JAPON-IRAQ: Colaboración peligrosa

La crisis de los rehenes japoneses en Iraq manifestó los riesgos del acercamiento cada vez mayor de Tokio a Washington, pero no parece haber menguado el apoyo popular a las políticas militaristas del primer ministro Junichiro Koizumi.

”Los secuestros enfrentaron a los partidarios del envío de las Fuerzas de Autodefensa (a Iraq) con aquellos que culpan a Koizumi por poner en peligro la vida de civiles en misiones humanitarias”, señaló Akira Kato, profesor de la Universidad Obirin.

Según Kato, el secuestro de civiles japoneses por un grupo de la resistencia iraquí obligará a Japón a revisar la conveniencia de su apoyo a la ocupación estadounidense de Iraq.

Los trabajadores humanitarios Noriaki Imai y Nahojo Takato y el periodista Soichiro Koriyama llegaron el domingo al aeropuerto de Osaka en un vuelo procedente de Dubai tras ser liberados el día 15 en Iraq luego de dos semanas de cautiverio.

Sus secuestradores, autodenominados Brigadas Muyahidin, habían amenazado con quemarlos vivos si Japón no retiraba sus tropas de Iraq.

La liberación se concretó luego de una semana de negociaciones entre los desesperados familiares de los rehenes y Koizumi. El primer ministro no cedió a las presiones de los secuestradores, pero igualmente se produjo la liberación. Otros dos rehenes japoneses fueron dejados en libertad el domingo.

Tras conocerse la noticia de los secuestros, miles de japoneses salieron a las calles para exigir a Koizumi que retirara de Iraq a las Fuerzas de Autodefensa. Los manifestantes acusaron al mandatario de actuar como títere de Washington al apoyar la invasión de Iraq, en contra de la tradición pacifista japonesa de posguerra.

”Los trabajadores humanitarios japoneses ya no están seguros debido a la política de Koizumi de apoyar ciegamente a Estados Unidos”, lamentó Reiko Inoue, del Centro de Recursos de Asia-Pacífico, una organización no gubernamental.

Por otra parte, el periódico Yomuiri, el de mayor circulación nacional, arguyó en un editorial el domingo que Japón tiene derecho a ser un país ”normal”, con sus propias fuerzas armadas y con un papel activo junto a Estados Unidos en conflictos internacionales.

Pero por el momento, la liberación de los rehenes japoneses parece haber fortalecido a Koizumi y a su propósito de reformar la Constitución de posguerra para poder asumir un papel militar activo en el exterior.

Una encuesta realizada por la red de televisión japonesa NHK reveló que la crisis de los rehenes no menguó el apoyo popular a Koizumi, que permanece en 48 por ciento, apenas un punto por debajo del respaldo previo a la crisis.

La misma encuesta indicó que casi la mitad de los japoneses son partidarios de reformar la Constitución para permitir que el país participe activamente en conflictos en el extranjero, aunque menos de 40 por ciento desea modificar la cláusula pacifista que restringe el papel militar de Japón.

”Pese a la solidaridad hacia los secuestrados, el punto de vista dominante es que, en aras del interés nacional, Japón debe respaldar a Estados Unidos. Después de todo, dependemos del poder militar de Washington para protegernos de un ataque extranjero”, señaló Kobayashi.

”Alentado por la liberación de los rehenes y el apoyo que ha ganado, Koizumi querrá aprovechar este momento y promover un papel activo para las Fuerzas de Autodefensa”, agregó.

Sin embargo, la mayoría de los japoneses recelan de la política exterior unilateralista de Estados Unidos, observó el analista Hidenori Itagaki.

”El episodio de los rehenes puso a los japoneses en una encrucijada”, sostuvo Itagaki en una entrevista, y concluyó que ”es necesario un autoanálisis sobre cómo entrar en la política internacional con más cuidado”.

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