DROGAS-ASIA: Auge del tráfico en frontera chino-birmana

Dos jóvenes musulmanes birmanos visten ropa a la moda, lentes de sol Ray-Ban y pulseras doradas en el mercado de esta localidad china, cerca de la frontera con Birmania. Se dedican al tráfico de drogas.

Alrededor de ellos, chinos y otros birmanos muestran con disimulo piezas de jade envueltos en tela.

En una esquina del bullicioso mercado, otro birmano musulmán de más de 30 años llamado Bushi se sienta en su pequeña frutería.

Hace algunos meses, él era uno traficante de drogas como aquellos. Pero el año pasado perdió casi todos sus bienes. Ahora no tiene amigos ni dinero. ”Nadie quiere hablar conmigo. Soy un 'hkali'”, dijo. En el dialecto de los musulmanes birmanos, hkali significa cero, nada.

La familia de Bushi es originaria del occidental estado birmano de Arakan, se mudó a Rangún hace tres decenios y a China hace 13 años. Se ha dedicado al tráfico de heroína birmana durante un lustro, pero dejó la actividad luego de sufrir grandes pérdidas económicas.

Hasta 2003, era un respetado líder de la comunidad islámica de Ruili, que tiene influencia sobre los musulmanes de la provincia china de Xinjiang.

Entonces, Bushi tenía docenas de ayudantes. ”Sé que la heroína mata”, dijo, pero entonces no tenía alternativa. ”No quiero ese infierno.” nunca más

El área occidental de la frontera china con Birmania es hoy el principal punto de tránsito para la heroína, y varios traficantes birmanos y musulmanes se hicieron cargo del negocio de introducir la droga a China.

El destino del producto es el mercado local, pero también se han detectado embarques al exterior.

Muchos de los 1.000 integrantes de la comunidad en Riuli migraron a China a causa de la discriminación económica y política a la que los somete el régimen birmano. Ochenta y nueve por ciento de los 50 millones de habitantes son budistas.

La mayoría de los musulmanes birmanos viven en el occidente de Arakan, en la frontera con Bangladesh, y la dictadura militar restringe sus derechos a casarse y a tener hijos.

Bushi se dedicó al llegar a Ruili al comercio de piezas de jade, pero pronto se dio cuenta de que vender drogas era un medio más rápido de enriquecerse. Según él, casi la mitad de los musulmanes del poblado trabajan en eso.

Traficar heroína y utilizar dinero mal habido está prohibido por el Islam, admitió Bushi. Pero eso no impidió que muchos comerciantes de jade musulmanes se volcaran a la amapola (adormidera, planta de la que se extraen el opio, la morfina y la heroína) en el último decenio.

De todos modos, cuanto mayor la ganancia, mayor el riesgo. ”Solo unos pocos se benefician con el narcotráfico, y muchos están en la cárcel”, dijo.

Bushi nunca fue arrestado, pero algunos de sus colaboradores cayeron el año pasado por posesión de heroína. De todos modos, él nunca tuvo problemas para llevar droga a Kunming, capital de la sudoccidental provincia china de Yunnan.

Lo hacía de muchas maneras: algunos de sus ayudantes la llevaban en tarros de leche, otros se los introducían en el recto o en la vagina en el caso de las mujeres. Pero Bushi sabía que su suerte podía terminarse. ”Hasta el gran jefe es arrestado algún día”, agregó.

Unos pocos traficantes se enriquecen y permanecen en la actividad, y muchos son condenados a largas penas de prisión y hasta a la muerte. Aun así, la tentación suele ser irresistible. Funcionarios chinos y birmanos facilitan la tarea a cambio de sobornos, según los expertos.

Los residentes de Ruili llaman a los traficantes de heroína ”kya kya kala”. La fórmula ”kya kya” significa, en el argot del poblado, heroína. Y el término ”kala” denomina, en birmania, a los occidentales o indios.

Algunos ex traficantess colaboran hoy con las autoridades. Uno de ellos es el birmano Kyaw Hein, quien dejó la actividad cuando su cuñado cayó preso con gran cantidad de heroína. Sus conocimientos le abrieron una puerta en la policía.

Hoy, Kyaw sigue viviendo del dinero del narcotráfico, pero por cobrar 20 por ciento del dinero que requisan los agentes gracias a la información que él les aporta.

Las autoridades tratan de contener el consumo de drogas, que se elevó en la frontera tras la apertura comercial iniciada en los años 80.

Un día cualquiera, Kyaw vagará por el pueblo, jugará a los naipes y conversará con amigos. Unos pocos saben que es un informante, pero él conoce a todos los que trabajan en el tráfico de heroína.

El prefiere su actual ocupación al tráfico, pues es más ”seguro”, pero sabe que se arriesga a que sus amigos tomen represalias contra él. ”Sé que algún día me sonará la marcha fúnebre, pero no tengo miedo”, dijo.

El trabajo de Kyaw incluye vigilar los lugares por donde pasa la droga. La heroína, dice, viene de Muse, un pueblo vecino del lado birmano, y luego se dirige a Kunming o Ruili, y de allí a toda el área.

Pero aun los traficantes en actividad ignoran hacia dónde se dirige la droga más allá de Kunming, si bien calculan que puede ingresar en el mercado internacional por varias rutas.

Más de media tonelada de heroína rumbo a Kunming fue capturada en las afueras de Ruili en abril de 2003, la mayor requisa del último año.

La revista especializada en asuntos de defensa Jane's Intelligence Review considera que la heroína birmana alcanza el este de China y Hong Kong, para ser finalmente exportada a Asia sudoriental, Australia y América del Norte.

Casi 200 musulmanes birmanos están en cárceles de China, según calculan Bushi y Kyaw. La ley china establece la pena de muerte para los narcotraficantes. Pero los ciudadanos birmanos se libran de esa condena por razones legales, y lo máximo que pueden sufrir son 15 años de cárcel.

Algunos traficantes sobornan a la policía y sólo pasan unos meses, o eluden la prisión, agregaron.

(*) Naw Seng, periodista de la revista tailandesa Irrawaddy, escribió este informe para el programa ”Nuestro Mekong: una visión entre la globalización”, de IPS y la Fundación Rockefeller.

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