MÚSICA-CUBA: Una leyenda caribeña en Juventud

Si pregunta por Arnold Dixon en la Isla de la Juventud, es posible que nadie sepa responderle. Pero si nombra a Sonny Boy, cualquier cubano le indicará dónde hallar a este artista septuagenario que ha mantenido vivas las tradiciones musicales acrisoladas allí por sus ascendientes anglocaribeños.

De padre natural de Islas Caimán y madre jamaicana, Dixon, conocido como Sonny Boy, nació hace 75 años en la entonces llamada Isla de Pinos, la segunda mayor del archipiélago cubano, y desde adolescente confiesa "llevar en la sangre" los ritmos tradicionales de esas naciones.

"Mi casa era un lugar donde se hacían fiestas de caimaneros y jamaicanos, y yo participaba en ellas desde niño. A partir de ahí, esa música anglocaribeña me llega, la llevo dentro y me inspira", dijo esta leyenda musical cubana en entrevista con IPS.

Atraídos por la expansión de la economía azucarera cubana en el primer cuarto del siglo XX, a este país llegaron como mano de obra de esa agroindustria inmigrantes de República Dominicana, Puerto Rico, Haití, Barbados, Islas Caimán y Jamaica.

Tomaron asiento principalmente en la región oriental del país y en Isla de Pinos, trayendo consigo obviamente su idioma, costumbres y tradiciones culturales. "Mis padres se conocieron y se casaron aquí, donde vivieron hasta su muerte", recordó Sonny.

Aunque "desde antes" integró otras bandas de música anglocaribeña, a partir de los 15 años formó "parte del Grupo Típico Pinero, que ya era un grupo formal con la idea de hacer esa música con calidad", contó el artista acerca de sus inicios.

El nombre de la formación musical aludía, por supuesto, al gentilicio de los nacidos en este lugar, que en 1978 las autoridades cubanas rebautizaron oficialmente como Isla de la Juventud. Entonces, "de Típico Pinero, pasó a ser Sucuonda y ahora Sonny Boy Band", añadió el músico.

Rememoró que además del amor por las raíces, la orquesta en los inicios cultivó el calipso, el round dance y otros géneros del Caribe anglófono, porque "en las décadas del 40 y 50" el predominante "turismo estadounidense nos pedía esas cosas".

Pero, aclaró, que "también crecí entre la música cubana, que es muy rica y me gusta igualmente", en particular la variante "pinera" del son de la isla llamado sucu-sucu, a la que ha dado cabida en su repertorio.

Incluso reconoció que hubo un tiempo en el que alternaron "las dos músicas", porque "el público era mayormente cubano" y el grupo "había cambiado" a causa de que algunos de los integrantes originales "se fueron o murieron".

No obstante los cambios de nombre y de integrantes, siempre mantuvo la música de sus ancestros, "que de verdad la siento mucho" e, incluso, ha contribuido a preservarla como arreglista musical, "porque muchas de las antiguas canciones estaban incompletas".

Reveló que sus arreglos los ha hecho "como me vienen desde adentro", con aportes de "mi sabor y mi sentir", pues el que no estuvieran musicalmente "redondeados" le permitió "enriquecer muchos de los temas".

La musicóloga cubana María Teresa Linares, en un artículo titulado "Herencia transcultural en la música del Caribe", reconoció que en "la Isla de Pinos" descendientes "de jamaiquinos y caimaneros recuerdan danzas antiguas, casi desaparecidas en sus lugares de origen".

"Los caimaneros piensan que lo que yo hago es una gloria" confesó Sonny, contraviniendo su innata modestia. "La música que yo interpreto no es conocida por la juventud caimanera, porque ellos tienen nuevos ritmos".

Harry Belafonte, el llamado rey del calipso, disfruta cada vez que viene a Cuba "descargando musicalmente" con su amigo Sonny, quien en una ocasión le reveló una versión añeja del tema "Matilda", que el músico jamaiquino-estadounidense no conocía.

En lugar de Matilda, la canción habla de "Carlitos el dulce", con letra diferente y cambios en la línea melódica. "No digamos que es la versión original para no ofender al amigo Belafonte, pero es anterior" a la conocida, argumentó el músico cubano.

Sonny Boy recordó haber grabado en 1978 con una firma discográfica de la isla su primer álbum, "con mi propio nombre", en el que incluyó géneros tradicionales anglocaribeños como el mentó, two steps, round dance y el calipso, y "un sucu-sucu para la nota cubana", apuntó.

Más de un cuarto de siglo después y con otra firma de la isla, el septuagenario cantante y guitarrista grabó "My Sunshine", segundo registro como solista en que se mantiene inalterablemente fiel a sus raíces musicales.

Con este trabajo, el músico obtuvo a fines de abril un premio especial en el Festival Cubadisco, una suerte de premio Grammy de la isla que desde 1997 reconoce anualmente a las mejores producciones discográficas del país.

La historia de Sonny recuerda mucho a los integrantes del fenómeno Buena Vista Social Club, sobre todo por su apego en mantener viva y con la mayor pureza una tradición musical, a la que ha entregado décadas de existencia.

Sólo que este pinero canta en inglés géneros de allende las fronteras cubanas y aún no ha aparecido un Wim Wenders que lo "descubra" al mundo.

El documental filmado por este cineasta alemán hace ocho años recorre el planeta con la imagen de veteranos musicos cubanos, quienes habían grabado en 1996 el disco "Buena Vista Social Club", que hasta la fecha conserva un enorme reconocimiento internacional.

Incluso Sonny Boy, devenido nombre artístico, no fue concebido para tales fines. "Surge desde que yo nací, y me lo puso mi padre porque quiere decir hijito varón en inglés, desde entonces soy conocido así", relató.

Según el cantante en la Isla de la Juventud, con una población actual de más de 80.000 habitantes, "no debe haber menos de 4.000 descendientes de caimaneros y jamaicanos", y muy pocos originarios de esas naciones, "porque se han muerto o se han ido"

La labor de rescate y preservación cultural de este hombre humilde y afable no se limita a la música. "Hace seis años realizamos el Festival del Coco, con las comidas típicas anglocaribeñas y por supuesto la música y ya es tan popular como el carnaval", sentenció.

Para subrayar el amor que siente por la música que cultiva, reconoció que "me va a costar bastante trabajo jubilarme como músico, porque incluso cuando estoy en la casa la gente viene y me busca, si fuera por ellos estaría de fiesta las 24 horas del día", concluyó.

No obstante, confesó que "hay gente en el barrio que me dicen: tu no pareces ser músico", porque, acostumbrado a las labores del campo desde muy joven, "me gusta mucho sembrar y me dedico a eso ahora más tiempo que a la propia música". (

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