IRAQ-EEUU: Sueño imperial se funde con la pesadilla

Los supuestos sobre los que se basa la alianza interna del gobernante Partido Republicano que domina la política exterior de Estados Unidos se han caído como un castillo de naipes.

La alianza está conformada por representantes de la maquinaria tradicional republicana —como el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa Donald Rumsfeld—, la Derecha Cristiana, a la que pertenece el fiscal general John Ashcroft, y los neoconservadores ubicados en oficinas clave del Pentágono y de la Casa Blanca

La coalición de halcones que resultó fortalecida tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 se basa sobre tres objetivos estratégicos básicos,pero peligra cuando faltan pocos meses para la contienda electoral entre el presidente George W. Bush y John F. Kerry, del Partido Demócrata.

Los neoconservadores y la Derecha Cristiana deseaban modificar el equilibrio de poder en Medio Oriente en favor de Israel, de modo de imponer a Palestina y Siria la paz en términos que no pusieran en peligro la hegemonía regional estadounidense.

Los estrategas orientados hacia la política internacional, denominados ”nacionalistas firmes” o Machtpolitikers, pretendían demostrar al mundo, en especial a países que supuestamente poseen armas de destrucción masiva, como Corea del Norte, que Estados Unidos podía tomar acciones militares preventivas contra ellos.
[related_articles]
También procuraban demostrar a cualquier potencial adversario que Washington podría intervenir en el Golfo para obstruir el suministro mundial de petróleo, como recordatorio a los gobiernos de lo indispensable que resulta mantener vínculos amistosos con Estados Unidos.

Los tres objetivos podrían alcanzarse invadiendo y transformando Iraq en un país árabe prooccidental, en lo posible democrático, según neoconservadores, la derecha cristiana y los Matchpolitikers.

Además, el dominio más o menos permanente sobre las bases militares iraquíes podría inscribirse en una red mundial amplia de instalaciones militares en el ”arco de crisis” que va desde Asia oriental hasta Africa occidental, pasando por Asia central, el Cáucaso, Arabia, el mar Mediterráneo y el Cuerno de Africa.

De ese modo, quedaría claro para todos que la posible ruptura de la hegemonía estadounidense sería económica y militarmente ruinosa.

Para alcanzar esos objetivos, Estados Unidos no solo debía invadir Iraq y remover a Saddam Hussein del poder, sino también ocupar el país de modo que no requiriera la presencia de demasiados soldados, que podrían ser desplazados a cualquier lugar del ”arco de crisis mundial” para custodiar la paz.

”La estrategia mundial dependía de la capacidad de trasladar fuerzas con rapidez, ganar también rápidamente y con fuerza abrumadora y salir del lugar. Cualquier conflicto u ocupación prolongados —como el que ahora vemos en Iraq— amenazaba toda la estructura, porque no tenemos tantas tropas”, dijo un funcionario estadounidense.

Por razones que serán debatidas por los historiadores, cientistas políticos y posiblemente psiquiatras, los halcones creían que los iraquíes no ofrecerían resistencia, unos por agradecimiento ante la ”liberación” y otros conmocionados por la demostración de poder militar.

Por lo tanto, planificaban retirar pronto las tropas, de modo que de los 160.000 soldados que invadieron Iraq quedaran la mitad en marzo de 2004 y apenas 30.000 a fines de año.

Los halcones se burlaban de los pronósticos de oficiales militares con experiencia en operaciones de paz, según los cuales se requerirían al menos 200.000 soldados por al menos dos años para estabilizar Iraq.

Además, esos expertos advertían que las fuerzas estadounidenses no serían recibidas como ”liberadoras”.

Hoy, 14 meses después, esos llamados de alerta demostraron ser certeros, y las predicciones de los halcones, totalmente infundadas. Lo peor de todo es que el gobierno no aprobó planes de contingencia, por lo que ha reaccionado del modo más incoherente imaginable.

A estas alturas de la ocupación, según el plan original, debía haber menos de 100.000 soldados estadounidenses en Iraq. Pero el jefe de operaciones militares del Comando Central, general John Abizaid, ha insistido en mantener al menos 136.000 este año y tal vez el próximo.

Eso significa que todos los soldados que supuestamente deberían estar prontos para desplegar en cualquier parte del mundo donde surgieran amenazas se encuentran hoy empantanados en Iraq.

”El factor más limitante hoy es el de los recursos humanos, que se están agotando”, dijo Chalmers Johnson, especialista en asuntos asiáticos de la Universidad de California en San Diego. Eso quedó aun más en evidencia esta semana.

Paul Sperry, de Hoover Institution, informó que el Departamento (ministerio) de Defensa lanzó un llamado masivo nacional a los 118.000 soldados de reserva que no hayan completado sus ocho años de contrato con el ejército.

Mientras, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ordenó el envío a Iraq de 3.600 soldados de la Segunda División de Infantería del Ejército hoy apostados en la frontera entre Corea del Sur y Corea del Norte.

”Estamos retirando nuestra fuerza disuasiva convencional en medio de una crisis nuclear con Corea del Norte”, advirtió un funcionario que prefirió no identificarse en declaraciones a la publicación Nelson Report.

”Movilizar a las reservas pasivas es probablemente lo último que pueden hacer antes de retractarse de posturas anteriores, llamar a reclutas o contratar extranjeros, pero el país realmente no puede darse esos lujos”, sostuvo Johnson.

Hasta ahora, el gobierno —presumiblemente, por razones políticas— rechazó esas tres posibilidades.

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe