CUBA: Huracán Charley arrasó con la leyenda de Cajío

La escultura del cacique Cajío, con los brazos cruzados y la mirada en alto, debe enfrentar el mar para cumplir su misión, proteger a este pequeño poblado marítimo del sur de Cuba. De las aguas llegó siempre el sustento para su gente, pero también la muerte.

”Cuando se le ha virado, ha sobrevenido la catástrofe. Así ocurrió en 1926 y 1944: el poblado fue destruido por ciclones. El huracán de 1944 provocó un ras de mar tan violento que literalmente barrió con la localidad”, cuenta Orlando Orihuela.

El historiador recuerda que en 1966 un vehículo derribó la estatua por accidente y, de inmediato, se desató una tormenta. A ésta siguió un incendio que consumió hasta la última casa. ”Puede que sea coincidencia. Puede que no”, dijo Orihuela.

Ahora, los habitantes de este poblado sobre la costa sur cubana del mismo nombre que el cacique, miran a la escultura en pie, sin un solo daño, y no entienden nada. El huracán Charley arrasó con Cajío a su paso por Cuba y también con su más venerada leyenda.

Charley entró a este país isleño del Caribe por un punto entre playa Cajío y playa Guanimar, al sur de La Habana, la madrugada del 13 de agosto. Además de las rachas de viento que alcanzaron más de 200 kilómetros por hora, el huracán empujó el mar tierra adentro.

Dos horas necesitó Charley para atravesar la isla caribeña de sur a norte y provocar un verdadero desastre en territorios de las provincias de La Habana y Ciudad de La Habana, donde viven unos tres millones de los 11,2 millones de cubanos.

Fuentes del Estado Mayor de la Defensa Civil reportaron cuatro personas muertas, cuatro lesionadas y más de 200.000 evacuadas por precaución. Más de 40.000 viviendas fueron afectadas y unas 1.000 totalmente destruidas.

”Cuando vi que el agua subía y subía, me di cuenta que no podía quedarme en la casa. Agarré la perra y salí nadando con ella por encima de la cerca del patio que tenía casi tres metros de altura”, relató a IPS Héctor Carmenate.

La población había sido evacuada. Carmenate y su hermano eran los únicos que permanecían en Cajío. Otro hombre, que también se había quedado para cuidar su casa, salió pedaleando su bicicleta a toda velocidad una hora antes.

”Como a las 11 de la noche, oí en la radio que el ciclón traía olas de tres y cuatro metros de altura, me monté en la bicicleta y no paré hasta llegar a casa de mi familia, a unos 14 kilómetros de aquí”, dijo.

Al regresar, encontró la casa dañada, pero en pie. Hasta el cerdito seguía vivo en la pocilga por lo que algunas personas empiezan a llamarlo ”el sobreviviente”. ”Ese animal no se lo come nadie, morirá de viejo”, juró su dueño.

Nadie sabe hasta dónde llegó el agua. Pero a unos tres kilómetros del poblado, sobre la carretera, puede verse el cascarón de lo que hasta hace poco debe haber sido un barco pesquero o de guardafronteras.

Sólo el mar pudo haberlo llevado hasta ese punto del camino. Los 14 kilómetros que separan Playa Cajío de la ciudad de Güira de Melena, principal urbe del municipio de igual nombre, muestran un paisaje desolador.

Arboles arrancados de raíz, postes de electricidad destrozados, cables caídos. Y el aire no huele a rocío ni a campo verde, huele a animal muerto y están ausentes hasta las auras tiñosas, las aves de rapiña más comunes en Cuba.

La entrada a Cajío es aún peor. El que llega por primera vez no puede creer que ya está en el poblado. En el lugar donde hace sólo unos días se levantaban unas 250 casas y vivían más de 300 familias, sólo hay ruinas.

Nada queda del paisaje que durante 25 años convocó a uno de los más antiguos concursos de artes plásticas de Cuba. Donde había una casa, sobrevivió un refrigerador. Los habitantes no recuerdan haber vivido algo igual.

”Todo es fango. Lo perdimos todo. No tenemos ni colchón, ni ropa, ni nada. Estamos durmiendo en el alambre (del bastidor de la cama) pelao”, dijo Marina Castel, habitante de una pequeña casita de madera, de las pocas que quedó en pie.

”De noche, sin ventilador y sin luz, los mosquitos te comen”, cuenta.

No hay electricidad ni agua. Las personas buscan y buscan cualquier cosa entre las ruinas para armar lo que puede quedarles de casa; otras recogen lo que encontraron para irse a vivir a un albergue o con algún amigo o familiar.

Nadie protesta. La gente anda triste, pasmada, sin saber qué hacer ni cómo reaccionar.

”El sentimiento de perdida es muy grande. Nada puede aliviar el dolor de llegar y verlo todo barrido”, dijo Mariela Méndez, una sicóloga que pasó su infancia en Cajío y desde hace unos 20 años vive y ejerce su profesión en La Habana.

En cuanto supo que el camino estaba desbloqueado, Méndez viajó para ver el lugar donde aún vive su hermana menor y varios amigos.

”Cajío siempre se ha evacuado cuando viene un ciclón. La gente saca sus cosas para Güira o las guarda en alto para evitar el daño de las inundaciones. Pero esta vez todo fue muy rápido y el mar tapó el pueblo”, afirma.

Las pérdidas fueron censadas: casas, colchones, equipos electrodomésticos, todo lo que su reposición dependa de una gestión del Estado. El cálculo de los daños está pendiente.

”Ya fue creado el puesto de mando y están asignados los recursos para reconstruir el pueblo completo”, aseguró a IPS Julio Días, presidente del Consejo de Defensa en la zona, un mecanismo que se activa en casos de desastres.

El gobierno propuso el traslado del asentamiento a un lugar más seguro, pero la mayoría de las personas estuvo en contra. ”Reconstruirán sus casas sobre los cimientos de la anterior. Ahora se están recogiendo los escombros”, explicó.

Cajío es uno de los asentamientos más antiguos de Cuba. Según Orihuela, la referencia documental más lejana data de noviembre de 1560. Seis años después era un punto de aprovisionamiento de naves españolas e intercambio comercial.

”La memoria colectiva y la tradición oral son ricas en conocimiento de especies acuáticas, construcción naval de pequeño formato, fabricación de artes de pesca, dominio de su territorio y situaciones naturales”, relata el historiador.

La comunidad siempre ha vivido de la pesca y no sabría qué hacer en otro lugar. Es así, a pesar de que por la crisis económica de la pasada década muchas personas emigraron y otras llegaron de lugares lejanos a ocupar sus casas y la costa.

En cualquier caso, las costumbres, la historia y la leyenda pasan de generación en generación y a cada nuevo vecino.

El cacique Cajío desapareció tras la muerte de su esposa Sibanacán.. Desde entonces se decía que estaba en todas partes, protegiendo el poblado y la costa. Pero esta vez falló. ”Confié en él y no llevé nada conmigo. Lo perdí todo”, dijo uno de los vecinos. (

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