ECONOMÍA: Microcrédito, herramienta e inspiración

La Campaña Cumbre del Microcrédito, lanzada en 1997 por representantes de 137 países, confía en que esta modalidad de préstamo haya beneficiado a 100 millones de familias pobres al cabo de este año, ocho millones más que en 2004.

La campaña fue creada con el objetivo de que el microcrédito llegara a los más pobres, fortaleciera a las mujeres, contribuyera a construir instituciones financieramente autosuficientes y asegurara un impacto positivo y cuantificable en el desarrollo del Sur.

El año pasado, más de 92 millones de familias —la mayoría de ellas pobres— obtuvieron estos pequeños préstamos denominados microcréditos, lo que marcó un hito en los esfuerzos internacionales por el desarrollo, que demasiado a menudo resultan frustrados por objetivos perdidos y promesas incumplidas.

La Campaña Cumbre del Microcrédito destacó que esa cifra multiplica por siete veces los 13,5 millones de solicitantes de créditos contabilizados en el primer año de la campaña.

Ahora, la campaña realiza una nueva encuesta entre 3.100 instituciones de todo el mundo para constatar si se alcanzó la meta de los 100 millones de familias.
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"Fijamos este número porque queremos ver un incremento notorio en la cantidad de familias que encuentran una ruta digna para salir de la pobreza", dijo Sam Daley-Harris, director de la campaña.

"La mayoría de estos préstamos fueron destinados a indigentes, 66,6 millones de familias" que suman un total de 333 millones de miembros, agregó.

El fenómeno del microcrédito nació en los años 70 en Bangladesh, cuando el Banco Grameen comenzó a otorgar pequeños préstamos a personas demasiado pobres como para que los bancos convencionales les otorgaran un préstamo.

En teoría, el microcrédito da poder a quienes solicitan estos préstamos para escapar de la pobreza, brindándoles los medios para establecer pequeñas empresas. El préstamo, en general concedido sin garantías, es devuelto habitualmente en un periodo de entre seis meses y un año.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) consagró 2005 como Año Internacional del Microcrédito. El secretario general del foro mundial, Kofi Annan, señaló que "las microfinanzas han demostrado su valor en muchos países como arma contra la pobreza y el hambre".

Iftekhar Ahmed Chowdhury, embajador de Bangladesh en la ONU, coincidió con la valoración de Annan, al calificar el microcrédito de "importante instrumento para el alivio de la pobreza".

El informe también halló que 84 por ciento de los 66,6 millones de familias indigentes que recibieron microcréditos son encabezados por mujeres.

"Dar poder a las mujeres es crítico para reducir la pobreza mundial", dijo Daley-Harris. "Unos 29.000 niños mueren diariamente por malnutrición y enfermedades ampliamente prevenibles", y la perspectiva de género es crucial para frenar esa tendencia, según el activista.

Los microcréditos son utilizados para apoyar gran variedad de pequeñas empresas, que varían desde el descascarado de granos, los rickshaw (coches de alquiler a tracción humana, comunes en Asia) o los talleres de costura, hasta iniciativas más vinculadas con la tecnología, tales como la compra de teléfonos celulares.

Otras estrategias se combinan con el microcrédito para dar un apoyo real y duradero a los sectores más pobres de la población mundial.

"La mayoría de los programas de microfinanzas ya ofrecen cierta combinación de servicios a los clientes, como ahorros, entrenamiento, contactos y ayuda mutua. Estos programas pueden convertirse en poderosos vehículos para otros desarrollos sociales deseables."

Bangladesh es un buen ejemplo del rol del microcrédito en la reducción de la pobreza. Shahidur Khandker, investigador del Banco Mundial, estudió tres instituciones de microfinanzas de Bangladesh durante un periodo de 14 años.

"Khandker concluyó que las microfinanzas eran responsables de 40 por ciento de la reducción total de la pobreza moderada en el Bangladesh rural", señala el informe.

Un segundo estudio destacado en el documento es del Informe de Desarrollo Humano 2005, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, que compara a India con Bangladesh.

El informe demuestra que, a pesar del sorprendente crecimiento económico de India, Bangladesh la superó en cuanto a reducción de la mortalidad infantil. El informe también destaca el avance de Bangladesh en materia de asociaciones efectivas con la sociedad civil.

Aunque las microfinanzas propiciaron logros impresionantes, los contratiempos y desafíos todavía obstaculizan los avances. Por ejemplo, menos de uno por ciento de los fondos del Banco Mundial son destinados a microcréditos, lo que Daley-Harris calificó como "inaceptable para la conciencia".

"La demanda de servicios de microfinanzas permanece ampliamente incumplida, especialmente en África", afirmó Richard Weingarten, secretario ejecutivo del Fondo de Desarrollo Capital de la ONU.

El informe muestra que 90 por ciento de los receptores de microcréditos residen en Asia, y el resto se reparten por el resto del mundo.

Apenas 8,5 por ciento del mercado potencial africano es atendido actualmente, lo que deja a 91,5 por ciento de los pobres sin acceso a servicios financieros. En América Latina y el Caribe, sólo 11,6 por ciento está cubierto.

La campaña espera que se procesen mejoras en la Cumbre Global del Microcrédito que se celebrará del 12 al 15 de noviembre de 2006 en la sudoriental ciudad canadiense de Halifax.

Allí se sumarán dos nuevos objetivos: la concesión de microcréditos a 175 millones de las familias más pobres del mundo y el impulso real de los ingresos de 100 millones de esas familias.

Cuando esas cifras adquieren rostro humano, sus historias de triunfo, poder y dignidad son vistas como inspiración.

Susan Wangui creció en la Kenia rural y se vio obligada a abandonar la escuela cuando su familia no pudo pagar la matrícula. A los 17 años, quedó embarazada y fue expulsada de su hogar.

Se casó y tuvo una hija luego de mudarse a Nairobi, pero su esposo la abandonó cuando supieron que ella era portadora del virus del sida.

Sin medios para mantenerse a ella misma ni a sus hijos, Wangui se dedicó a la prostitución. Luego de enterarse de la existencia de una institución de microfinanzas en Nairobi, acudió a ella y abrió una empresa de venta y remiendos de vestimenta.

Pronto fue capaz de mudarse con su familia a una casa más segura, abandonar la prostitución y acceder a medicamentos contra el virus de inmunodeficiencia humana.

El progreso de la Campaña Cumbre del Microcrédito "representa una de las pocas veces en que una promesa de desarrollo considerable va a ser cumplida, y notoriamente cerca de lo programado", escribió David Bronstein en la nueva edición de su libro "El precio de un sueño".

La Cumbre del Microcrédito es un proyecto del Fondo Educativo Resultados, organización no gubernamental con sede en Washington.

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