El uso de minas antipersonales en el mundo cayó dramáticamente el año pasado, así como la cantidad de muertes a causa de esas armas, informó este martes la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Terrestres (ICBL, por sus siglas en inglés).
El progreso en esa cuestión ”se mantiene en firme avance”, afirmó en una conferencia de prensa en Washington la activista Jodie Williams, fundadora de la ICBL y ganadora en 1997 del premio Nobel de la Paz por su trabajo al frente de esa coalición de más de 1.400 organizaciones no gubernamentales (ONG).
Las buenas noticias comunicadas por Williams incluyeron el descenso de la cantidad de países que usan minas antipersonales, la firma del tratado contra esas armas por parte de 12 países, y su ratificación parlamentaria por otros 10.
El nombre oficial del tratado, que ha sido ratificado por 136 países desde que se aprobó en 1997, es Convención sobre la Prohibición del Empleo, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersonal y sobre su Destrucción.
Estados Unidos no produjo ni instaló minas antipersonales en 2002, pero tampoco se comprometió a prohibir su uso, señaló Stephen Goose, director ejecutivo de la división de armas de la ONG humanitaria Human Rights Watch, que coordina la ICBL y es una de las principales responsables de su informe anual.
El Congreso estadounidense no ha ratificado el tratado, y la política de Washington en materia de minas antipersonales está actualmente en un periodo de ”revisión gubernamental” que comenzó en 2001 y cuyo fin se anunció para este año.
Belarús y Afganistán fueron dos de los países que firmaron la Convención este año.
El gobierno afgano aún trata de imponer su autoridad en todo el territorio de una de las naciones más minadas del mundo, y ha sido uno de los mayores receptores de asistencia para erradicación y destrucción de minas y para otras actividades tendientes al cese de su uso.
Belarús fue el último firmante, el 3 de este mes, y su decisión es especialmente importante porque se trata del sexto país del mundo en cantidad de minas antipersonales almacenadas, que ahora deberá destruir, y porque está en ”una región de repúblicas ex soviéticas que ha sido un punto débil” de la campaña, explicó Goose.
La ICBL identificó en su informe significativas disminuciones del uso de minas antipersonales por parte de fuerzas armadas gubernamentales y no gubernamentales.
El estudio será presentado en la reunión anual de firmantes de la Convención, que comenzará el 15 de este mes en Bangkok.
”El número de gobiernos y grupos insurgentes que usan minas antipersonales ha continuado en descenso. En la actualidad, sólo las colocan en forma habitual dos países: Myanmar (Birmania) y Rusia”, informó la activista Mary Wareham, de Human Rights Watch.
El único país que empezó a usar ese tipo de armas el año pasado fue Iraq, mientras era invadido por la coalición encabezada por Estados Unidos que ocupa ese país en la actualidad.
También se ha registrado ”un decrecimiento del uso por parte de actores no estatales”, salvo insurgentes de Colombia y Nepal, indicó Goose.
La oferta mundial de minas antipersonales cayó en forma tremenda, y al fin de 2002 sólo quedaban 15 países productores, muchos de los cuales tenían capacidad de manufactura pero no la empleaban.
El número mundial de víctimas fue 26.000 en 2001, y cayó en 2002 a una cantidad entre 15.000 y 20.000.
Otro avance positivo fue el 30 por ciento de aumento respecto del año anterior de los fondos aplicados para la acción mundial antiminas, a 309 millones de dólares.
”El aumento es muy bienvenido, pero no adecuado. Del incremento, dos tercios se dirigieron a Afganistán y la mitad procedió de Japón”, dijo Goose.
Se requerirá más dinero para ayudar a los países firmantes a cumplir con las obligaciones establecidas por el tratado, entre ellas destruir los arsenales en un plazo de cuatro años y remover las minas en sus territorios en un decenio, indicó la activista Sara Sekkens, de la organización noruega People's Aid.
”Por desgracia, los informes actuales muestran que será necesario aun un mayor aumento del financiamiento de la acción antiminas, así como una mayor relación costo-eficiencia, para permitir a los países parte cumplir con las metas en los plazos”, dijo Sekkens.
Hasta ahora, agregó, ”el cumplimiento de los plazos para la destrucción total de los depósitos ha sido excelente”, pero los avances podrían frenarse si no se aumenta el financiamiento.
Aunque los fondos totales aumentaron en 2002, el informe indicó que los aportes de varios grandes donantes, incluido Washington, cayeron.
”Aunque Estados Unidos es aún el mayor contribuyente a los fondos de acción antiminas, su aporte se redujo significativamente en los últimos dos años”, dijo Goose.
El informe de ICBL también lamenta la persistente negativa de Estados Unidos a ratificar el tratado.
Goose dijo a la prensa que, aunque Washington está, de hecho, cumpliendo el tratado —no ha usado minas en Iraq ni en Afganistán— , no lo ratifica a pesar de ”las muy intensas actividades de organizaciones no gubernamentales y de gobiernos prohibicionistas”.
Estados Unidos ”ha hecho muchas cosas acertadas” y ”en algún punto eliminará las minas: la cuestión es cuán rápido lo haga”, agregó.
ICBL pronosticó que Washington ratificará el tratado para 2006.
Williams atribuyó la reticencia de Estados Unidos a ratificar el convenio es la resistencia dentro del Departamento (ministerio) de Defensa.
Los militares no desean renunciar a ningún sistemas de armas en respuesta a preocupaciones de la sociedad civil por temor a que eso tenga un ”efecto de bola de nieve” en otros sistemas, dijo.
De todos modos, Estados Unidos sigue siendo uno de los principales poseedores de minas, y, junto con China, India, Pakistán y Rusia, figura entre los principales no firmantes del tratado.


