AGRICULTURA-CANADA: Contradictorio fallo en favor de Monsanto

La Corte Suprema de Justicia de Canadá apoyó este viernes la patente de colza transgénica de la transnacional agrícola Monsanto, aun cuando se trate de semillas cultivadas sin conocimiento del agricultor, en este caso el demandado Percy Schmeiser.

La sentencia, resuelta por cinco votos contra cuatro, tendrá consecuencia en la agricultura mundial y dañará la capacidad de los países para proteger su biodiversidad, según activistas.

De todos modos, el tribunal falló también que Schmeiser no está obligado a pagar a Monsanto los costos judiciales, estimados en 200.000 dólares, y que puede conservar los 20.000 de ganancia de su cosecha de 1997, la que desató una batalla de seis años en la justicia.

”Pude salvar mi casa y mi hacienda”, dijo Schmeiser. Pero ”un granjero nunca debería perder su derecho a usar sus semillas de un año a otro”, lamentó, en conferencia de prensa, el agricultor de 73 años, hoy un icono de los activistas que defienden la biodiversidad agrícola.

El abogado de Schmeiser, Terry Zakreski, dijo que al defender la patente de Monsanto, el tribunal otorgó a la empresa control sobre el vegetal.

Pero la Corte Suprema de Justicia afirmó que las plantas son formas de vida superior, por lo que, de acuerdo con un fallo anterior, no pueden patentarse.

”Esta decisión parece contradictoria con aquella”, sostuvo Zakreski.

La investigadora agrícola de la Universidad de Guelph Ann Clark consideró que el fallo es ”bizarro”. ”Son los mismos jueces que dijeron en 2002 que las formas superiores de vida no deben patentarse”, sostuvo

El hecho de que Schmeiser no deba compensar los costos judiciales de Monsanto y la reñida votación del tribunal auguran más litigios sobre el asunto en el futuro, dijo Clark. ”Es una victoria débil” para la compañía, sostuvo la experta.

De todos modos, la sentencia es grave porque desconoce el derecho de los agricultores a guardar semillas, lo cual las convierte ”en un arma de opresión”, dijo Terry Boehm, del Sindicato Nacional de Granjeros de Canadá.

Todas las semillas naturales son resultado de miles de años de acopio y selección por parte de agricultores de todo el mundo, recordó Boehm. Permitir una patente de facto sobre esas semillas ”usurpa la historia entera” de ese cultivo, agregó.

Eso también significa que Monsanto deberá responsabilizarse de eventuales contaminaciones genéticas de semillas, sostuvo.

En su acusación, Monsanto aseguró que Schmeiser violó a sabiendas y deliberadamente los derechos de patente de Monsanto al sembrar, cosechar, almacenar y vender colza de la variedad RoundUp Ready sin pagar la licencia requerida.

Las praderas canadienses estuvieron hace millones de años en el fondo de un océano. Son muy llanas y el viento sopla con fuerza la mayoría del tiempo.

Estos vientos cargan grandes cantidades de semillas de colza del tamaño de la cabeza de un alfiler, e incluso plantas enteras luego de cosechadas.

Buena parte de los dos millones de hectáreas cultivados con colza están cubiertas de variedades transgénicas. Los genes patentados aparecen, sin mediar intervención humana, en plantas que crecen a lo largo de carreteras, en patios de escuelas, en parques y en campos baldíos.

Monsanto ”ya tienen responsabilidad por esa contaminación”, dijo Boehm.

Schmeiser dijo que su hacienda había resultado contaminada en años anteriores por polen de los campos de un vecino y por semillas caídas de camiones en su camino a una procesadora.

Los tribunales de primera y de segunda instancia sentenciaron que Schmeiser había violado los derechos de Monsanto cuando cosechó y vendió sus granos, sin importar cómo llegaron los genes manipulados a su hacienda.

”La Corte Suprema de Justicia ha sentado un 'standard' mundial en materia de protección de la propiedad intelectual. Esta sentencia mantiene a Canadá como una oportunidad de inversiones atractiva”, dijo el vicepresidente ejecutivo de Monsanto, Carl Casale.

”Esto es una mala noticia para los agricultores mexicanos, cuyas haciendas de maíz sufrieron contaminación genética”, dijo Silvia Ribeiro, de la filial mexicana de la organización ambientalista ETC.

Monsanto ya ha advertido a los agricultores del meridional estado de Chiapas que si son hallados en sus predios semillas transgénicas cultivadas ”ilegalmente” deberán afrontar multas y hasta cárcel.

”En el mundo de Monsanto, todos somos criminales a menos que el juez diga lo contrario”, dijo Ribeiro.

Clark sostuvo que probablemente todas las haciendas en el oeste de Canadá estén contaminadas con colza transgénica.

El caso de Schmeiser es consecuencia directa de la pobre regulación canadiense en materia de transgénicos. ”La propia contaminación era predecible apenas se cultivó el primer predio”, según Clark.

”La victoria de Monsanto será breve. La reacción contra los transgénicos se está fortaleciendo”, dijo Nadège Adam, del no gubernamental Consejo de los Canadienses.

Para muchos activistas y expertos, la victoria de Monsanto significa que los agricultores no estarán dispuestos a almacenar sus propias semillas, pues podrían contener trazas genéticas desarrolladas por la compañía e invisibles a simple vista.

Así, deberán comprarlas antes de cada siembra, lo cual reducirá la diversidad natural, al igual que el ”contagio” accidental de los genes patentados por Monsanto.

Esta transnacional con casa matriz en Estados Unidos, una de las principales fabricantes de productos químicos y agrícolas del mundo, creó mediante manipulación genética una variedad de colza resistente a RoundUp, un herbicida también desarrollado por la compañía.

Schmeiser asegura haberse limitado a guardar semillas de su cosecha de colza de 1997, como lo hizo durante medio siglo. Monsanto tomó muestras de colza de su hacienda al año siguiente, y detectó genes de la variedad patentada.

Al menos 500 granjeros en Canadá y en Estados Unidos han sido amenazados por Monsanto de demandas judiciales. La mayoría de esos agricultores han pagado lo que les exige la compañía y firman acuerdos de confidencialidad.

Monsanto ha ganado casi un centenar de demandas presentadas ante la justicia canadiense, con un promedio de pagos de 150.000 dólares para la empresa en cada uno de esos casos, indicó el dirigente canadiense.

Así, la compañía ”ha recaudado millones de dólares y quebrado a cantidad de granjeros”, añadió.

El gobierno nacional de Canadá se ha negado a apoyar la posición de Schmeiser, pero el de la provincia de Ontario lo apoyó.

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