AMBIENTE-CHINA: Clima aún hostil para activistas

Cuando dos ambientalistas chinos recibieron importantes reconocimientos internacionales a principios de este año, todo parecía indicar el comienzo de una nueva era en el movimiento verde de este país asiático.

Pero los activistas todavía corren grandes riesgos en sus campañas, enfrentando a compañías y a funcionarios de gobierno con grandes intereses creados.

Sus esfuerzos preservar los ecosistemas y recursos naturales son vistos como un estorbo a los planes de expansión industrial de China y a su carrera por más energía. Las campañas para crear conciencia sobre el rápido deterioro del ambiente deben resistir una fuerte presión, vigilancia y acoso oficial.

No obstante, con la ayuda de medios de prensa y algunos intelectuales, los activistas siguen exigiendo evaluaciones de impacto ambiental sobre grandes proyectos del Estado, presentando demandas contra fábricas contaminantes y luchando para que se detenga la construcción de represas multimillonarias.

En mayo, la revista estadounidense Time incluyó al ambientalista y escritor chino Ma Jun en su lista de 100 personas más influyentes del planeta. Un mes antes, el activista Yu Xiaogang había recibido el Premio Ambiental Goldman, por 125.000 dólares, considerado el "premio Nobel verde".
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"¿Por qué galardonar a un chino? En cierta medida, se trata de un reconocimiento del despertar ambiental en todo el país. El nuevo concepto de desarrollo científico, defendido por nuestros líderes, llegó a un punto de quiebre en China", dijo Yu al recibir la distinción.

Hay consenso en China de que el país se acerca día a día a una crisis ambiental. Beijing no logró cumplir siquiera la mitad de las metas ambientales que se fijó para el período 2000-2005, sobre todo debido a que los líderes dieron prioridad al crecimiento económico, admitió en abril la Agencia Estatal de Protección del Ambiente.

China tiene hoy a 16 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo. La mala calidad de los recursos hídricos afecta a por lo menos 70 por ciento de la población. Unos 320 millones de habitantes rurales, y 110 y de 600 ciudades sufren escasez de agua potable. A la contaminación del aire se le atribuye la muerte prematura de unos 400.000 chinos cada año.

Ma Jun, de 38 años, un ex periodista de investigación devenido en asesor ambiental, es uno de los activistas que ha trabajado más duro para despertar la conciencia sobre los problemas ecológicos chinos.

Es autor del libro "La crisis del agua de China", considerado el más completo análisis sobre el problema. Gracias a su fluido inglés y contactos con la prensa, se convirtió en la cara pública del movimiento verde chino.

Ahora de regreso en Beijing, Ma Jun está en proceso de establecer una oficina de consejería ecológica, el Instituto de Ambiente y Ciudadanos, con una ambiciosa agenda sobre estrategias modernas de protección ambiental.

"Tenemos entre nuestros objetivos denunciar a los más grandes contaminantes en una suerte de operación de 'nombrar y avergonzar'. Con nuestra base de datos, el público será capaz de conocer el origen de la contaminación y responsabilizar a los culpables", explicó el activista.

Poco a poco, el acceso a esta información crea conciencia y hace que más sectores del público demanden controles a la contaminación, aire limpie y agua potable.

Mientras, Yu Xiaogang lidera un creciente movimiento de base en las áreas rurales.

En 2001, fundó la organización no gubernamental Green Watershed, con sede en Kunming, capital de la sudoccidental provincia de Yunnan. Ese año, el grupo presentó un estudio sobre los costos sociales del desarrollo de la energía hidroeléctrica.

El informe, que detalla el impacto social de la represa de Manwan, sobre el río Mekong, fue entregado a los líderes del país en 2002 y obligó a Beijing a incrementar la compensación a las comunidades afectadas.

Posteriormente, Yu usó esa experiencia para instruir a comunidades locales sobre el impacto negativo de una serie de 13 represas proyectadas sobre el río Salween.

"Mi objetivo es apoyar a la población con conocimiento y ayudarla a participar en el proceso de toma de decisiones, no con sus pies y manos (en disturbios), sino con sus mentes", dijo Yu.

Gracias en parte a los esfuerzos de Green Watershed, ahora Beijing exige estudios de impacto social a los grandes proyectos hidroeléctricos.

El activista es vigilado por el gobierno desde que envió a representantes de las comunidades afectadas por las represas a un simposio de la Organización de las Naciones Unidas en Beijing.

"Ya no es anónimo. Es un conocido denunciante, y las autoridades locales lo vigilan a cada paso", dijo un amigo de Yu, que prefirió no dar su nombre.

Pero nada ilustra más los riesgos que corren los activistas que desafían las políticas oficiales que el caso de Fu Xiancai, defensor de los derechos de los desplazados por la construcción de la gigantesca represa de Tres Gargantas. Fu quedó paralítico tras ser atacado a golpes por desconocidos hace 10 días.

El activista había exigido a las autoridades una adecuada compensación para las cerca de un millón de personas desplazadas por la represa, la más grande del mundo.

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