SUDAN: Amenaza de golpe acalla diálogo de paz

El arresto de 10 oficiales del ejército de Sudán, acusados de conspirar contra el régimen del presidente Omar Hassan al Bashir, sembró esta semana incertidumbre sobre el diálogo con los rebeldes del sur y la sangrienta guerra civil en curso en la occidental región de Darfur.

Los militares, encabezados por un coronel, y el líder de la oposición radical islámica, Hassan Abdullah al Turabi, fueron detenidos en momentos en que el gobierno y el rebelde Ejército para la Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA) se aprestan a acordar en Kenia el fin de una guerra civil de 20 años.

A pesar de la preocupación que el hecho causa en Sudán, el SPLA no cree que un golpe o un cambio de régimen en Jartum ponga fin a las negociaciones. O al menos eso es lo que manifiesta en público.

”El proceso de paz es irreversible. Alcanzamos un punto en el que resulta imposible dar marcha atrás. Un puñado de golpistas no pueden revertir el proceso”, dijo a IPS el representante del SPLA en Africa austral, Barnabas Marial Benjamin, quien visitó Pretoria junto con otros tres dirigentes de la organización insurgente.

Benjamin se refería a Estados Unidos, Gran Bretaña y Noruega, que presionan por la firma de un acuerdo de paz tan pronto como sea posible.

”Un cambio de gobierno en Jartum no afectará los logros que ya hemos alcanzado en Kenia. Ya hemos firmado varios protocolos, como los refereridos a cómo compartiremos la pobreza y garantizaremos la seguridad”, explicó a IPS David Deng, del SPLA.

”Esto no cambiará. Nadie en el sur renegociará estos protocolos desde el comienzo”, añadió.

Más de dos millones de personas, la mayoría civiles, murieron desde que el SPLA tomó las armas para luchar por la autonomía e independencia del sur de Sudán en mayo de 1983, según organizaciones de derechos humanos.

El gobierno de Sudán es de corte islámico y está dominado por la mayoría árabe del norte del país. En el sur, en cambio, la mayoría de la población es negra y practica el cristianismo o religiones tradicionales africanas.

La policía detuvo el miércoles a Turabi, de 72 años, quien fue primer líder espiritual del régimen islámico y conduce ahora el Partido del Congreso Nacional.

Tres días antes habían sido arrestados los 10 oficiales del ejército que operaban en la occidental región de Darfur, donde dos organizaciones rebeldes lanzaron el año pasado una intensa guerra de guerrillas contra el gobierno..

Más de 5.000 personas, la mayoría negros, murieron y 900.000 debieron abandonar sus hogares, 110.000 de ellos rumbo a Chad, según la Organización de las Naciones Unidas.

El conflicto en Darfur, reino independiente anexado por Sudán en 1917, comenzó en los años 70 como una disputa étnica de baja intensidad entre nómades árabes y agricultores indígenas negros, aunque también musulmanes, sobre las tierras de pastoreo en esta región proclive a las sequías.

Pero la tensión evolucionó hacia una guerra civil el año pasado, cuando dos organizaciones rebeldes vinculadas entre sí, el Movimiento y Ejército para la Liberación de Sudán y el Movimiento Justicia y Equidad, atacaron instalaciones militares.

Se trataba de una reacción al continuo hostigamiento de las milicias progubernamentales Janjaweed y a la falta de inversiones en el desarrollo de la zona. Los insurgentes, además, temen que un acuerdo con el SPLA suponga la marginación definitiva de la población no árabe de Sudán.

La respuesta del gobierno fue un aumento del apoyo a los 20.000 janjaweed y una escalada de las ofensivas contra la población civil.

La organización de derechos humanos Human Rights Watch informó este viernes que civiles de las comunidades nativas fur, zaghawa y masaalit fueron masacrados, y que las Janjaweed ”rutinariamente han violado a mujeres y niñas, secuestrado a niños y saqueado decenas de miles de cabezas de ganado y otras propiedades”.

El mes pasado, Turabi, quien en los años 90 protegió en Sudán al líder de la red terrorista Al Qaeda, Osama bin Laden, criticó la política del gobierno en Darfur y exhortó al diálogo.

Para el dirigente islámico, los combates en esa región no deberían ser considerados fuera del contexto de las gestiones para poner fin al conflicto en el sur.

Turabi, considerado el cerebro del golpe de Estado islámico que abrió en 1989 paso a la presidencia de Bashir, ya había caído en desgracia y pasó tres años en la cárcel hasta ser liberado de su arresto domiciliario en octubre pasado.

”La única diferencia entre Ruanda y Darfur son los números”, dijo el coordinador de la ONU para asuntos humanitarios en Sudán, Mukesh Kapila, en referencia al genocidio en que murieron hasta un millón de tutsis y hutus moderados en Kinyarwanda, en 1994. Kapila se hallaba en Ruanda cuando ocurrió la masacre.

”Esto es más que un conflicto: es un intento organizado para acabar con un grupo de personas”, sostuvo el funcionario.

Human Rights Watch advirtió este viernes que el gobierno de Bashir es cómplice de los crímenes contra la humanidad cometidos por las milicias árabes en Darfur.

A pesar de los arrestos, algunas figuras procedentes del sur de Sudán son escépticos sobre la veracidad de las versiones oficiales respecto del supuesto intento de golpe de Estado.

”Nunca hubo un intento, en especial no uno dirigido por los oficiales militares de Darfur. Estos oficiales saben que no serán aceptados por todas las unidades del ejército a menos que haya norteños (árabes) involucrados”, dijo Elias Nyamlell Wakoson, profesor de Literatura del estadounidense Grayson College.

”Desde la escalada del conflicto armado en Darfur, la junta de Bashir debió haber puesto a todos los altos oficiales militares de la región bajo estricta vigilancia, incluidos aquellos que apoyan a Hassan Abdullah al Turabi”, agregó Wakoson en una declaración pública que divulgó esta semana.

El profesor universitario, originario del sur de Sudán, consideró que Jartum está buscando un pretexto para poner fin al diálogo de paz.

”El régimen de Bashir alcanzó un punto en que ya tuvo suficiente del SPLA y quiere bajarse del diálogo de paz mediante un golpe. Una vez que lo hagan, el sucesor del actual gobierno militar introducirá su propia agenda y exigirá al SPLA empezar de cero”, agregó.

En el ejército de Sudán hubo muestras de malestar por una cláusula acordada en el diálogo entre el gobierno y el SPLA, según la cual la población del sur tendrá derecho a decidir la secesión en referéndum tras un periodo de transición de seis años tras la firma del acuerdo de paz.

Egipto también ha manifestado preocupación por el uso del río Nilo, que fluye a través del sur de sudán desde el lago Victoria, en Africa oriental. Egipto debería competir por el uso del agua con países que se dividirán la naciente de esa arteria fluvial.

El ejército de Sudán ha intervenido en todas las disputas políticas ocurridas en el país, a través de golpes de Estado, desde que se independizó de Gran Bretaña en 1956.

(*) Con aportes de Jim Lobe, desde Washington.

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