ISRAEL: Poco entusiasmo en EEUU ante retirada de Cisjordania

El primer ministro israelí Ehud Olmert no puede esperar una respuesta entusiasta de Estados Unidos a su propuesta de retirada unilateral del territorio palestino de Cisjordania, similar a la implementada el año pasado en Gaza por su antecesor, Ariel Sharon.

Olmert tal vez haya imaginado que su plan le haría ganar adeptos en Washington, capital que visita desde el domingo. Después de todo, Sharon recibió aplausos de todo el mundo por retirarse de Gaza y evacuar todos los asentamientos judíos de allí.

Pero no puede tener demasiadas expectativas, aunque es seguro que recibirá un cálido abrazo de sus anfitriones estadounidenses.

Cuando se reúna con el presidente George W. Bush este martes, encontrará un presidente asolado por problemas internos. Las encuestadoras advierten que su imagen no cesa de hundirse, y que está mucho más preocupado por Irán e Iraq que por el conflicto Israel-Palestina.

Bush tampoco quiere molestar a los europeos, que recomiendan a Israel no tomar más medidas unilaterales.
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Por ahora, el gobierno de Bush hace tiempo. Carece de fuerza para abordar un plan controvertido como el de Olmert, cuya implementación requerirá una considerable capacidad de maniobra política y diplomática para obtener suficiente respaldo internacional.

Por eso, antes de considerar nuevos pasos unilaterales israelíes, funcionarios estadounidenses hablan ahora de resucitar la "hoja de ruta" para la paz y de la necesidad de comprometer al presidente palestino Mahmoud Abbas en las negociaciones.

Olmert ve a Abbas como una causa perdida, mientras el gobierno de Bush aún esperan que el debilitado presidente palestino sea capaz de impedir que se desate el caos en Palestina, donde la tensión entre el gobernante Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) y el opositor Fatah están en su punto de ebullición.

Por ahora, Estados Unidos quiere concentrar sus energías en mantener la presión sobre el gobierno palestino encabezado por Hamas, en un intento por forzar al partido islámico a moderar sus posiciones antiisraelíes o, de lo contrario, precipitar nuevas elecciones.

Para eso requiere ayuda europea. Y los palestinos lograron convencer a los líderes de la Unión Europea de que otra retirada unilateral israelí sería contraproducente. Ellos quieren un acuerdo negociado.

Washington también está ansioso por mantener a los dirigentes europeos de su lado en su presión a Teherán para que ponga fin a su programa de desarrollo nuclear.

El potencial impacto regional de una retirada unilateral de Cisjordania (que liberará 91,5 por ciento de ese territorio, según diversas versiones) tampoco escapa al gobierno estadounidense, en especial por sus consecuencias en Jordania, uno de sus principales aliados árabes.

Amman teme que la retirada y la finalización de las obras del muro israelí alrededor de Cisjordania obliguen a la población palestina que trabaja en Israel a volcarse a Jordania en busca de ayuda.

Eso podría desestabilizar el reino hachemita, donde los palestinos constituyen una clara mayoría.

En una carta a Bush publicada la semana pasada, el rey Abdullah de Jordania, advirtió que una nueva acción unilateral por parte de Israel "tendrá repercusiones negativas sobre los palestinos y en los países árabes y musulmanes".

Cualquier deterioro de la situación palestina podría acarrear consecuencias adversas para la seguridad de su país, agregó Abdullah.

Olmert llega a Washington cuando Bush intenta desesperadamente hacer resurgir su decaída presidencia.

El presidente estadounidense se desploma en las encuestas, en medio de un agudo encarecimiento del combustible, manifestaciones por los derechos de los inmigrantes, escándalo en la comunidad de inteligencia y un empantanamiento de las tropas en Iraq.

No parece un momento muy propicio para pedir un fuerte respaldo estadounidense —político y financiero— hacia la implementación de un plan de retirada altamente complejo.

El primer ministro israelí tiene sus propias atribulaciones políticas. Ganó las elecciones nacionales el 28 de marzo, pero su centrista partido Kadima obtuvo apenas 29 escaños en un parlamento de 120, lo que tampoco implica la categórica aprobación de su plan de retirada, leit motiv de su campaña..

Los estadounidenses, plenamente concientes de esta vulnerabilidad, estarán entusiasmados de oír a Olmert formular los detalles de la posible retirada, pero no se comprometerán con ella.

En cambio, cuando Bush y Olmert se sienten a dialogar, es probable que el principal asunto de su agenda sea el programa nuclear de Irán y los esfuerzos para impedir que Teherán se abastezca de armas nucleares.

En la transcripción de una entrevista transmitida el domingo por la cadena de televisión CNN, el primer ministro israelí afirmó que Irán estaba a apenas unos meses de adquirir conocimiento tecnológico que lo volvería capaz de producir una bomba nuclear.

En esa misma entrevista, Olmert dejó entrever que no alberga muchas esperanzas de mantener negociaciones con los palestinos. Dijo que Abbas carecía de influencia política para hablar en nombre de su propio pueblo.

"Él no tiene poder. No puede hacer nada. Es incapaz de detener siquiera la actividad terrorista entre los palestinos", dijo el líder israelí, confirmando indirectamente su firme creencia en el unilateralismo.

"Así que, ¿cómo puede representar a ese gobierno en las negociaciones más cruciales, complejas y delicadas, en torno a las cuales hay tantas divisiones dentro de la comunidad palestina?", preguntó.

Por ahora, Estados Unidos está postergando el plan de retirada de Cisjordania.

Pero con Olmert dejando muy claros sus puntos de vista sobre el futuro de las conversaciones con los palestinos, y con Hamas sin querer participar en la mesa de negociaciones a corto plazo, el unilateralismo podría volver a instalarse en la agenda este año.

Olmert, que inicialmente esperaba aplausos en Washington por su plan de retirada, tuvo que bajar sus expectativas en torno a su visita.

Pero probablemente también recuerde que, cuando Ariel Sharon envió por primera vez a su principal asistente a Washington para plantear la idea de una retirada unilateral israelí de Gaza, la secretaria de Estado (canciller) Condoleezza Rice casi lo echó.

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