MALASIA: A la espera de acciones contra la corrupción

El primer ministro de Malasia, Abdullah Badawi, inicia la segunda mitad de su periodo con la sensación de vaso medio vacío por la escasa investigación de actos de corrupción del periodo de su antecesor y mentor, Mahathir Mohamad.

Abdullah, de 65 años, llegó al gobierno con la promesa electoral de combatir la corrupción, promover la transparencia y reformar la venal e ineficiente fuerza policial.

Esta semana, el primer ministro comienza su tercer año en el cargo, y muchos malasios —tanto ciudadanos comunes como políticos opositores y activistas humanitarios— comienzan a preguntarse si esos compromisos se han cumplido.

La euforia con que la ciudadanía recibió el hablar suave y las promesas paternalistas de Abdullah se desvanece y abre espacio a la disconformidad.

Al gobierno aún le falta transparencia, la corrupción parece endémica y el abierto abuso de poder y la arrogancia de los funcionarios, entre ellos lo de la policía, continúan siendo cosa de todos los días.
[related_articles]
Las críticas se suavizaron el mes pasado por compasión hacia el primer ministro, cuando falleció su esposa durante 40 años, Endon Mahmood, por cáncer de seno.

Cuando la madre del gobernante, Kailan Hassan, murió cuatro meses después de iniciado el periodo, Abdullah lloró sin ocultarse junto a su tumba. Ahora, tras su más reciente pérdida, muchos se preguntan si tiene la presencia de ánimo para atender los grandes problemas políticos y económicos.

"Sin dudas, está devastado, pero también es un hombre profundamente religioso y saldrá de ésta. Su fe lo fortalecerá", dijo a IPS el director ejecutivo del Centro Estratégico de Investigaciones Malasias, Razak Baginda.

Abdullah tomó medidas contra la corrupción a comienzos de su gobierno, cuando postergó o redujo varios enormes proyectos de infraestructura iniciados por Mahathir, pero ese impulso parece haberse estancado.

La antes inerme Agencia Anticorrupción del gobierno persiguió a varios magnates y empresarios. Abdullah también cesó a Isa Samad, ministro y vicepresidente del partido gobernante, la Organización Nacional Malaya Unida, a quien se halló culpable de comprar votos.

Pero, por otra parte, el gobernante no implementó ninguna de las 125 recomendaciones de una Comisión Real establecida para reformar la policía.

"El primer ministro se ha dedicado más a la retórica que a la acción, pero lo que articuló hasta ahora merece aplauso. La campaña contra la corrupción ha sido lenta, aunque va en la dirección correcto", dijo el periodista S. Jayasankaran en una columna para el diario Singapore Business Times.

"La suspensión de megaproyectos, lamentada por el sector de la corrupción, es una medida de prolijidad económica", anotó Jayasankaran.

En las últimas semanas, Abdullah quedó en medio de un duro conflicto entre Mahathir y el ministro de Industria y Comercio Internacional, Rafidah Aziz, por los 60.000 permisos de importación de automóviles emitidos por esa cartera en 2004.

Mahatir advirtió que el flujo de automóviles surcoreanos baratos socavó a Proton, la fábrica nacional de vehículos a la que favoreció durante los 22 años de su gobierno. Las ventas de la compañía cayeron 40 por ciento el año pasado.

A pesar de que el grueso de los permisos favorecieron a tres personas, una de ellas ex funcionario del Ministerio de Industria, Abdullah se ha resistido a los pedidos de cese de Rafidah desde la oposición y el oficialismo, lo que dejó en dudas su compromiso contra la corrupción.

"El primer ministro no puede actuar como si fuera un espectador inocente. El público busca por su liderazgo, y si no actúa, parece estar concediendo inmunidad al ministro", advirtió el presidente de la asociación de profesionales Promuda, Don Rahim.

"Esperamos sinceramente que sus palabras puedan traducirse en acciones efectivas", agregó.

Para muchos opositores, Abdullah parece un estadista indeciso. "Habla el idioma de la reforma, pero las reformas se agotaron", dijo el secretario general del Partido Socialista de Malasia, S. Arulchelvam. "Las promesas siguen siendo impresionantes, aunque el rendimiento es desalentador."

Pero otros perciben en su aparente indecisión un matiz de estilo y hasta una estrategia sagaz, dirigida a derrotar gradualmente a los enemigos que se oponen a cualquier tipo de reforma.

"Muchos deseamos que los cambios sean más rápidos, dado que las fallas del sistema son obvias. De todos modos, esas fallas son viejas y están consolidadas, y, para ser justos, la complejidad de la política malasia enlentece cualquier intento de reforma", escribió Ooi Kee Beng, del Instituto de Estudios del Sudeste Asiático con sede en Singapur.

Pero en su tercer año, Abdullah "pondrá la tercera velocidad", pronosticó Ooi.

Otros no están dispuestos a pasar por alto esa lentitud, entre ellos Lim Guan Eng, secretario general del principal grupo opositor malasio, el Partido Acción Democrática. Para Lim, la Agencia Anticorrupción debería responder ante el parlamento y no ante el primer ministro, como hasta ahora.

El partido opositor también quiere abolir el sistema de cuotas raciales en beneficio de la mayoría malaya para el ingreso en las universidades, instaurando un sistema de méritos como medio de forjar la unidad nacional sobre la base de la democracia y la justicia.

Pero no es una tarea fácil, en momentos en que "Mahathir se despierta de su letargo para encender fuego debajo del gobierno de Abdullah", dijo a IPS el analista político P. Ramasamy.

El histórico líder malasio "quiere proteger su legado, y oprime todos los botones para que todo siga donde está", concluyó.

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe