ARABIA SAUDITA: La reforma tarda y no llega

Muchos en Arabia Saudita todavía esperan que el príncipe Abdulá bin Abdul Aziz Al Saud, jefe de gobierno y heredero de la corona, introduzca las reformas que prometió cuando tomó las riendas del reino en 1995. Otros muchos creen que éstas nunca llegarán.

Con aprobación de la familia real, se organizaron en Arabia Saudita en las últimas semanas varias conferencias de ”diálogo nacional”, en las que cientos de personas de todos los sectores de la sociedad debatieron sobre los cambios que quieren para el país.

Mientras, el gobierno se muestra poco propicio a cumplir con su promesa de promover transformaciones en este conservador país árabe, cuna del Islam. El mes pasado, las autoridades ordenaron la detención de media docena de conocidos activistas reformistas, y hasta ahora sólo algunos de ellos fueron liberados.

Esto convenció a muchos de que el príncipe no tiene ninguna intención de cumplir con sus promesas de imponer reformas institucionales como la convocatoria de elecciones libres, dar transparencia a las decisiones del gobierno y permitir la participación de las mujeres en la política.

El príncipe Abdulá aclaró que el ritmo de la reforma lo marcarán ”las normas sociales, políticas y culturales del país”.

El gobierno señala que una reforma apresurada podría causar inestabilidad y abrir la puerta para organizaciones terroristas como la red Al Qaeda, del líder saudita Osama bin Laden, que ya perpetró un atentado en Riyadh el año pasado, dejando más de 30 muertos.

El gobierno saudita comenzó, poco después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, un tímido proceso de reforma política y religiosa, sometido a las presiones contrapuestas de dos de los principales respaldos del trono: Washington y los conservadores clérigos musulmanes.

La tarea se torna difícil sobre todo debido a la influencia del wahabismo, rama del Islam a la que pertenecen 100 de los 1.000 millones de musulmanes del mundo, incluyendo a la propia familia real.

Bin Laden, autor intelectual de los atentados en Nueva York y Washington, es wahabita, al igual que los 19 suicidas que secuestraron los aviones utilizados para cometer los atentados. Quince de ellos eran sauditas.

Las reformas promovidas por la corona entraron en colisión con numerosos clérigos y con una nueva generación que parece dispuesta a restaurar la austera doctrina del Islam wahabita, que predica la interpretación literal del Corán y la instalación en la península Arábiga de un Estado conforme a sus principios.

El príncipe Abdulá exigió públicamente en 2002 a los clérigos musulmanes que diluyeran el tono antioccidental de su prédica, mientras el Ministerio de Asuntos Islámicos prohibió a los clérigos declarar la jihad (guerra santa), para lo que argumentó que se trata de una potestad exclusiva de la corona.

El gobierno parece esforzarse por dar a entender que la reforma está en marcha, pero que se debe actuar con cautela para evitar la reacción violenta de extremistas.

”El reino está comprometido con las reformas, pero éstas deben ser llevadas a cabo en el tiempo y en la forma apropiada, para no distorsionar la paz y estabilidad del país”, dijo el príncipe Abdulá durante un encuentro realizado en marzo con intelectuales.

No obstante, activistas piden una mayor participación de la sociedad en los cambios.

”Imaginemos que nosotros los sauditas vamos en un avión hacia cierto destino, pero no sabemos qué ruta toma el avión. Nadie diría que se detenga, pues nos estrellaríamos. Nadie diría que volviéramos al aeropuerto, pues queremos llegar al destino”, dijo el analista político Khaled Batarfi.

”Sólo queremos un poco más influencia en la ruta en que se toma y en la velocidad del viaje”, añadió.

Muchos sauditas se encuentran en un dilema. Por un lado, quieren que el gobierno realice una profunda reforma, pero por otro no quieren que ésta parezca el resultado de las presiones de Estados Unidos.

Pero incluso aquellos que creen en las promesas del gobierno, comienzan a perder la paciencia.

El editor del periódico reformista en inglés Arab News, Khaled Maeena, señaló que los cambios son necesarios por el bien de los sauditas, y no porque lo demanden gobiernos occidentales.

”Creo que deberíamos ir a nuestra propia velocidad, pero al mismo tiempo evaluarla. Si es lenta, deberíamos acelerarla, pero no debemos dejar ser presionados por Occidente. Tenemos que proteger nuestros propios intereses”, afirmó.

Maeena sostuvo que muchos sauditas dudan sobre la conveniencia de las reformas porque temen la influencia occidental en esta sociedad conservadora.

”Hay muchos entre nosotros con miedo al cambio, y afirman que tendremos más influencia extranjera si los hacemos. La influencia extranjera no vendrá porque la historia demuestra que, donde quiera que el Islam llegó, prevaleció. Prevaleció ante la cultura india, la cultura católica en España, y la cultura persa”, dijo Maeena.

”Los musulmanes vinieron del desierto, pero construyeron los jardines más hermosos del mundo. Cuando la lógica y la razón prevalecieron, entonces pudieron avanzar. Pero si ahora sentimos lástima de nosotros mismos y tememos una invasión cultural, nos estamos haciendo daño”, añadió.

Muchos creen que en realidad el gobierno saudita no tiene ninguna pretensión de cambiar.

El politólogo Moshen Awaji, quien estuvo en prisión por liderar actividades de oposición al gobierno, dijo que ”el tren de la reforma ya abandonó la estación”, pero advirtió que la familia real hará todo lo que esté a su alcance para detenerlo.

El príncipe Abdulá había prometido que el país convocaría elecciones en octubre para elegir a la mitad de los miembros de los consejos regionales.

”Las elecciones municipales serán el comienzo de la participación de los ciudadanos sauditas en el sistema político”, dijo el príncipe en una sesión del Consejo Shura, la asamblea consultiva.

Por su parte, el príncipe Saud Al Faisal, a cargo de la cancillería, dijo que ”Arabia Saudita llegó a una etapa de desarrollo en la que se necesita ampliar la participación política”.

Los reformistas esperan que esto sea el primer paso hacia la realización de elecciones generales, con la participación de mujeres, quien aun no tienen derecho a voto.

Awaji dijo que si el gobierno de verdad estuviera interesado en convocar elecciones, ya hubiera preparado a la población para el proceso.

”Una elección requiere que se prepare a la población para gobernar”, señaló. (

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