestos?", preguntó hace poco el director de una organización internacional que asistía en una cena en Katmandú.

"Oí que practicaba un rito para el que encendía ajíes secos, creyendo que el humo le daría poderes sobrenaturales", agregó.

"Lo convirtieron en una figura completamente ceremonial, sin poder", dijo a IPS el abogado constitucionalista Bhimarjun Acharya. Cuando se rindió ante los cientos de miles que marchaban por las calles en abril, "dijo categórica y explícitamente que el poder radica en el pueblo."

Desde entonces, el parlamento, disuelto por el monarca en 2002 y restablecido en abril, le despojó del mando del ejército, declaró gravables las propiedades de la familia real y eliminó del protocolo la fórmula "gobierno de su majestad" para sustituirla por la de "gobierno de Nepal".

No satisfechos con eso, el parlamento le retiró esta semana al rey Gyanendra del título de patrono del Templo de Pashupatinath en Katmandú, uno de los sitios más sagrados del hinduísmo mundial. El primer ministro ostenta ahora ese privilegio.

La presidencia del Comité de Apoyo al templo, antes a cargo de la reina, será ejercida por el ministro de Cultura, Información y Turismo.

A comienzos de mes, el parlamento decidió que el 7 de julio, día del cumpleaños del rey, ya no sería feriado nacional.

Pero eso no impidió que algunos miles de personas se reunieran en el Palacio de Narayanhiti, en el centro de Katmandú, entre ellas sacerdotes hindúes, monjes budistas, ex ministros del régimen y el jefe del ejército, general Pyar Jung Thapa.

Algunos interpretaron la visita de Thapa como un desaire al parlamento. "El ejército es completamente leal al rey", dijo Acharya. "Algunos creen que puede haber otro golpe de estado."

La situación política dista de ser estable. Continúa el diálogo de paz entre la alianza de partidos políticos que encabezó el movimiento popular de abril y los maoístas, que se atribuyen 36.000 combatientes.

Pero los rebeldes conservan sus armados, y circulan insistentes versiones sobre nuevos reclutamientos y solicitudes de "donaciones".

Los líderes guerrilleros acusan a los políticos de no cumplir con el acuerdo, que incluye una demanda histórica de los rebeldes: disolver el parlamento y llamar a elecciones para una asamblea constituyente que represente a todos los sectores de la sociedad nepalesa.

Esa asamblea debería estar a cargo de elaborarar una nueva Constitución que detalle el futuro de la monarquía.

Un ex funcionario de gobierno, Yadav Kant Silwal, cree que algunos países con influencia sobre Nepal prefieren el mantenimiento de la monarquía, porque, de lo contrario, se creará un vacío que podría ser llenado por los maoístas, en armas desde hace una década.

"Al embajador estadounidense James F. Moriarty e incluso a India no les importaría que la monarquía continúe. Los monárquicos y algunos militares deben estar buscando una oportunidad" para que el rey recobre poder, dijo Silwal.

El primer ministro Girija Prasad Koirala argumentó que se debe dejar la puerta abierta para que la monarquía tenga cierta presencia en el nuevo Nepal para evitar una reacción violenta de fuerzas "retrógradas", entre otras finalidades.

El conocido activista Devendra Raj Panday rechaza cualquier rol futuro para la monarquía. "Sólo porque sea viejo no significa que sea valioso. Estamos intentando recrear Nepal sobre nuevos valores y a tono con las demandas del momento. No podemos cargar un equipaje histórico que podría ser perjudicial."

Las demandas populares "podrían haber sido abordadas, y la armonía construida y mantenida" desde la monarquía, pero la corona "defendió mucho el feudalismo y a las elites a expensas de vastos sectores de la población", agregó Panday.

El comité de cuentas públicas del parlamento dijo a comienzos de mes que investigará las riquezas de la familia real.

El rey Gyanendra posee varias propiedades y empresas de alto valor económico, entre ellas buena parte de las acciones del Grupo Soaltee, el tercer conglomerado empresarial de Nepal, con activos netos calculados en 100 millones de dólares.

En junio de 2001, el rey Birendra —predecesor de Gyanendra, su hermano menor— y toda su familia fueron asesinados a tiros por el príncipe heredero Dipendra, en la más sangrienta masacre de la historia de la monarquía mundial.

Tras la masacre, Gyanendra adquirió todos los bienes de Birendra y de su familia. Insistentes rumores indican que depositó cientos de millones de dólares en un banco suizo y que sacó del país casi nueve toneladas de oro.

Otras versiones indican que el rey tiene intenciones de ordenar un baño de sangre antes de abandonar el poder.

"Si quisiera disparar contra cientos de civiles, Gyanendra no pestañearía", dijo a IPS durante el movimiento popular de abril un conocedor de la realidad nepalesa.

Pero un ministro aseguró que el rey no ordenó ningún acto de represión, aunque las fuerzas de seguridad mataron a 21 manifestantes en las movilizaciones.

El rey "es una persona muy impredecible", dijo Silwal, quien trabajó en estrecho contacto con Gyanendra antes de su ascenso al trono.

"A veces me pregunto si tiene sentido común. Él podría haber hecho dos o tres cosas que lo volvieran popular entre el pueblo, como usar parte de su dinero con ese fin, pero no hizo nada de eso."

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