POLITICA-BRASIL: Es la economía, estúpido

Terminó la luna de miel entre el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y la opinión pública de Brasil, y las razones son económicas, apuntan las últimas encuestas.

El desempleo responde por ”80 por ciento de la pérdida de popularidad” del gobierno, aseguró el politólogo Ricardo Guedes, al comentar los resultados divulgados este lunes de la encuesta que el Instituto Sensus, bajo su dirección, realiza mensualmente para la Confederación Nacional de Transportes (CNT).

Con todo, el gobierno obtuvo la aprobación de 34,6 por ciento, contra una evaluación negativa de 19,4 por ciento de los 2.000 entrevistados la semana pasada en 195 municipios brasileños. Pero fue la mayor caída mensual de respuestas positivas, de 5,3 puntos porcentuales, desde el inicio del actual gobierno en enero de 2003.

Lula mantiene popularidad, pero su imagen también cae más aceleradamente. Su aprobación inicial, de 83,6 por ciento, se mantuvo todo 2003 para caer a 69,9 por ciento en diciembre. En lo que va de este año ya bajó a 59,6 por ciento.

Otra encuesta, de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), divulgada el viernes, indicó un deterioro de mayor impacto, pues es trimestral. De diciembre a marzo la confianza en Lula cayó de 69 a 60 por ciento, mientras su gobierno acusó un declive de 66 a 54 por ciento.

Algunos analistas y la prensa atribuyen este efecto al escándalo de corrupción desatado el 13 de febrero, que paralizó al gobierno al poner bajo sospecha el ministro José Dirceu, brazo derecho político de Lula como jefe de la Casa Civil de la Presidencia, un cargo equiparable al de jefe de gabinete.

La revisa Isto É difundió un vídeo en que un funcionario de la confianza de Dirceu, Waldomiro Diniz, aparecía negociando dinero sucio con un empresario de juegos de azar, supuestamente para financiar campañas electorales del gobernante e izquierdista Partido de los Trabajadores (PT).

Diniz fue destituido y el caso está en manos de la justicia, pero el oficialismo ha bloqueado una investigación parlamentaria amplia sobre el caso.

Sin embargo, las encuestas señalan algo diferente: la mayoría de los entrevistados no tuvo siquiera conocimiento del escándalo y la percepción sobre corrupción en el gobierno de Lula casi no varió en los últimos meses. Esa percepción se mantiene igual que ante gobiernos anteriores: 51,3 por ciento, según el Instituto Sensus

Lo nuevo es que, por primera vez, una mayoría de 46 por ciento de consultados condenó la política económica vigente, contra 40 por ciento de aprobación, en la encuesta de CNI.

Opiniones más contundentes, que suman 58 por ciento del total, apuntan al crecimiento económico y la generación de empleos como principal tarea inmediata del gobierno.

Los sondeos reforzaron los análisis que ven a la economía como origen de los principales problemas del gobierno del PT. Los reclamos por cambios en la gestión económica se generalizaron últimamente, y han contaminado incluso a la dirección nacional del partido.

Fue el ”inmovilismo” del gobierno que encumbró la repercusión del ”escándalo Diniz” y no al revés, evaluó el senador del PT Cristovam Buarque, ministro de Educación hasta enero.

Buarque, respetado como gran promotor de la educación, perdió el Ministerio después de molestar reiteradamente a Lula con pedidos públicos de más recursos para su cartera.

La contención de los gastos gubernamentales, para alcanzar el superávit fiscal primario acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), de 4,25 por ciento del producto interno bruto (PBI), somete a una dieta de hambre las inversiones estatales, lo que impide el crecimiento, según comentarios cada vez más sonoros de economistas y empresarios.

Pero las críticas más insistentes tienen como blanco las altas tasas de interés del Banco Central, que viene frustrando a los empresarios industriales desde el segundo trimestre del año pasado.

La frustración alcanzó el ápice en enero, cuando la autoridad monetaria interrumpió la reducción gradual de los intereses básicos, contra todas las expectativas, con una justificación alarmante sobre presiones inflacionarias que los expertos consideraban transitorias y restrictivas para algunas actividades.

El anuncio de que el PIB retrocedió 0,2 por ciento en 2003 confirmó las evaluaciones de que el Banco Central exageró en su conservadora política monetaria, trabando la actividad económica. A mediados del año pasado, Lula había previsto un ”espectáculo del crecimiento” a partir del segundo semestre.

La tasa básica de interés, de 25,5 por ciento en enero de 2003, bajó gradualmente a partir de junio, hasta 16,50 por ciento en diciembre. Solo este mes se volvió a reducirla, a 16,25 por ciento.

Con la economía en recesión, desempleo abierto de 12 por ciento y caída de los salarios, no se justifica combatir la inflación con altos intereses, ya que el consumo está en baja, dicen las críticas redobladas de muchos economistas.

Algunos lamentan que el Banco Central perdiera la oportunidad de bajar su tasa de interés, entre las más elevadas del mundo hace más de diez años, en el actual período de alta liquidez y de bajísimos intereses en los países industrializados, de sólo uno por ciento en Estados Unidos.

Pese a las presiones, tanto Lula como el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, y el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, descartaron cambios en la orientación económica, asegurando que este año el PIB crecerá 3,5 por ciento.

”No hay crisis política” y en la economía hace mucho Brasil no vive ”un momento de optimismo como el actual”, dijo Lula este lunes.

Hay un brote de ”autismo alarmante”, diagnosticó el domingo el periodista Clovis Rossi, del diario Folha de Sao Paulo, al comentar la distancia entre la realidad y las declaraciones de los gobernantes, después de que Lula atribuyó a sectores ”conservadores” un intento de fomentar una crisis en el gobierno.

Archivado en:

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe