EEUU-MEDIO ORIENTE: Seguridad difícil de concertar

Estados Unidos corteja a las monarquías del Golfo Pérsico o Arábigo con la misma propuesta de hace 15 años: protección frente al régimen islámico chiita de Irán a cambio de compras de armas.

Pero hoy a los gobiernos árabes no les entusiasma confiar su seguridad únicamente en manos del cada vez más impopular Estados Unidos. China depende cada vez más de la energía del Golfo y el ascenso de Irán es inevitable.

Por lo tanto, los árabes sopesan otras opciones.

Tras la guerra del Golfo de 1991, Estados Unidos estuvo en una posición única para construir una arquitectura de seguridad inclusiva para la región.

Eso habría estado en línea con la Resolución 598 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que puso fin a la guerra entre Iraq e Irán (1980-1988) y puso al cuerpo a cargo, junto con los estados involucrados, de delinear la defensa de la zona.
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Pero la presencia continuada de Estados Unidos allí dependía de su protección militar a los países del Consejo de Cooperación del Golfo ante amenazas externas, como Irán e Iraq.

El gobierno de George Bush (1989-1993), padre del actual presidente, temía que Irán aumentara su influencia a través de un acuerdo regional de seguridad, lo cual habría reducido la dependencia de los estados árabes respeto de Washington y debilitado la justificación de la presencia militar estadounidense en el Golfo.

Teherán creía que tras derrotar a Bagdad en la guerra tenía una oportunidad para hacer las paces con Washington —que entonces había apoyado al régimen de Saddam Hussein— y de reintegrarse al orden político de la región.

Pero Irán no podía competir con Estados Unidos, cuando acababa de caer la Unión Soviética y el mundo se tornaba unipolar. La alternativa para el Consejo de Cooperación del Golfo era clara: o buscaba un orden para Medio Oriente con Irán o un orden árabe con Estados Unidos.

Washington se adelantó a un acuerdo de seguridad que incluyera a todos los países del Golfo ofreciendo tratados bilaterales, y, al mismo tiempo, se las arregló para mantener aislados a los mulás (clérigos islámicos) de Teherán.

Más que aumentar la seguridad a través de medidas que despertaran confianza e implementar una diplomacia intensificada y sostenida, los árabes se armaron hasta los dientes con la bendición estadounidense, para contener lo que se denominó "amenaza iraní".

Pero los países árabes del Golfo gastaron en armas mucho más que Irán.

Por ejemplo, entre 1994 y 1999, el gasto militar de Emiratos Árabes Unidos, de 2,6 millones de habitantes, más de tres veces superior al de Irán, con una población de los 65 millones.

El agresivo armamentismo de los estados árabes contribuyó a la inseguridad de Irán. La tensión entre las dos orillas del Golfo aumentó, lo que debilitó la seguridad de la región.

Quince años más tarde, la influencia de Irán aumenta gracias a la eliminación, por parte de Washington, de los dos enemigos regionales de Teherán: el ex presidente iraquí Saddam Hussein (1979-2003) y el movimiento fundamentalista Talibán, que gobernó Afganistán entre 1996 y 2001.

Así, los países del Consejo de Cooperación del Golfo emergen debilitados en este nuevo panorama. Bajo el paraguas de seguridad de Estados Unidos, la región parece la Europa de entreguerras, desordenada y llena de incertidumbre e inestabilidad.

Más que eliminar la inseguridad, la ausencia de un acuerdo entre todos los países de la región la aumentó. Hoy, los estados árabes muestran el desgaste de la relación con un aliado del que no pueden prescindir, pero al que encuentran cada vez menos confiable.

La invasión a Iraq en marzo de 2003 alimentó aún más el sentimiento antiestadounidense en la región y puso a la alianza de seguridad de los regímenes árabes con el país norteamericano bajo una crítica interna intensificada.

Además, el peor escenario —un conflicto entre Estados Unidos e Irán que se extienda a los estados árabes— aún tiene una presencia dominante en las hipótesis de conflicto.

Combinado con la crítica de Washington sobre la falta de democracia en los países árabes, los intereses comunes entre el garante de la seguridad del Golfo y los supuestos benefactores de esa garantía ya no están claramente definidos.

Pese a esto, el gobierno de Bush busca convencer de nuevo a los países árabes del Golfo para que le compren armas con el fin de equilibrar el ascenso de Irán.

El subsecretario de Estado (vicecanciller) para el Control de Armas y la Seguridad Internacional, Robert Joseph, visitó Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahrein y Omán el mes pasado para vender la idea de expandir en la región un sofisticado sistema de defensa balística cuyo blanco sería Irán.

Mientras las fuerzas geopolíticas ponían en desventaja a los árabes, comenzaban a salir a la luz soluciones antes poco atractivas. Los líderes árabes rompieron recientemente con la tradición y manifestaron su apoyo al diseño de una arquitectura colectiva de seguridad regional que incluya a Irán.

Los árabes muestran cada vez más disgusto por la reticencia de Estados Unidos a dialogar directamente con Irán.

"¿Cómo puedo hallar una solución en ausencia de discusiones directas?", dijo este mes el vicecanciller de Omán, Sayyid Badr bin Hamad bin Hamoud al-Busaidi, a la agencia de noticias AFP. "El diálogo directo entre todas las partes es importante", enfatizó el funcionario.

En el Diálogo del Golfo celebrado en Bahrein en 2004, el canciller saudita Saud Al-Faisal declaró que había una necesidad urgente de "un esfuerzo colectivo hacia el desarrollo de un marco de trabajo nuevo y más sólido para la seguridad del Golfo".

Según el ministro saudita, el acuerdo de seguridad iría más allá de los estados del Consejo de Cooperación del Golfo e incluiría a "un Yemen próspero, un Iraq estable y un Irán amistoso", y sería apuntalado por garantías brindadas por la comunidad internacional en su totalidad, no únicamente por "la única superpotencia mundial".

En recientes reuniones diplomáticas informales en la región (denominadas Track-II y Track-1.5), funcionarios y expertos presionaron a representantes chinos para que asumieran un rol mayor en la seguridad del Golfo. Alegaron en ese sentido que Beijing es necesario para crear un equilibrio entre Washington y Teherán.

Los árabes creen que el significado geopolítico del Golfo se incrementará sustancialmente en las próximas décadas, a medida que la demanda de energía de China e India mantenga su acelerado ritmo de crecimiento.

Se prevé que para 2025 la región suministrará 32 por ciento del petróleo mundial, frente al 26 por ciento actual.

A medida que las economías asiáticas se vuelvan cada vez más dependientes del petróleo del Golfo, Japón e India se interesarán en proteger sus líneas de suministro de energía.

Aunque los gigantes asiáticos son reticentes a desafiar a Estados Unidos, es difícil prever que continúen dependiendo de ese país o de mecanismos regionales de seguridad como garantía para la estabilidad.

Consecuentemente, con o sin el consentimiento de Washington, las fuerzas geopolíticas han vuelto improbable que los asuntos de seguridad del Golfo sean únicamente prerrogativa de Estados Unidos. La pregunta es cómo reaccionará la potencia frente a estos acontecimientos.

El enfoque actual —de aumentar la carga de seguridad de Estados Unidos estableciendo bases militares en Iraq e insistiendo en un acuerdo con el que los árabes están cada vez más incómodos— corre el riesgo de ampliar la brecha entre Washington y los países árabes, alegan los críticos.

Un enfoque alternativo sería aplaudir la oportunidad de reducir la carga de seguridad de Washington en el Golfo y tomar la delantera en crear una arquitectura regional de seguridad "inclusiva".

Hasta aquí, el gobierno de Bush se mostró poco interesado en una solución de ese tipo, dado que eso requeriría la participación de Irán, un país con el que Estados Unidos rompió relaciones en 1980.

Pero con el anuncio del miércoles de que el gobierno estadounidense estaría dispuesto a participare a conversaciones multilaterales con los iraníes —aunque con precondiciones—, tal vez surja una oportunidad de abordar el futuro del Golfo también.

(*) Trita Parsi es autor de "Treacherous Triangle — The Secret Dealings of Iran, Israel and the United States" ("Triángulo traicionero: Las relaciones secretas de Irán, Israel y Estados Unidos"), a publicarse por Yale University Press en 2007.

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