FORO ECONÓMICO MUNDIAL: Cantos de sirenas a negociadores de Doha

El sistema multilateral de comercio ya inició la última etapa de su marcha hacia la sexta conferencia ministerial de la OMC, a realizarse en diciembre en Hong Kong, pero la ruta parece sembrada de distracciones que la alejan de su objetivo principal, que es el acuerdo de la Ronda de Doha.

Los debates sobre comercio que se desarrollaron hasta ahora en Davos, el centro turísticos suizo donde se celebra la cita anual del Foro Económico Mundial (FEM), mostraron que muchos protagonistas otorgan prioridad a temas colaterales, algunos de ellos que, como la idea de una cláusula social relacionada al comercio, parecían superados desde hace tiempo.

En realidad, el único discurso concentrado en la evolución de las negociaciones de Doha ha sido hasta ahora el pronunciamiento del director general de la OMC (Organización Mundial del Comercio), Supachai Panitchpakdi, que en septiembre termina su mandato.

Supachai dio señales de ejercer presión ante los 148 estados miembros de la organización para que apresuren las negociaciones con la mira puesta en la conclusión de los trabajos de Doha durante el 2006.

La Ronda de Doha, lanzada en la capital de Qatar en diciembre de 2001, arrastra atrasos e incumplimientos de plazos establecidos a causa principalmente de las diferencias que subsisten principalmente en las negociaciones del tema de agricultura.

Pero Supachai se mostró dispuesto a promover un cronograma que favorezca el cierre de la Ronda en 2006.

Por lo pronto, el 14 de febrero, cuando se reúna por primera vez en el año el Comité de Negociaciones Comerciales, el organismo que conduce las discusiones, Supachai espera que los miembros dirán "con valentía lo que esperan conseguir" de la conferencia de Hong Kong.

Todo el proceso de concertar las modalidades de las negociaciones de cada tema demandará por lo menos entre seis y nueve meses, e inclusive hasta un año.

Sin embargo, si los miembros pretenden establecer las modalidades del tema clave de agricultura, tendrán que progresar también en otras cuestiones, como las tarifas industriales, los servicios o las normas del comercio, advirtió el director general.

Por ese motivo, Supachai pretende que exista ya una primera "aproximación" de las modalidades a mediados de este año, antes de "las vacaciones de verano (boreal) en Europa".

El texto de las modalidades deberá resumir las condiciones generales de los acuerdos, dejando sólo librado al debate final los números de las concesiones que se otorgarán los países.

"En agricultura, por ejemplo, todavía no se mencionan cifras. Esa es la razón por la cual estoy presionando a los negociadores. Por lo menos debemos ver algunos números o aproximaciones de números antes de mediados del año", dijo.

Mientras, otros protagonistas de las negociaciones se distraen en aspectos secundarios, como un informe sobre el futuro de la OMC preparado por una junta consultiva designada por Supachai y presidida por el ex director de la organización, Peter Sutherland.

El informe de Sutherland, que sugiere un retorno del sistema multilateral a los principios básicos del neoliberalismo que dominaban sin rivales hace 10 años, cuando la OMC comenzó a funcionar.

El documento propone un fortalecimiento de la secretaria de la OMC, tanto en recursos como en poder y consideración por parte de los estados miembros.

Otro enfoque fundamental del informe arremete contra los acuerdos comerciales regionales, bilaterales o preferenciales que han proliferado en los últimos años. La evaluación estima que esos tratados socavan la liberalización sostenida por el sistema multilateral.

Durante uno de los debates del también llamado Foro de Davos, que se inició el miércoles y finalizará el domingo, el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Ignacio Walker, se alzó entre el público para refutar a Sutherlan y defender los acuerdos regionales y bilaterales.

A pesar de que los negociadores comerciales chilenos han sido considerados durante las últimas décadas como campeones del liberalismo, Walker sostuvo que los acuerdos regionales no son necesariamente contradictorios con el sistema multilateral que la OMC procura proteger.

Walker dijo que su país ha firmado numerosos convenios de ese tipo, que en el mundo ya abarcan a por lo menos 1.300 millones de personas.

La única voz frontalmente crítica de la OMC escuchada en los debates de Davos ha sido la del secretario general de la Federación Internacional de Trabadores Textiles, del Vestido y del Cuero, Neil Kearney.

El sindicalista lamentó los efectos que la finalización de los acuerdos comerciales sobre textiles, a fines del 2004, ha tenido sobre el empleo de millones de trabajadores de países en desarrollo.

Kearney afirmó que para prevenir esos fenómenos, la OMC debe incorporar "la dimensión social" al comercio. La idea, conocida hace una década como "la cláusula social", proponía supeditar los beneficios de la apertura de los mercados al cumplimiento de políticas laborales y sociales más justas.

Pero la iniciativa, impulsada por países europeos y Estados Unidos, fue desechada a causa del rechazo rotundo del mundo en desarrollo que temía enfrentarse a una nueva forma de proteccionismo de los países ricos.

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