TRABAJO-MALASIA: Vendedores ambulantes temen acoso municipal

La lluvia es a lo que Kadar Sultan, vendedor ambulante de la capital de Malasia, le teme más. En segundo lugar están las autoridades municipales, que lo hostigan por carecer de licencia para realizar su precario trabajo.

"Cuando vienen se llevan todo: el carro, los contenedores, el helado e incluso los bloques de hielo", señaló, subrayando su temor a perder su única forma de sustento por culpa de las brigadas de vigilancia del municipio, siempre detrás de comerciantes callejeros.

Kadar vende "chendol", una mezcla de hielo molido con frijoles cocidos, azúcar, leche y algunos condimentos. Se trata de un producto muy consumido en los días de calor. Por eso, cuando llueve, los ingresos de este vendedor disminuyen en forma significativa.

"En un buen día, puedo ganar 30 ringgit (ocho dólares). En un día de lluvia, nada. De hecho pierdo, porque tengo que tirar todos los ingredientes", explicó.

Kadar comparte una habitación con otros cuatro comerciantes ambulantes, y ninguno de ellos tiene refrigerador para guardar los productos no vendidos. "Es demasiado caro y, además, no podemos pagar electricidad", explicó.

Las autoridades municipales le requisaron por lo menos ocho veces sus pertenencias en 20 años de trabajo en las calles.

"Tenemos que pagar una multa de 300 ringgit (79 dólares) para recuperar el carro y los utensilios, y pagar una renta diaria para el alamacenaje del carro. A veces, los utensilios se pierden", señaló.

"Lo que más duele es perder los ingresos por lo menos durante un mes", añadió.

Existen unos 60.000 vendedores ambulantes en esta ciudad de dos millones de habitantes y, a diferencia de los que poseen comercios establecidos, llevan una vida muy precaria y carecen de protección social.

Las dificultades que afrontan los vendedores ambulantes en Asia sudoriental es uno de los temas centrales de los Seminarios Temáticos de la Organización Internacional del Trabajo sobre Economía Informal, que comenzaron el lunes en Bangkok y terminan este jueves.

Muchos trabajadores malasios de sueldos bajos perdieron sus empleos en la crisis financiera de 1998, y terminaron recurriendo a la venta ambulante.

Entre ellos está M. Parameswary, madre de cinco hijos. "Perdí mi trabajo en 1999 y salí a vender fruta cortada. Es una tarea difícil, porque demanda toda mi atención. Siempre temo que los funcionarios municipales me atrapen", señaló.

Conforme se acelera la urbanización de Malasia, más habitantes del sector rural llegan a las ciudades en busca de trabajo, y terminan por lo general como vendedores ambulantes.

La población urbana malasia pasó de 51 por ciento en 1991 a 62 por ciento en 2005. Se estima que 24 millones de malasios vivirán en centros urbanos en 2020. La población actual de este país asiático es de 23 millones de habitantes.

Kuala Lumpur sólo puede ofrecer empleo a entre 850.000 y un millón de personas, obligando a muchos a recurrir a la venta ambulante en las calles o a otras ocupaciones de bajos ingresos.

Según el Departamento de Estadísticas, cerca de ocho por ciento de la población de la capital vive debajo de la línea de pobreza, considerada en 519 ringgit (142 dólares) al mes, contra 0,5 por ciento en 1995.

Actualmente, la municipalidad apoya a 48.000 vendedores ambulantes con licencia. Estos trabajan principalmente en mercados y centros específicos para la venta callejera. Se estima que existe un número similar de comerciantes sin autorización.

La política oficial hacia estos trabajadores informales se ha caracterizado en los últimos años por el hostigamiento y la indiferencia a su problemática, pero ahora parece estar cambiando.

El gobierno los reconoce ahora como microempresas que proveen importantes servicios a otros habitantes urbanos pobres e incluso a la población de mayor ingreso. La facturación anual estimada de este sector informal es de 558 millones de dólares.

"Las exitosas microempresas no solamente rompen el ciclo de la pobreza para sus propias familias, sino que también crean oportunidades de empleo dentro de sus comunidades", dijo el alcalde de Kuala Lumpur, Ruslin Hassan.

"Hemos ayudado a los vendedores callejeros de alimentos disponiendo lugares al aire libre, pero también les exigimos las mínimas condiciones de higiene y reglas para la disposición de residuos", señaló.

"Preferimos que esta venta se haga en centros para comercio ambulante especialmente equipados con agua, electricidad y otras facilidades. Nuestro objetivo es lograr que los vendedores ambulantes trabajen en estos sitios. Es un proceso lento", añadió.

El primer ministro Abdulá Badawi hizo un llamado a legalizar a todos los vendedores ambulantes, como forma de combatir el creciente desempleo y la disparidad de ingresos en la población urbana.

"La pobreza urbana puede prevenirse si a los pobres se les ofrecen oportunidades de empleo", dijo Abdulá.

El primer ministro expresó su deseo de que los centros de venta ambulante sean "grandes, limpios y hermosos", llenos de espacios verdes.

"Permitirles a los pobres tener una vida decente ayudará a liberarlos de los grilletes de la pobreza", afirmó, e instó a las autoridades municipales a entregar licencias a estos trabajadores.

Ayudar a los pobres es una prioridad del plan económico quinquenal de Abdulá, lanzado en abril. Sin embargo, la conciencia sobre el papel de los vendedores ambulantes en la economía informal aún no es plena.

"Por lo general, los comerciantes callejeros son vistos como plagas por las autoridades y son acosados constantemente", señaló el secretario general del Partido Socialista de Malasia.

"La política oficial está diseñada para controlar, no para ayudar y regularizar. Varias reglamentaciones sobre salud, impuestos y tráfico han recaído sobre los vendedores sin que haya un correspondiente estudio previo sobre el impacto que tendrán en sus ingresos y en su condición de precariedad", sostuvo.

"Es importante formular políticas y medidas que respeten el humilde e importante lugar que ubican los vendedores ambulantes en el sistema de distribución y en la economía informal", añadió.

*Este artículo fue escrito para TerraViva, una publicación de IPS.

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